De la Espriella asume el mando en Colombia tras el Gobierno turbulento de Petro
INTERNACIONAL
El presidente electo toma posesión en un país que redujo la pobreza, pero con una deuda pública similar a la de la pandemia
07 ago 2026 . Actualizado a las 22:05 h.Abelardo de la Espriella juró este viernes como nuevo presidente de Colombia. Lo hizo con una inédita ceremonia de cambio de mando que tuvo lugar en Cali, en lugar de la sede usual de las tomas de posesión, la capital Bogotá. El líder ultraderechista debe afrontar retos inmediatos como la inseguridad, una crisis en el sistema de la Salud y los efectos del fenómeno meteorológico El Niño. Prometió cambios muy ambiciosos para sus primeros meses en el Gobierno que ahora tiene que hacer realidad sin mayorías en un Congreso donde va a tener que luchar voto por voto. Sucede al izquierdista Gustavo Petro, ya ex presidente, que dejó su Gobierno sin reconocer la victoria del nuevo mandatario y asegurando que el abogado de 48 años será conocido como «Abelardo el Breve», lo que muchos en la derecha se tomaron como una amenaza. El mandatario saliente aseguró que el nuevo líder colombiano «no duraría los cuatro años», reiterando, sin prueba alguna concluyente y contra el criterio de las misiones de observación internacionales, que hubo un «fraude electoral» en Colombia. Fue el último alegato de un estilo estridente de hacer política, similar, en la acera contraria, por supuesto, al del nuevo inquilino del palacio de Nariño.
Petro deja logros sociales como una reducción de la pobreza monetaria, que cayó hasta afectar al 28 % de la población, niveles del 2012, un desempleo del 8,9 %, el menor desde que hay registros, y un crecimiento del PIB en los últimos dos años superior al 2,5 % y por ende entre los mayores de los grandes países de la región. En cambio, lega a sus sucesores un déficit muy elevado, del 6,4 % del PIB según las últimas estimaciones, y una deuda equivalente al 64 % del PIB, similar a los picos de la pandemia. En cuestión de seguridad, el fracaso de su programa de «Paz Total» de negociación con los grupos armados deja a esas entidades fortalecidas, prácticamente doblando su número de efectivos nutridas por las economías ilegales, especialmente de oro y cocaína.
Deja huella también su estilo combativo con las instituciones porque su falta de mayorías en el Congreso para llevar a cabo algunas de sus propuestas más ambiciosas hicieron que impulsara parte de su programa a través de decretos que fueron parados por las altas cortes, generando fuertes críticas.
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A esa tesitura podría tener que enfrentarse también De la Espriella, ya que no puede aprobar sus propuestas sin parte del centro político y buena parte de ese espectro se cerraría potencialmente a las medidas más radicales. Y no es que se haya autoimpuesto retos ligeros el presidente colombiano para sus primeros meses de mandato. Quiere capturar o dar de baja a diez cabecillas de grupos armados de alto valor en 90 días, bajar la deuda de las empresas prestadoras de Salud en 1000 millones de euros al cambio en pesos colombianos también en tres meses, acabar con el desabastecimiento de medicamentos en el mismo espacio de tiempo, lo que exigiría aumentar el ritmo logístico hasta 18 veces o reducir el déficit fiscal al 4,8 % en el primer año. Para lograr esos objetivos necesitará al Congreso de forma inmediata. Como sucedió durante el Gobierno de Petro, es posible que en los primeros meses el Legislativo le dé margen, pero la política colombiana es transaccional y acabará teniendo que negociar cada apoyo porque su partido cuenta ahora mismo con apenas cuatro congresistas. Necesitará también al líder conservador Álvaro Uribe, cuyo partido, el Centro Democrático, es la mayor fuerza de la derecha en el Congreso. Han saltado chispas entre ambos durante la transición y el ex presidente venderá también caros los apoyos en temas delicados.