Carlos III corona su viaje a Estados Unidos con un discurso histórico ante el Congreso
INTERNACIONAL
El rey se dirigió al pleno de la Cámara de Representantes, un honor que no se concedía a ningún monarca desde su madre, Isabel II, en 1991 Washington
29 abr 2026 . Actualizado a las 10:24 h.En un esperado discurso ante el Capitolio en pleno, tras reunirse con Donald Trump en la Casa Blanca, Carlos III tuvo este martes una intervención de reconciliación histórica, defensa de la alianza atlántica y advertencia contra el repliegue en un mundo más peligroso. En el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, el monarca británico presentó la vieja ruptura de las colonias con la corona como el origen de una relación transformada en una de las uniones más sólidas de Occidente.
«La historia que empezó como una rebelión contra la corona regresó al Capitolio convertida en una alianza indispensable para un mundo más peligroso», dijo el monarca, quien se acababa de reunir con Trump en la Casa Blanca. Al presidente le expresó apoyo, solidaridad y simpatía por el atentado sufrido, y afirmó que esos actos de violencia «nunca tendrán éxito». Carlos III y Trump se conocen desde hace años, y el rey llegó a Washington con una misión implícita: ayudar a recomponer una relación bilateral tensionada por las diferencias entre la Casa Blanca y el Gobierno laborista de Keir Starmer, en especial por la guerra de Irán, la política energética y la inmigración. El presidente de EE.UU. ha expresado admiración personal por la familia real británica y distingue a la monarquía del Ejecutivo de Londres. Esa afinidad convierte al rey en una figura útil para rebajar la fricción política sin entrar directamente en ella.
Su visita funcionó así como una operación de diplomacia simbólica, la de recordar la historia común, envolver la disputa en ceremonia y presentar la «relación especial» como algo más profundo y duradero que sus desacuerdos actuales.
Carlos III desplegó después un discurso lleno de referencias históricas y guiños calculados. Citó a Oscar Wilde para bromear con que el Reino Unido y Estados Unidos lo tienen «todo en común, salvo, por supuesto, el idioma», y recordó que esta era su vigésima visita al país, aunque la primera como rey. Evocó a su madre, Isabel II, quien ya habló ante el Congreso en 1991, y presentó la escena como una continuidad entre generaciones, bajo la misma Estatua de la Libertad que corona el Capitolio, distinta a la de Nueva York. Hasta este martes solo un monarca británico -la fallecida reina- había hablado ante el Congreso en pleno.
El monarca hizo también una broma muy directa sobre la vieja derrota británica en América. Recordó que Jorge III, el rey contra el que se rebelaron las colonias, era su antepasado, y lo contrapuso a George Washington, el primer presidente de Estados Unidos. Lo llamó «un cuento de dos Jorges»: el Jorge de la corona que perdió las colonias y el George que fundó la nueva república. Para despejar cualquier solemnidad excesiva, añadió que no había ido a Washington como parte de «una astuta acción de retaguardia», es decir, como si la monarquía británica intentara recuperar dos siglos y medio después lo perdido en la Guerra de Independencia.
Después dio la vuelta al argumento. Presentó a los padres fundadores como «rebeldes audaces e imaginativos con una causa», pero subrayó que la democracia americana no nació de la nada: heredó principios de la tradición jurídica del Reino Unido, desde la Carta Magna hasta el Derecho Común inglés y la Declaración de Derechos de 1689. Es decir, Estados Unidos se rebeló contra la corona, pero construyó buena parte de su sistema político con materiales jurídicos procedentes del mundo británico.
El discurso tuvo además un fuerte contenido de seguridad. Carlos III defendió la OTAN, recordó el 11-S y afirmó que el Reino Unido «estuvo con vosotros entonces» y «está con vosotros ahora». También pidió mantener la determinación en defensa de Ucrania para alcanzar una paz «verdaderamente justa y duradera», y subrayó que Londres ha comprometido el mayor aumento sostenido de gasto militar desde la Guerra Fría. En el terreno económico, destacó los 430.000 millones de dólares (367.000 millones de euros) de comercio anual entre ambos países, 1,7 billones de dólares (1,4 billones de euros) en inversión mutua y la cooperación en Inteligencia Artificial, computación cuántica, fusión nuclear, medicina, defensa y submarinos de tipo Aukus. Cerró su comparecencia con una advertencia política: no atender los llamamientos a mirar «cada vez más hacia dentro» y renovar una alianza que, dijo, no se sostiene por nostalgia, sino por necesidad.
Trump dijo que le habría gustado acompañar al rey en el Capitolio, pero finalmente no lo hizo por razones de protocolo y seguridad. Antes, sin embargo, lo había recibido en la Casa Blanca con la reina Camila y entre todos los honores de una visita de Estado: ceremonia militar en el Jardín Sur, himnos nacionales, salvas de cañón, inspección de tropas y un sobrevuelo de cazas F-35 sobre Washington.
«Logró que los demócratas se pusieran de pie»
Trump elogió la intervención ante el Congreso estadounidense y afirmó que logró lo que él nunca pudo: «que los demócratas se pusieran de pie». «No podía creerlo, yo nunca he podido hacer eso», dijo el mandatario republicano al monarca británico durante la cena de Estado en la Casa Blanca, en referencia al recibimiento positivo que obtuvo su discurso ante el Congreso por parte de ambos partidos.
Trump ya había elogiado la intervención de Carlos III cuando arribó a la Casa Blanca y dijo que se sentía «celoso» por el discurso que había ofrecido. El republicano tocó brevemente el tema de la guerra con Irán diciendo que: «Jamás permitiremos que ese adversario —Carlos está aún más de acuerdo conmigo— tenga un arma nuclear».
Por su parte, el monarca intervino en la cena rindiendo homenaje a Trump y a la Primera Dama Melania Trump por su «coraje y firmeza», así como a los agentes del Servicio Secreto que respondieron durante el atentado ocurrido en la cena de corresponsales de la Casa Blanca el pasado sábado en el hotel Hilton. Posteriormente el rey bromeó con diversos temas como diciendo que así como Trump dijo hace un tiempo que si no fuera por Estados Unidos en Inglaterra hablarían alemán, «si no fuera por nosotros ustedes hablarían francés», comentario que fue recibido con risas de parte de los invitados, en su mayoría miembros del gabinete y empresarios.
Antes, en su intervención ante el Congreso, el rey subrayó que ambos países comparten «una historia de reconciliación, renovación y de una asociación extraordinaria», durante un discurso que es el primero que pronuncia un monarca británico desde el de Isabel II en 1991.