Este sábado abandona la jefatura de Gobierno de Hungría tras 16 años de mayorías absolutas
08 may 2026 . Actualizado a las 22:25 h.El ultranacionalista Viktor Orbán abandona este sábado, tras 16 años, la jefatura del Gobierno de Hungría. El líder del país excomunista de Europa Central, que intentó transformar la nación en una «democracia iliberal», cayó finalmente víctima de las mismas reglas con las que pretendía perpetuarse en el poder. Hungría cierra así una etapa marcada por una concentración de poder sin precedentes del partido conservador Fidesz, cuyo líder se convirtió en un referente mundial de la extrema derecha populista y en uno de los dirigentes más polarizadores de Europa. Tras llegar al poder en 2010 con una amplia mayoría parlamentaria, Orbán se alejó rápidamente de sus posturas liberales originales para defender un modelo que él mismo calificó de «democracia iliberal», mediante medidas que socavaron los estándares del Estado de derecho defendidos por la Unión Europea (UE). Para lograrlo, modificó la Constitución, reformó en varias ocasiones la ley electoral y amplió el control del Ejecutivo sobre instituciones clave como el Tribunal Constitucional; paralelamente, empresarios cercanos al Fidesz se hicieron con el control de numerosos medios de comunicación.
La falta de unidad de la oposición permitió que Orbán ganara otras tres elecciones legislativas (2014, 2018, 2022) con amplias mayorías, gracias, en gran medida, a un complejo sistema electoral que otorga una ventaja desproporcionada al partido más votado. Esto explica cómo pudo gobernar durante cuatro mandatos consecutivos con mayorías de dos tercios, incluso cuando en algunas votaciones no alcanzaba el 50 % de los sufragios. Sus críticos sostienen que estas reformas debilitaron la separación de poderes, limitaron la libertad de prensa y redujeron los derechos civiles. A ello se sumaron su estricta política contra la inmigración y las medidas para restringir los derechos de la comunidad LGBTI. Este prolongado dominio parlamentario permitió al Fidesz situar a figuras leales en puestos estratégicos del Estado y ejercer una influencia determinante sobre la vida pública y económica.
El pulso con la UE
Bajo su mandato, Hungría mantuvo tensiones recurrentes con Bruselas por cuestiones relacionadas con la calidad democrática. Tras retirarse del Partido Popular Europeo (PPE), Orbán fue uno de los artífices del grupo «Patriotas por Europa» en el Parlamento Europeo, integrado por formaciones de ultraderecha autodenominadas «soberanistas».
Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, Hungría entorpeció e incluso vetó decisiones clave de la UE, orientando su política exterior hacia lo que Orbán denominó una «apertura al Este», con posturas claramente prorrusas. Tras años de crecimiento, la economía húngara empeoró notablemente a partir de la pandemia de 2020, afectada por una corrupción endémica bajo el «sistema Orbán». A esto se sumó la congelación de unos 20.000 millones de euros en fondos comunitarios, supeditados al cumplimiento de los estándares de la UE. El deterioro del nivel de vida y la precariedad en los sistemas educativo y sanitario fueron factores determinantes en la pérdida de popularidad del veterano líder, quien inició su trayectoria política en 1988 como cofundador de Fidesz.
El surgimiento de un rival
El escándalo por el indulto al cómplice de un pederasta en una institución pública provocó, en 2024, el salto a la política de Péter Magyar, un antiguo militante del Fidesz a quien el Gobierno no logró neutralizar.
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En las elecciones del pasado 12 de abril, Orbán y su partido sufrieron una derrota contundente: el Tisza, la formación de Magyar, obtuvo una mayoría cualificada superior a los dos tercios, mientras que el Fidesz quedó reducido a poco más del 25 % de los 199 escaños de la Cámara. Aunque se especuló con que el mandatario intentaría conservar el poder, esa misma noche reconoció su derrota y felicitó al ganador. «Para nosotros, el resultado es doloroso, pero ha dejado claro que no se nos ha otorgado la responsabilidad de gobernar», afirmó Orbán, prometiendo «servir a la patria» desde la oposición. Días más tarde, sorprendió al anunciar que no formará parte del nuevo Parlamento, aunque mantendrá la presidencia de su partido.
Casi un mes después de los comicios, el futuro político de Orbán es incierto. Las especulaciones oscilan desde un posible exilio en Estados Unidos hasta su permanencia en Hungría para intentar reconstruir el Fidesz y consolidarse como líder de la ultraderecha a nivel europeo.