El debate sobre la retirada de Biden de la carrera electoral consume al Partido Demócrata

Mercedes Gallego NUEVA YORK / COLPISA

INTERNACIONAL

El presidente Joe Biden.
El presidente Joe Biden. SHAWN THEW | EFE

El analista David Axelrod, arquitecto de la victoria de Obama, abrió la caja de Pandora al decir que el mandatario debería hacerse a un lado

20 feb 2024 . Actualizado a las 17:36 h.

Si el informe del fiscal especial Robert Hur sobre el manejo de documentos clasificados de la Casa Blanca por parte del presidente estadounidense Joe Biden pasará a la historia como la forma más dañina de exonerar a alguien, los halagos del columnista del diario New York Times Ezra Klein en el pódcast titulado «Los demócratas tienen una opción mejor que Biden», se acercan a ese listón al convertirse en los 25 minutos más dañinos para la candidatura del mandatario si quiere estar otros cuatro años en Washington.

Klein no es el primero en sugerir que el presidente debe retirarse, pero sí el que mejor ha presentado el caso. No son comentarios extemporáneos como los de David Axelrod, arquitecto electoral de la victoria del tícket electoral Obama-Biden en el 2008, que en noviembre abrió la caja de Pandora al decir que el mandatario debería hacerse a un lado. Se trata de un ensayo bien argumentado por uno de los analistas políticos más respetados, fundador del portal de noticias y miembro de varios consejos editoriales en medios de corte progresista como el Washington Post o MSNBC.

Sus fuentes no aportan nada nuevo sobre el estado cognitivo del mandatario que tanto preocupa a los estadounidenses, pero llega a una conclusión aplastante: Biden puede ser un buen presidente, pero es un mal candidato que tiene todas las papeletas para perder las elecciones. ¿Quieren arriesgarse a jugarse la democracia frente a Trump con un caballo perdedor? Su sugerencia, cambiar de rocín en la convención del partido que en agosto coronará al nominado.

El precedente de Humphrey

Para eso haría falta una convención abierta en la que los delegados que se están eligiendo en primarias quedarán exonerados de su obligación y pudiesen optar por otro más joven aún por definir. Quiere el destino que la última convención abierta del Partido Demócrata en 1968 se llevase a cabo en Chicago, la misma ciudad en la que se celebrará esta. Fue «un desastre», reconoce él mismo echando la vista atrás.

El partido estaba entonces dividido a favor y en contra de la guerra de Vietnam, lo que se trasladó en las masivas protestas propias del verano del 68 que conmocionó al mundo, violentamente reprimidas por la policía, que abrió fuego contra los manifestantes dejando 11 muertos, 48 heridos de bala y más de 2.000 detenidos. El demócrata Hubert Humphrey perdió las elecciones frente a Richard Nixon.

El prestigioso columnista intenta conjurar ese negro presagio en la mente colectiva con datos históricos que demuestran que ese no ha sido el resultado más habitual de las convenciones abiertas, pero con ello cae víctima de la misma trampa que teme hará perder a Biden en noviembre: no importan los hechos, sino la percepción.

A Klein le consta que Biden sigue siendo un político capaz y hábil, cuya presidencia podría ser un éxito, como cree ha sido hasta ahora al haber evitado una recesión, integrado a los seguidores de su rival, Bernie Sanders, y recuperado el respeto internacional. El problema es que en los tiempos que corren la superioridad de las percepciones, «correctas o falsas», como dijo Axelrod, es una batalla que ya ganó Trump con las polémicas fake news.

Klein no esperaba que los demócratas se unieran a su llamado de forzar la retirada de Biden y celebrar una convención abierta para la que menciona media docena de candidatos alternativos, desde la vicepresidenta Kamala Harris, hasta los gobernadores de California y Míchigan Gavin Newsom y Gretchen Whitmer. Y así ha sido, pero ha desatado una polémica que amenaza con devorar al partido y a su candidato.

Un candidato no deseable

Frente a los que apoyan la retirada de Biden, voces como Jon Favreau, que escribiese los discursos de Obama, recordó en X (antes Twitter) que nunca se sabrá sin mantener a Biden en las papeletas es la decisión más juiciosa, pero cambiarlo por un rostro menos conocido supone «un enorme riesgo para la democracia». El periódico The Daily Kos vaticina que cualquier otro estaría menos fogueado caería víctima de Trump, la Fox y los medios de ultraderecha. Pero todos coinciden con James Carville, estratega de la campaña de Bill Clinton en 1992, en que el presidente no es un candidato deseable para estas críticas elecciones.

Es un hecho que el 80 % de los votantes está preocupado por su edad. Su declive físico y la falta de energía salta a la vista. Y esta polémica solo contribuye al pánico colectivo de temen estar manifestando precisamente sus peores temores: hundir la candidatura del hombre que debe salvarlos de Trump.