Putin desafía a Occidente con la suspensión del desarme nuclear y una guerra hasta el final

Brais Suárez
Brais Suárez OPORTO / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

El presidente ruso, Vladimir Putin, en sus discurso ante la Asamblea Federal en Moscú
El presidente ruso, Vladimir Putin, en sus discurso ante la Asamblea Federal en Moscú SPUTNIK | Reuters

En un discurso populista plagado de nacionalismo, el presidente ruso denuncia una conspiración occidental para «acabar» con Rusia

22 feb 2023 . Actualizado a las 14:48 h.

En la primera comparecencia de Vladimir Putin ante la Asamblea Federal desde el 2021 y en el aniversario del reconocimiento de independencia de las regiones Lugansk y Donetsk —paso previo al inicio tres días después de la invasión de Ucrania—, nadie esperaba una distensión del conflicto. Aunque la mayor parte de su discurso fue de consumo interno, también se pudo leer como una clara reacción a la visita de Joe Biden a Kiev y a la Conferencia de Seguridad de Múnich.

En sus 105 minutos de intervención, y en un tono populista, culpó este martes a Occidente de «desencadenar» un conflicto que Moscú trató de evitar por todos los medios pacíficos y aseguró que llevará la guerra hasta sus últimas consecuencias. El jefe del Kremlin protestó por la «creciente implicación» de Washington en la guerra, advirtiendo que las armas enviadas a Ucrania son «objetivos legítimos».

En esa línea, afirmó que Moscú suspende (no abandona) su participación en el último acuerdo con EE.UU. para el control de armas estratégicas (START III), a la vez que aseguró que Rusia nunca será la primera en iniciar un ataque nuclear. Eso sí, abrió la puerta a reanudar las pruebas atómicas, «si Estados Unidos lo hace primero», y aumentar el arsenal.

En un discurso plagado de conservadurismo, acusaciones de nazismo, depravación y rusofobia, Putin explicó que no libra una lucha contra el pueblo ucraniano, sino que trata de salvarlo de una conspiración urdida entre Kiev y Occidente, a los que también acusa de «querer acabar con Rusia para siempre».

Discurso para consumo interno

Desde el monumental Gostiniy Dvor, rodeado de banderas rusas y ante un atril muy alejado de un público de caras solemnes, uniformadas y de aplausos coordinados, Putin hizo numerosas alusiones a los méritos del pueblo. Pero apenas valoró la evolución de la operación militar especial, más allá de que se lleva a cabo «paso a paso, con cuidado y meticulosidad». «Ya es una victoria abrir fábricas, escuelas y carreteras», dijo. En esa línea, apeló a la «responsabilidad colosal de cada ruso» y honró a quienes luchan, desde soldados o constructores hasta los profesores: «Debemos defender a los niños de la degradación» y asentar el futuro, reiteró.

Asimismo, valoró el éxito económico tras un año bajo las sanciones occidentales, con altos niveles de producción y empleo. En clave patriótica, habló de una reorganización de los recursos —«el dinero generado aquí debe ser para desarrollar Rusia»— y de una reorientación de su comercio hacia el este, con desarrollo de infraestructuras hacia China y Mongolia, y de los puertos del mar de Azov. Por último, detalló una lista de ayudas a las regiones anexionadas y a los afectados por la guerra. Y recordó la importancia de las elecciones regionales y estatales del próximo año.

«Muy cínicos»

El presidente ruso calificó a Occidente de «muy cínico o estúpido» si se cree su propia lógica geopolítica y no dejó de citar el «debemos hacer sufrir a los rusos» enunciado por sus rivales. «Qué humanistas», ironizó. Recordó las actuaciones de la OTAN en Libia, Siria, Irak o Yugoslavia y consideró que EE.UU. pretende quebrar el orden internacional establecido en 1945, imponiendo sus normas.

Aunque critica esa postura, Putin también parece quejarse de que no se le permita disfrutar de los mismos privilegios. Así, luchando por la justicia de un mundo multipolar, como ya había reclamado en la histórica conferencia de Seguridad de Múnich en el 2007, parece reclamar la injusticia bipolar en beneficio propio.

Los discursos del presidente ruso están enmarcados en una interpretación (muy particular) de una historia que parte de Rusia y gira en torno a ella. Sus palabras nacen en la época del Rus y se extienden a un futuro místico, no tan marcado por las consecuencias lógicas de sus acciones como por el carácter divino del pueblo ruso, siempre uncido a su destino. «Rusia es invencible», dijo Putin, está condenada a ganar y cuenta con la «paciencia» necesaria, entendida como sufrimiento. «La verdad está con nosotros», zanjó con una resonancia orwelliana.