El terremoto de magnitud 7,4 en Colombia deja ya 224 muertos

La Voz REDACCIÓN / AGENCIAS

INTERNACIONAL

Personas trabajan en labores de rescate en una edificación colapsada por el terremoto en Colombia.
Personas trabajan en labores de rescate en una edificación colapsada por el terremoto en Colombia. ERNESTO GUZMAN JR | EFE

Exteriores informa de 164 españoles en paradero desconocido, pero sin constancia de heridos o fallecidos

11 ago 2026 . Actualizado a las 15:08 h.

El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió este lunes buena parte de Colombia y ha dejado al menos 224 fallecidos, tiene un origen tectónico distinto al de los sismos registrados recientemente en Venezuela, pese a que ambos alcanzaron magnitudes similares, explicó a Efe Viviana Dionisio, sismóloga de la Red Sismológica Nacional de Colombia. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, ha informado este martes de la existencia de 164 españoles en paradero desconocido tras el terremoto, pero sin constancia de heridos o fallecidos, pero sin constancia de heridos o fallecidos

El movimiento telúrico tuvo como epicentro San José del Palmar, en el departamento del Chocó (oeste), en límites con los departamentos de Risaralda y Valle del Cauca, a 103 kilómetros de profundidad, lo que lo convierte en un sismo de «profundidad intermedia» y explica, en parte, que sus efectos se hayan sentido en una amplia zona del país, donde causó al menos 164 muertos.«Fue un sismo tectónico asociado principalmente a un mecanismo de subducción», señaló Dionisio, quien explicó que Colombia está asentada sobre la placa Sudamericana, en el océano Atlántico.

El fenómeno de subducción ocurre cuando la placa de Nazca, en el océano Pacífico, se mete debajo de la placa Sudamericana, lo que provoca una acumulación de energía en el contacto entre ambas y puede ocasionar terremotos de gran magnitud, como los registrados históricamente en países situados en el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico. «Cuando una placa tectónica se está metiendo debajo de otra se dice que es un sismo de subducción. Entonces se producen, en general, en las costas», explicó la sismóloga, quien comparó el terremoto colombiano con grandes sismos ocurridos en Chile, Japón y Ecuador. En cambio, los terremotos registrados en Venezuela, que dejaron más de 6.300 muertos, responden a otro mecanismo y no están directamente conectados con el ocurrido en Colombia, pese a que fueron de una magnitud similar, de 7,2 y 7,4.

Según Dionisio, el caso del país vecino fue consecuencia de una interacción entre la placa Caribe y la Sudamericana, mediante un movimiento lateral. «Los sismos de Venezuela son sismos más superficiales y tienen que ver con otro mecanismo, que es un mecanismo de rumbo. Este es un sismo más profundo, que es un sismo de subducción», enfatizó Dionisio.

164 españoles en paradero desconocido

El ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, ha informado este martes de que su departamento tiene contabilizadas a 164 personas de nacionalidad española desaparecidas en Colombia tras el terremoto. Así lo ha dicho el ministro en la rueda de prensa que ha ofrecido en Ceuta tras entrevistarse con el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, donde ha detallado que desde los servicios consulares ha podido establecer contacto con todos los españoles que saben que están en Colombia, salvo con 164.

En este contexto, ha pedido a los españoles que están en el país o a sus familiares que contacten con la Embajada o el Consulado General para informar de su estado. Además, ha garantizado que la ayuda de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID) está a disposición del «pueblo hermano» de Colombia, igual que lo está también en Venezuela, donde ya se han contabilizado 56 españoles fallecidos y 136 desaparecidos tras el terremoto de hace unas semanas.

«Me salvé de quedar atrapado por cinco segundos»

En las catástrofes naturales, unos pocos segundos pueden separar la vida de la muerte. La salvación puede depender de un acto reflejo o de la mera suerte. Que se lo pregunten a Luis Felipe Molina, un periodista colombiano que este lunes por la mañana salía de su apartamento en la localidad de Manizales, una de las más afectadas por el terremoto, cuando la tierra tembló.

«Me salvé por cinco segundos de haberme quedado atrapado en el ascensor; salí porque había dejado algo en el apartamento. Yo vivo en un piso 17 y cuando dejé el ascensor se produjo una sacudida durísima», relató en una conversación con El Colombiano. «Troté hacia mi puerta. Cuando entré, todo se estaba cayendo. Tengo una gran panorámica y se podía ver cómo se movía todo. Y no paraba. Dada la altura del edificio, diría que se movía un metro para cada lado. Se oían vidrios quebrarse, jarrones caerse y los gritos de la gente», contó.

Entonces supo que en su edificio no estaba seguro, que debía abandonarlo. Y fue en ese momento cuando tuvo que enfrentarse a los 17 pisos que le separaban del suelo. Se le hicieron eternos, aunque nunca los había bajado tan rápido. Una vez en la calle, aliviado, confirmó que su edificio había salido prácticamente indemne. «Varios balcones perdieron sus ventanas», indicó. No tuvo tanta suerte la catedral, a la que se le derrumbó una de las torres.

Pero la tragedia, señaló Molina, podría haber sido mucho peor: «La ciudad tiene uno de los códigos de sismorresistencia mejor preparados y, del mismo modo, un código de construcción estricto». Eso encarece los edificios, pero ayer se demostró que bien merece la pena pagar el costo extra.

En Cali, donde las normas no se siguen siempre al pie de la letra, al menos una veintena de edificios se derrumbó a pesar de que la tercera mayor ciudad de Colombia se encuentra más alejada del epicentro que Manizales. Y allí se vivieron escenas de terror y de una incertidumbre que se puede alargar días. Carlos Saavedra buscaba ayer entre los escombros a sus sobrinas trillizas y a otros dos familiares. «Rescataron a una de las trillizas, que está en la clínica y que fue precisamente la que avisó», relató, recordando que él se encontraba en el comedor de su vivienda cuando todo se derrumbó. «Yo estoy aquí con mi hija y con la familia, pero ¿qué esperanzas puede haber? Necesitamos cuerpos de socorro aquí», suplicaba.

Los propios vecinos fueron los primeros en ponerse manos a la obra para rescatar a sus allegados. En algunas ocasiones con éxito. Sin embargo, en los edificios más grandes es necesario contar con especialistas capaces de utilizar la maquinaria apropiada. «Mi esposa estaba en el cuarto piso y no sabemos nada de ella. Estaba hablando con el hijo en ese momento porque iba a sacar a pasear el perro y creemos que está en alguna parte de las gradas», comentaba otro vecino de Cali, Freddy Otálora, a quien sí lograron rescatar los propios residentes del bloque.