El caso Epstein debilita aún más el liderazgo de Starmer

Juan Francisco Alonso LONDRES / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

El primer ministro británico, Keir Starmer, abandona Downing Street tras anunciar que no va a dimitir.
El primer ministro británico, Keir Starmer, abandona Downing Street tras anunciar que no va a dimitir. DPA vía Europa Press | EUROPAPRESS

Los ministros cierran filas en torno al jefe de Gobierno británico, tras pedir su dimisión el líder laborista escocés y la segunda renuncia en su equipo asesores

09 feb 2026 . Actualizado a las 22:35 h.

Sin respiro. Así está siendo la batalla que el primer ministro británico, Keir Starmer, viene librando para sobrevivir al escándalo en que se ha convertido su decisión de designar al laborista Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos en el 2024, a pesar de que ya eran conocidos sus vínculos con el pederasta Jeffrey Epstein. Apenas horas después de perder este lunes por el caso a su segundo asesor, el premier recibió un nuevo golpe: el líder de los laboristas escoceses, Anas Sarwar, le pidió públicamente su dimisión. 

«La distracción debe terminar y el liderazgo en Downing Street tiene que cambiar», afirmó Sarwar. Aunque reconoció que el jefe de Gobierno es un «hombre decente», sostuvo que había cometido «demasiados errores» en los 18 meses que lleva en el poder y que eso estaba afectando las perspectivas electorales del partido. «No podemos permitir que los fallos en el corazón de Downing Street se extiendan a Escocia», añadió, en clara alusión a las elecciones autonómicas escocesas de mayo.

En los últimos días, varios diputados laboristas han pedido públicamente la renuncia de Starmer, pero la intervención de Sarwar ha supuesto un terremoto, al tratarse del dirigente de mayor jerarquía en hacerlo. La noticia no tomó por sorpresa al premier, ya que antes Sarwar le había traslado sus intenciones por teléfono.

La intervención del líder de los laboristas escoceses se produjo unas horas después de la dimisión del director de Comunicación del Ejecutivo, Tim Allan, tras la renuncia el día anterior del jefe de Gabinete, Morgan McSweeney —quien asumió la responsabilidad de la designación de Mandelson como embajador—.

Todo hacían temer la tormenta perfecta contra Starmer. Sin embargo, la esperada caída no se produjo. A lo largo de la tarde, los ministros salieron uno tras otro a respaldar la continuidad del premier. «Keir Starmer obtuvo un mandato masivo hace dieciocho meses para cumplir con el programa laborista que todos defendimos. No debemos permitir que nada nos distraiga de nuestra misión de cambiar al Reino Unido», expresó el viceprimer ministro y titular de Justicia, David Lammy. 

Por su parte, el titular de Sanidad, Wes Streeting —cuyo nombre figura desde hace meses en todas las quinielas como posible reemplazo del premier— también salió en apoyo del vapuleado Starmer. «No necesita dimitir», declaró a Sky News. «No ha sido la mejor semana para el Gobierno, pero denle una oportunidad a Keir», añadió. Incluso algunos de sus críticos más notorios, como la actual vicesecretaria del partido, Lucy Powell, o su antecesora en el cargo, Angela Rayner, cerraron filas con él. 

Bomba desactivada, por ahora

La sorpresiva intervención de Sarwar tampoco influyó en el encuentro a puerta cerrada con parlamentarios laboristas en Westminster. Aunque se temía que el paso dado por el líder escocés desatara una rebelión, esta no ocurrió.

En lugar de abucheos y peticiones de renuncia, el jefe de Gobierno llegó a la reunión en medio de aplausos. «Si pudiéramos embotellar a este Starmer y mostrárselo al país, ganaríamos las próximas elecciones generales», comentó un diputado crítico a un reportero de la BBC, dejando claro que Starmer parece haber logrado calmar las aguas, al menos por ahora. «Sería una locura iniciar un proceso para escoger un nuevo líder a menos de dos meses de unas elecciones», declaró otro legislador a The Guardian, quien recordó: «Los votantes nos eligieron para acabar con el caos de los conservadores, que pasaron los últimos seis años cambiando de líder». «No nos sumiremos en el caos como otros han hecho», sentenció Starmer ante los suyos.