Polonia dejará de suministrar armas a Ucrania tras la polémica del cereal

Olatz Hernández BRUSELAS / COLPISA

INTERNACIONAL

El presidente polaco, Andrzej Duda, el miércoles en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU.
El presidente polaco, Andrzej Duda, el miércoles en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU. JUSTIN LANE | EFE

El fin de la ayuda supone una grieta simbólica en el apoyo europeo al país

22 sep 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Polonia no enviará más armas a Ucrania. El anuncio del primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, llegó el jueves de madrugada y acabó de resquebrajar la relación entre Varsovia y Kiev, tensionada en los últimos meses por la crisis de la exportación de productos agrícolas ucranianos. El dirigente justificó la medida asegurando que su nación se centrará ahora en modernizar y fortalecer su propio Ejército. Añadió, además, que el país seguirá siendo un enlace para el suministro internacional de equipamiento militar a las tropas de Volodímir Zelenski. El fin de la ayuda supone, pese a todo, una fractura simbólica del apoyo europeo a Ucrania.

«Ya no estamos transfiriendo armas a Ucrania. Ahora estamos equipando a Polonia con armas más modernas», se limitó a decir Morawiecki en una entrevista al medio Polstat. Horas después, el portavoz del Gobierno, Piotr Muller, matizó esas palabras: el país cumplirá con las entregas de armamento ya acordadas y el centro de suministro Rzeszow —que sirve como enlace internacional para abastecer al Ejército ucraniano— seguirá en funcionamiento.

En Bruselas, la noticia fue recibida con aparente normalidad. El portavoz de Exteriores de la Comisión Europea, Peter Stano, aseguró este jueves que «se trata de una decisión de Polonia sobre su contribución voluntaria y bilateral con Ucrania», cuestiones que la institución comunitaria no entra a valorar. Subrayó, eso sí, que «lo importante es que la posición de la UE no cambia. Seguiremos dando apoyo político, económico y militar a Kiev el tiempo que haga falta».

Un aliado clave

Desde el inicio de la guerra, Varsovia ha sido uno de los aliados más firmes de Kiev. Sin embargo, las primeras grietas en ese respaldo comenzaron a ser evidentes en abril, con el veto de Polonia, Hungría, Rumanía y Eslovaquia al grano ucraniano.

Los cuatro Estados miembros prohibieron la entrada del cereal y otros productos provenientes de Ucrania por las consecuencias que tenía para sus agricultores. El ministro húngaro de Agricultura, István Nagy, explicó que el grano ucraniano se produce en grandes cantidades a precios «extremadamente bajos» —con métodos que no se aceptan en la UE—, lo que provoca un «gran daño» a quienes viven del campo en estos países. En un principio, la Comisión Europea calificó como «inaceptable» el veto de los cuatro Estados, pero poco después reculó y ofreció cien millones de euros en ayudas para mitigar el impacto de estas importaciones.

El pasado viernes, Bruselas puso fin a las restricciones al cereal ucraniano, pero Hungría, Polonia y Eslovaquia prorrogaron sus medidas contra estos productos. Como respuesta, las autoridades ucranianas denunciaron a estos tres países ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y su presidente, Volodímir Zelenski, les dedicó unas duras palabras en su reciente discurso ante la Asamblea de la ONU. El mandatario ucraniano criticó la «aparente solidaridad» de ciertos Estados, que «hacen tratos bajo la mesa con Rusia». Estas «declaraciones y gestos absolutamente inaceptables», como las denominó el portavoz del Gobierno polaco, fueron la chispa que encendió las tensiones entre Varsovia y Kiev.