Además de las sucesivas movilizaciones y de la excarcelación de presos a cambio de combatir en Ucrania, Moscú pone en marcha campañas publicitarias para atraer militares foráneos
06 may 2026 . Actualizado a las 18:05 h.Ya es difícil convencer a más rusos de que vayan a combatir en el frente contra Ucrania. Las promesas de dinero y las llamadas a la defensa de la patria atrajeron a algunos cientos de miles, pero no es suficiente. La picadora de carne de la invasión es insaciable y, por eso, Rusia intenta ahora convencer a contratistas (eufemismo utilizado para referirse a los mercenarios) de todo el mundo para que defiendan a este bastión de los valores tradicionales. En su mira tiene sobre todo a centroasiáticos que quieran tener pasaporte ruso y a occidentales anti-woke. Algunos pican. Y lo pagan caro. El último ejemplo se conoció el pasado martes 7 de abril, cuando se supo que 16 mercenarios de Camerún habían perdido la vida en el frente sirviendo junto a las tropas rusas. Kiev señaló el pasado mes de febrero que su enemigo ha reclutado al menos a 1.700 africanos para luchar por sus intereses. El Kremlin lo niega. Este reclutamiento no suele estar bien visto por los gobiernos de estos países. Incluso entre aquellos afines a Moscú, se ha criticado que se use a sus ciudadanos para la guerra de Ucrania. Anteriormente también Kenia manifestó su descontento por el reclutamiento de sus ciudadanos, que habrían accedido a firmar contratos con el ejército ruso engañados. Se estima que al menos otros 46 países han sufrido en mayor o menor medida este problema. De África, Nigeria, Etiopía, Marruecos, entre otros. De Oriente Próximo vienen de Estados como Siria, Irán o Líbano. Y también hay europeos, sobre todo con pasaporte de Serbia, Italia o Francia. Entre los antiguos países soviéticos destacan Armenia y Bielorrusia.
Menos habituales, pero no sorprendentes son también los combatientes de India, China o Bangladesh. Y aunque son todavía más minoritarios, hay también estadounidenses en el frente. En el bando del invasor. Uno de los casos más sonados es el de Derek Huffman, un tejano que se mudó al país euroasiático huyendo de la 'dictadura woke' y que pereció sobre el barro ucraniano. Su familia afirmó que fue engañado acerca del su rol que iba a desempeñar en las filas de las fuerzas armadas (pensó que ocuparía algún puesto poco peligroso en la retaguardia) y falleció en el frente.
«Defender la patria es nuestro trabajo»
Según han investigado medios independientes y ucranianos, la mayoría de estos hombres de fortuna provienen de Asia y África. Los norcoreanos que lucharon con Rusia, sin embargo, no fueron mercenarios sino soldados del ejército regular de este país que viajaron a Rusia en virtud del acuerdo de defensa mutua y combatieron en territorio nacional, sobre todo en Kursk. Incluso en el mismo Moscú se llama a los extranjeros que ya viven en la capital rusa para que se alisten. Los anuncios están en prácticamente cualquier lugar de la calle, desde la marquesina del autobús, hasta en el mostrador de un supermercado. Lemas como «Defender la patria es nuestro trabajo» son el pan de cada día de los moscovitas. También online se busca carne de cañón. La principal página de reclutamiento está en idiomas como español, inglés, árabe, francés y portugués además del ruso. En ella se prometen todo tipo de ventajas como la posibilidad de conseguir el pasaporte ruso en solo dos años por un procedimiento simplificado y pagos de casi cien mil euros en el primer año. Como veterano de guerra, además los que regresen del frente podrán recibir un pago de 35 euros mensuales de por vida.
El analista ruso Oleg Ignatov, del think tank International Crisis Group, señala a este periódico que «ahora mismo la mayor motivación de los hombres rusos para participar en la guerra es el dinero». Y ese mismo reclamo se usa para los extranjeros.
Fuego contra el fuego
Uno de los colectivos que más presión ha recibido para que firmen estos contratos es el de los ciudadanos de países centroasiáticos. Muchos de ellos malviven con trabajos mal pagados en Rusia e incluso aquellos que han conseguido la nacionalidad han sido coaccionados para que acepten estar en el frente. Esta es una de las razones por las que paulatinamente esta minoría ha perdido el interés en vivir en Rusia.
Lo explica un inmigrante de este origen bajo la condición de anonimato: «Nos quieren en el frente, así dicen que nos hacen la vida más fácil». Incluso en la misma oficina de migración de Sajárovo, conocido como un «infierno burocrático» a 60 kilómetros de Moscú hay un centro de reclutamiento. Antes de la guerra había más de seis millones de migrantes de estos países mientras que en el 2026 se estima que hay menos de cuatro.
Ucrania también ha buscado atraer a todo tipo de extranjeros para que se enfrenten al ejército ruso. Desde mercenarios pagados por Kiev hasta voluntarios de diferentes nacionalidades que defienden a Ucrania. En estas filas destaca la presencia de militares procedentes de diferentes países occidentales, como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia y España. Se estima que hay 20.000 extranjeros en las filas ucranianas. En los últimos dos años ha habido un declive de voluntarios europeos pero ha aumentado el de latinoamericanos. En especial el de colombianos, se estima en 7.000. También hay un simbólico grupo de disidentes rusos y bielorrusos que cogieron las armas por su rechazo al liderazgo de las autoridades actuales.
Rusia ha criticado el reclutamiento de estos soldados de fortuna, en especial el de aquellos que provienen de países occidentales. En su opinión, que entren en combate confirma que la guerra actual en Ucrania va más allá de Kiev y Moscú y es un conflicto entre Occidente y el país euroasiático.