El número de desplazados forzosos a nivel mundial cae en el 2025 por primera vez en una década
INTERNACIONAL
El alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados recuerda que siete de cada diez viven lejos de sus casas cada vez más tiempo
11 jun 2026 . Actualizado a las 21:58 h.El desplazamiento forzoso a nivel mundial se redujo en el 2025 por primera vez en una década, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), que ha alertado, sin embargo, de que siete de cada diez refugiados viven en una situación de desplazamiento prolongado y, por ello, apela a redoblar los esfuerzos para encontrar soluciones a la situación de millones de personas. El informe anual titulado Tendencias Globales. Desplazamiento forzoso en el 2025 recoge que esta disminución es reflejo del aumento de los retornos de refugiados y desplazados en algunas de las mayores crisis de desplazamiento del mundo, entre ellas las de Afganistán, la República Democrática del Congo (RDC), Sudán y Siria.
Sin embargo, reseña que muchos de estos retornos tienen lugar «en circunstancias adversas» debido a los «contextos frágiles» para las condiciones de reintegración, antes de detallar que, en total, 117,8 millones de personas estaban desplazadas a finales de 2025 (5,4 millones menos que el año anterior, lo que supone un descenso del 4 %). Los datos reflejan que el número de personas con necesidad de protección internacional cayó cerca de 1,2 millones, hasta los 35,6 millones a finales del 2025, una cifra a la que se suman cerca de seis millones de palestinos bajo el mandato de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (Unrwa).
Además, indican que el número de solicitudes de asilo durante el año pasado superó al número de decisiones sobre las mismas, lo que implicó un aumento de 645.300 personas en esta situación, llegando hasta cerca de los nueve millones. Los desplazados internos suponen el 58 % del total de los forzados a huir, con 68,6 millones de personas a finales de 2025, un 7 % menos —4,9 millones— que a finales del año anterior.
En lo relativo al 2025, cerca de 5,4 millones de personas se vieron forzadas a huir y buscar seguridad en otro país, principalmente vecino de aquel del que escapaban. Cerca del 60 % de esta cifra huyó de ocho países: Sudán (952.700), Ucrania (788.100), Venezuela (455.300), Sudán del Sur (232.800), Burkina Faso (221.300), Afganistán (191.400), Malí (177.200) y Birmania (165.400).
Por otra parte, el retorno de refugiados y desplazados aumentó un 50 % respecto al 2024, llegando a los 14,7 millones, algo que constituyó uno de los registros de retornos más altos de la historia. Estos retornos se concentraron, en un 92 %, en la República Democrática del Congo (RDC), con 3,6 millones; Sudán, con 3,6 millones; Siria, con 3,3 millones; Afganistán, con dos millones; Ucrania, con 718 300; y Birmania, con 45 200.
Acnur puntualiza que, si bien el número de refugiados llegados en 2024 a través de programas de reasentamiento o patrocinio fue el más alto en las cuatro décadas anteriores, la cifra cayó cerca de la mitad en 2025, hasta los 81 800, con un descenso en las llegadas a algunos de los principales países de reasentamiento, particularmente Estados Unidos.
Tendencias a principios del 2026
Por otra parte, destaca que diversos acontecimientos a principios del 2026 han afectado a las tendencias de desplazamiento, incluido el conflicto abierto en Oriente Próximo por la ofensiva lanzada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán, así como el reinicio de las hostilidades en Líbano entre el Ejército israelí y el partido-milicia chií Hezbolá. De esta forma, se calcula que en estos momentos hay alrededor de un millón de desplazados internos en Líbano, así como 3,2 millones de desplazados en Irán, según datos de finales de marzo de 2026, sin que esté claro si estas personas podrán regresar a sus hogares en un futuro próximo, lo que plantea un posible desplazamiento prolongado en ambos casos.
El conflicto ha provocado, además, un debilitamiento de la protección a los refugiados en ambos países y ha aumentado las necesidades humanitarias en Líbano e Irán, provocando un incremento de los retornos en «circunstancias adversas».
Además, a mediados de mayo del 2026, alrededor de 549 800 sirios y 678 500 afganos han regresado a sus países de origen desde varios países de acogida; muchos de ellos han dado el paso a causa del deterioro de la situación de seguridad en los territorios en los que vivían hasta ahora. Por otra parte, también se ha registrado un aumento de los retornos «espontáneos» en Venezuela, así como a través de mecanismos estatales, con datos que apuntan a más de 1,2 millones de retornos desde 2018.
La ofensiva de yihadistas y tuaregs en Malí podría provocar, asimismo, nuevos desplazamientos, según Acnur, que recalca que, a mediados de abril de 2026, los datos de desplazamiento forzoso permanecen en niveles similares o ligeramente menores a los documentados a finales del 2025.
Necesidad de aumentar la ayuda
En este contexto, el organismo destaca que el 70 % de los refugiados se encuentran atrapados durante años en el exilio, muchos de ellos viviendo por debajo del umbral de la pobreza, motivo por el que el alto comisionado, Barham Salih, ha instado a la comunidad internacional a respaldar una iniciativa destinada a sacar a millones de personas de su desplazamiento prolongado. «Para demasiadas personas refugiadas, el desplazamiento comienza como una tabla de salvación, pero acaba prolongándose toda una vida», ha sostenido Salih, quien ha explicado que «la ayuda humanitaria salva vidas, pero no puede ser el destino final ni permite a los refugiados tomar las riendas de su futuro».
«Necesitamos un cambio de paradigma que abra nuevas oportunidades y devuelva la esperanza a quienes huyen de la guerra y la persecución», ha argumentado, antes de apostar por reducir en más de la mitad durante la próxima década el número de refugiados que viven en situaciones prolongadas de desplazamiento y dependen de la ayuda humanitaria.
Esta iniciativa, centrada en los países de ingresos bajos y medios que acogen a la mayoría de los refugiados, pasa por ampliar las oportunidades de retorno, reubicación, reasentamiento y acceso a visados humanitarios, así como por sustituir gradualmente los modelos tradicionales de asistencia por estrategias orientadas a la autosuficiencia.
De esta forma, pide intensificar los esfuerzos para empoderar a los refugiados, sin dejar de defender el asilo y la protección, lo que ha llevado a Salih a remarcar que es necesario que los ingresos obtenidos por estas personas, excluida la ayuda humanitaria, alcancen al menos el umbral nacional de pobreza en sus países de residencia.
Pese a ello, ha puntualizado que el retorno voluntario de estas personas a sus lugares de origen debe ser la principal solución, algo que pasa por la resolución de los conflictos, si bien también es necesario que los refugiados sean incluidos en los sistemas nacionales de educación, salud y mercados laborales, de modo que puedan generar ingresos y contribuir a las economías locales y nacionales, según Acnur.
Salih ha defendido la necesidad de ampliar las soluciones en terceros países a través del reasentamiento de los casos más vulnerables, la reunificación familiar y el acceso a permisos de trabajo y becas, especialmente ante una situación en la que la brecha entre las necesidades y las plazas disponibles sigue ampliándose año tras año.
«El asilo y la protección salvaguardan vidas y no están en cuestión, pero no podemos aceptar un futuro en el que millones de refugiados sigan atrapados durante años o décadas sin perspectivas reales de reconstruir sus vidas», ha manifestado. «Contamos ahora con un objetivo ambicioso, alcanzable y cuantificable para impulsar la autosuficiencia y mejorar la vida de millones de personas», ha sostenido, antes de reiterar que «Acnur movilizará a todos los sectores de la sociedad para responder a este desafío y abrir vías que permitan a millones de personas refugiadas salir de la realidad del desplazamiento prolongado».