Sus hijos y su marido, refugiados en París, hablaron con ella por última vez en diciembre antes de ser detenida con violencia; en abril comenzó a sentir los primeros síntomas de una angina, pero no la trasladaron a un hospital hasta hace siete días, ya inconsciente
08 may 2026 . Actualizado a las 01:52 h.Los dos hijos y el marido de Narges Mohammadi —ingeniera de profesión, periodista, escritora y ganadora del Premio Nobel de la Paz en el 2023— viven refugiados en París. La última vez que hablaron con ella fue el 12 de diciembre, apenas unas horas antes de que la Guardia Revolucionaria de Irán la arrestase por «su combate contra la opresión de las mujeres en Irán y su lucha por la promoción de los derechos humanos y la libertad para todos», como relató su marido a La Voz a principios del pasado mes de marzo.
En todos estos meses, la familia de esta luchadora no ha recibido ni una noticia alentadora. De hecho, denuncian que el régimen la ha mantenido en prisión sin la atención sanitaria que precisa para su dolencia cardíaca, con la aviesa intención de provocarle daños irreversibles
La trasladaron a un hospital cuando ya estaba inconsciente. Y así sigue: muy grave. El delito de esta mujer de 54 años fue clamar contra la pena de muerte y el uso sistemático de la tortura y la violencia sexual por parte del régimen de los ayatolás desde hace décadas. Por ello la han detenido catorce veces y ha pasado siete años en la cárcel. La última vez fue el arresto más violento y en enero la sentenciaban a otros siete años y medio de prisión, solo por haber enviado al Festival de Cine y Derechos Humanos de Barcelona un vídeo en el que denunciaba el «apartheid de género» iraní. Teherán arremetió como nunca contra una mujer que lleva 14 años sin ver a su marido, Taghi Rahmani, quien pudo huir de Irán con sus hijos mellizos.
Narges Mohammadi lleva siete días debatiéndose entre la vida y la muerte en una UCI de la ciudad de Zanján, cerca de la remota cárcel donde en abril comenzó a sentir los primeros síntomas de una angina vasospástica, una dolencia grave que se puede tratar si se coge a tiempo. Algo que el régimen no hizo, ni siquiera pesó su historial de problemas cardíacos para que la trasladasen a un centro especializado; la tuvieron encarcelada en un calvario que su familia considera parte de un castigo deliberado.
Su marido, Taghi, lo conoce bien: pasó 14 años en celdas iraníes y sufrió crueldades como las que Narges describe en su libro y documental titulados Tortura blanca: es un «aislamiento total, en el que los presos pasan semanas sin contacto humano, en cubículos de dos metros». Aun así, en marzo, su esposo anunciaba: «No piensa ceder, aunque le cueste su libertad, su salud e incluso su vida».