La junta militar birmana traslada de prisión a arresto domiciliario a la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi
INTERNACIONAL
El ejército, que la encarceló tras el golpe de Estado de 2021 para no reconocer su victoria electoral, le rebaja la pena para acercarse a la comunidad internacional
01 may 2026 . Actualizado a las 18:41 h.La antigua líder de Myanmar, Aung San Suu Kyi, ha sido trasladada de prisión a arresto domiciliario, según han informado medios oficiales del país asiático. La Premio Nobel de la Paz permanecía encarcelada desde 2021, cuando un levantamiento castrense puso fin al Gobierno que encabezaba desde 2016 e instauró la junta militar todavía hoy en el poder. Durante estos años ha permanecido completamente aislada en paradero desconocido, presumiblemente en un complejo del ejército en Naipyidó, y dada su avanzada edad (80 años) y la dureza de las condiciones penitenciarias, calificadas por otros reos como «medievales», sus seguidores y la comunidad internacional albergaban dudas sobre su estado de salud e, incluso, su capacidad de supervivencia.
Junto a la noticia, los medios oficiales han difundido una fotografía de Suu Kyi, la primera en años. En la imagen aparece sonriente, ataviada con un vestido rosa y sentada en un banco de madera en compañía de dos individuos uniformados. El líder de la junta militar, Min Aung Hlaing, ha anunciado que el régimen «ha conmutado el resto de su condena para que la cumpla en la residencia designada». Uno de sus hijos, Kim Aris, ha recibido la noticia con escepticismo. «Espero que esto sea cierto, aún no he visto ninguna prueba real de que haya sido trasladada», comentaba en declaraciones a la BBC. Este consideró la fotografía como «irrelevante», pues según él fue tomada en 2022, y aseguró no tener indicios siquiera de que su madre esté viva. «Hasta que se me permita comunicarme con ella o alguien pueda verificar de forma independiente su estado y su paradero, no creeré nada». Horas después, el equipo legal de Suu Kyi ha confirmado a la agencia Reuters que la exmandataria fue trasladada en la noche del jueves a su domicilio personal en la capital birmana. Su defensa mantendrá este domingo un encuentro personal con ella, a quien entregarán medicinas, alimentos y otros productos básicos.
La última aparición pública de Suu Kyi se remonta a mayo de 2021, al comienzo de una serie de juicios por múltiples acusaciones como corrupción, incitación al fraude electoral, divulgación de secretos de Estado, importación ilegal de tecnología y quebrantamiento de las normativas sanitarias durante la pandemia. Este proceso judicial fue objeto de críticas por parte de Naciones Unidas y varios Gobiernos internacionales, por considerar que respondía a una campaña política.
Reducción de la condena
La Nobel de la Paz fue condenada inicialmente a 33 años de cárcel, una cadena perpetua de facto, la cual ha sido reducida de manera progresiva: primero a 27 años, y después en dos sextos en sendas ocasiones, la última de ellas este mismo jueves. Sin embargo, no mantiene contacto alguno con sus abogados desde hace más de tres años, y con su familia desde hace más de dos. «Sabemos que ella tiene problemas de salud muy graves y que se le ha negado el tratamiento médico. Su hijo ha dicho que es incluso posible que ya haya muerto en la cárcel. Así que, a menos que los militares demuestren que sigue viva, todavía no podemos descartarlo. Nuestra inquietud crece cada día. Es una mujer de 80 años que ha pasado veinte encarcelada por los militares», denunciaba el Doctor Sasa, su discípulo y líder del Gobierno birmano en el exilio, el pasado mes de febrero en una entrevista con este medio.
Creo que tiene que haber más presión de la comunidad internacional para que Aung San Suu Kyi, nuestra líder, sea puesta en libertad. Si ella muere en prisión, los militares serán responsables. ¿Cómo pueden encarcelar sin motivo alguno a la líder elegida por un país? Lo hacen porque tienen miedo de ella. La comunidad debería tener acceso y comprobar que sigue viva y, si algo ha ocurrido, tiene que haber un mecanismo de investigación. Es inaceptable», añadía.
Este movimiento certifica la voluntad del régimen de quebrar su aislamiento internacional, tras fortalecer tanto su posición militar en la lucha contra los grupos rebeldes como su estatus político mediante el simulacro de elecciones orquestadas a principios de año. «Los militares intentan normalizar sus atrocidades. Si la comunidad internacional reconoce estas elecciones falsas, eso blanqueará los crímenes contra la humanidad que han cometido. Su objetivo principal es obtener legitimidad a nivel internacional», apuntaba entonces el Doctor Sasa.
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Un legado manchado
Aung San Suu Kyi es hija de Aung San, héroe de la independencia de la antigua Birmania asesinado cuando ella apenas tenía dos años. La joven fue educada en los mejores colegios del Reino Unido y trabajó en la ONU, donde conocería a su marido, el profesor británico Michael Aris. En 1988 regresó a su país de origen y asumió el liderazgo del movimiento democrático, imponiéndose en las elecciones de 1990, anuladas a posteriori por la junta militar. A partir de entonces comenzaron varias etapas de arresto domiciliario, en total unos 15 años que le separaron de su familia. Su resistencia la convirtió en un icono global y merecedora del Premio Nobel de la Paz en 1991. Su periodo más largo de cautiverio tuvo lugar entre 2003 y 2010, tras el cual fue puesta en libertad y se reincorporó a la vida política.
En 2015 asumió la jefatura del país como consejera de Estado y la ambición de profundizar la democratización, pero su inacción ante las acusaciones de genocidio por las atrocidades cometidas por el ejército birmano contra la minoría musulmana de los rohingyas, calificadas por la ONU de «limpieza étnica», supuso una mancha indeleble en su reputación. En las últimas elecciones libres celebradas en Birmania, en noviembre de 2020, su formación obtuvo más del 80 % de los escaños en liza.