Ormuz: la ruta que transforma conflictos en inflación energética para Europa

Abelardo Reinoso ASESOR DE ENERGÍA Y REDES ELÉCTRICAS

INTERNACIONAL

Vista aérea del estrecho de Ormuz.
Vista aérea del estrecho de Ormuz. Jacques Descloitres

Un cierre de 90 días podría triplicar el precio del gas al Continente

02 mar 2026 . Actualizado a las 08:58 h.

Lo que está ocurriendo en Oriente Medio trasciende el ámbito militar: es un episodio con consecuencias energéticas y económicas de alcance global. En el centro del tablero está el estrecho de Ormuz, por el que transita entre el 20 y el 25 % del petróleo mundial y cerca de una quinta parte del gas natural licuado (GNL). Su importancia no radica únicamente en el volumen, sino en la concentración y en la capacidad limitada para sustituirlo en términos logísticos. Solo una parte del crudo saudí y emiratí puede desviarse por oleoductos hacia el Mar Rojo. Catar depende casi por completo de ese paso. Si el tránsito se interrumpe de forma sostenida, el problema no sería solo de precios, sino de logística física. El análisis exige prudencia: la dinámica responde a la interacción de múltiples actores con intereses dispares. En el Golfo interactúan agentes con agendas propias: Irán, Israel, Arabia Saudí, Catar, China, India o Estados Unidos. Lo que sí encaja en un patrón clásico es otra cosa: las grandes potencias suelen llegar a las crisis con reservas estratégicas, capacidad exportadora y acuerdos de suministro reforzados. Luego es el mercado el que amplifica cualquier tensión regional.

EE.UU. afronta este episodio como exportador neto de energía, con reservas estratégicas y capacidad creciente de exportación de GNL. Europa sigue siendo importadora neta y depende de mercados globales para fijar su precio de referencia. En petróleo, el Brent ha reaccionado con subidas moderadas, señal de que el mercado descuenta riesgo, pero no una pérdida masiva de oferta. La cuestión no es la capacidad de producción adicional de la OPEP+, sino la capacidad efectiva de evacuación si Ormuz se convierte en un cuello de botella. Se puede bombear más crudo, pero si no puede transportarse, el mercado seguirá tensionado.

En gas, el impacto potencial es aún más sensible para Europa. Un 10 % de las importaciones europeas de GNL dependen de Catar y, por tanto, de Ormuz. Italia, Bélgica y Polonia figuran entre los más expuestos, con España también en el mapa. Pero el mercado gasista se mueve por el precio marginal global. El TTF, referencia europea de este hidrocarburo, se fija en función de la competencia global por los cargamentos disponibles. Si Asia pierde GNL catarí y acude al mercado spot, competirá con Europa por los mismos buques, aunque el gas europeo no pase por Ormuz. ICIS, proveedor global de información especializada en mercados de materias primas, estima que un cierre de 90 días podría elevar el TTF de 30 a 90 €/MWh.

Europa diversificó proveedores desde el 2022, pero no el riesgo. Los precios siguen formándose en un mercado global donde un incidente en el Golfo Pérsico pasa factura a Madrid, Milán o Berlín. Mientras dependamos de rutas que no controlamos y de índices que no fijamos, cada crisis en un estrecho estratégico activará el mismo mecanismo: tensión geopolítica fuera, inflación dentro. No es una anomalía. Es el diseño del sistema. Ormuz no es solo un episodio más en Oriente Medio. Es la señal de que la seguridad energética europea sigue condicionada por corredores logísticos ajenos. Y esa dependencia, tarde o temprano, vuelve a pagarse.