El mundo bate su récord de guerras, aunque la mitad tiene abierta una vía para llegar a la paz

Bea Abelairas
B. Abelairas REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

Niños entre las ruinas de edificios bombardeados en Gaza.
Niños entre las ruinas de edificios bombardeados en Gaza. CONTACTO vía Europa Press | EUROPAPRESS

Desde Médicos sin Fronteras alertan de que aunque cesen las batallas casi pasan muchos años hasta que la población deja de sufrir las consecuencias: «En Sudán del Sur terminó en el 2005 y el acuerdo de paz, revitalizado en el 2018, no ha erradicado aún la violencia»

02 ago 2026 . Actualizado a las 14:38 h.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, nunca ha habido tantos conflictos armados: son más de medio centenar los que están activos en todo el planeta. Centros de investigación como la Escola de Cultura de Pau (ECP, de la Universidad de Barcelona) aseguran que 40 de estos conflictos armados activos son de alta intensidad. Así las cosas, el panorama global actual refleja niveles de violencia sin precedentes que se complementan con más de un centenar de crisis sociopolíticas. Ante este escenario, los autores del estudio detallan que los esfuerzos diplomáticos se han vuelto más fragmentados y urgentes: en un informe que realizan cada año, contabilizan 53 procesos y negociaciones de paz en el mundo (19 en África, doce en Asia y el Pacífico, ocho en Oriente Medio, siete en Europa y siete en América), de los cuales más de la mitad, el 55 %, intenta dar respuesta directa a las guerras activas. No obstante, la inmensa mayoría de estos diálogos —que incluyen desde la reanudación de los contactos entre Rusia y Ucrania hasta las complejas mesas de paz total en Colombia— se enfrentan cada poco tiempo a graves bloqueos y rupturas, y dejan a muchos colectivos fuera, especialmente en lo que respecta a la participación de las mujeres en las mesas de mediación. Los expertos aseguran que, en general, los procesos con más probabilidades de éxito son aquellos que combinan voluntad política, una mediación internacional eficaz y la capacidad de aplicar los acuerdos alcanzados.

El drama de la población

Además, el fin de la guerra no siempre implica el fin del infierno para la población que la sufre. Desde Médicos Sin Fronteras apuntan que sería lógico pensar que un proceso de paz se traduce en el fin de esa violencia que impide el desarrollo normal de la vida en las comunidades afectadas. Sin embargo, en la mayoría de los lugares en conflicto, la crueldad sigue azotando a las familias a pesar de las declaraciones triunfantes de mediadores políticos. Y alertan de que la «atención pública, confiada en los grandes titulares que generan esos procesos, disminuye notablemente, pero las necesidades humanitarias siguen presentes durante mucho tiempo, porque las causas, dinámicas y consecuencias de la violencia no desaparecen de un día para otro». 

Alberto Jodra trabaja en Médicos sin Fronteras desde el 2004 y se encarga de la logística en países muy golpeados por los conflictos. Apelando a su larga experiencia, recuerda que el caso más visible actualmente es el de Gaza. A pesar de la firma de alto el fuego y del inicio de un proceso de paz en octubre del 2025, los «ataques aéreos, los disparos y los enfrentamientos armados siguen sucediendo a diario en medio de un paisaje arrasado, con buena parte de las infraestructuras hospitalarias y de las redes de suministro de agua y de saneamiento destruidas, con restricciones de movimiento, con un control férreo de los suministros que entran en la franja para uso y atención de la población civil, y con un creciente estrangulamiento del acceso de los actores humanitarios internacionales en base a impedimentos administrativos que responden a motivaciones políticas y no se corresponden con la necesidad acuciante de incrementar de manera acelerada el volumen y calidad de la ayuda humanitaria en Gaza». Cuenta que los gazatíes no tienen acceso a agua potable en cantidad suficiente, no entra el material para reparar las redes sanitarias, las farmacias de los hospitales están desabastecidas, buena parte de los equipamientos médicos están inservibles por destrucción o por falta de mantenimiento, los programas de asistencia a enfermedades crónicas dejaron de funcionar durante la ofensiva militar y no existen las condiciones para que puedan restablecerse, y el cuidado de las víctimas de la violencia, tanto en el daño físico como en el aspecto de la salud mental, requiere de medios, personal y condiciones que no se dan y no se van a dar durante mucho tiempo en Gaza a pesar de las declaraciones políticas. Por ello recalca que un proceso de paz no significa la «desaparición inmediata de las consecuencias de la violencia y de las necesidades acuciantes de la población civil, y las pocas organizaciones que estamos consiguiendo preservar un margen de operaciones en Gaza encontramos enormes dificultades, muchas de ellas tejidas de propio, que obstaculizan la respuesta inmediata y adecuada».

Otro ejemplo de paz que no llega a la población es el de Sudán del Sur: «El fin de la guerra civil en el 2005 y el acuerdo de paz revitalizado en el 2018 no han servido en todos estos años para erradicar la violencia en muchas regiones del país, con enormes y constantes consecuencias para la población civil que seguimos tratando de responder con programas de asistencia humanitaria de urgencia». En este sentido, apunta que la situación de este país es paradigmática a la hora de mostrar como una población civil es «rehén y víctima de intereses particulares y de alianzas geopolíticas» que no tienen en cuenta el destino de la población atrapada en la espiral de violencia desatada. «Frente a necesidades inmensas, con un sistema de ayuda internacional lastrado por los recortes de fondos impuestos por los estados y organismos donantes, tenemos a dos partes beligerantes, apoyadas por diferentes gobiernos con intereses opuestos, cuya máxima preocupación en términos de ayuda humanitaria ha sido impedir en lo posible, en base a argumentos de soberanía, de seguridad y de control administrativo, que los actores humanitarios y la ayuda humanitaria llegue a territorios controlados por el enemigo, y por tanto a la población víctima de los enfrentamientos armados, de los bombardeos, del pillaje, de la violencia intercomunitaria, de la erupción y propagación de epidemias y enfermedades transmisibles, de la falta de cosechas y de productos en los mercados, de la falta de acceso a la salud, en definitiva».