Las mujeres plantan cara a Rusia en el campo de batalla

Miguel Pérez MADRID / COLPISA

INTERNACIONAL

Mujeres pertenecientes al Ejército ucraniano, tras ser liberadas el pasado octubre, durante un intercambio de prisioneros entre Moscú y Kiev
Mujeres pertenecientes al Ejército ucraniano, tras ser liberadas el pasado octubre, durante un intercambio de prisioneros entre Moscú y Kiev Andrii Yermak Ukrainian Presiden | EFE

Comenzaron a alistarse durante la guerra de Crimea y hoy las Fuerzas Armadas de Kiev alcanzan una de las tasas más altas del mundo de mujeres militares, con casi 57.000 efectivos

29 nov 2022 . Actualizado a las 19:10 h.

«No tenemos miedo a la muerte; tenemos miedo a ser esclavas». Kristina dejó su trabajo en un supermercado de Italia semanas antes de que Rusia invadiera su país. Con 29 años, esta joven que se ganaba la vida también como cantante en bodas es una de las 57.000 mujeres soldado que se han alistado en las Fuerzas Armadas ucranianas para combatir a los rusos en el Dombás, donde Moscú ha perdido el control de cientos de kilómetros cuadrados de territorio en cuestión de semanas: si hace solo dos meses dominaba casi el 25% del sureste de Ucrania, ahora apenas coloniza el 17%, según los estrategas occidentales.

«El riesgo de decir adiós a la vida siempre está ahí. Pero seguiré en mi tierra hasta el final», asegura Kristina, convencida de que únicamente regresará a Italia con sus padres el día en que los invasores se hayan retirado por completo al otro lado de la frontera. También Kira Rudik espera con ansía ese instante. Volverá entonces a plantar flores en el jardín de su casa en Kiev. Parlamentaria por el partido proeuropeo Voz, explica que «nunca toqué un arma hasta que comenzó la guerra». Ahora no lo deja ni a sol ni a sombra. Dirige una milicia civil. Escucha a menudo las diatribas del presidente ruso, Vladímir Putin, y eso le anima a seguir engrasando su AK-47. «Si dice que quiere la paz, es que pretende la guerra; entonces, tienes que coger tu fusil», asevera con una madurez impropia para alguien que no ha cumplido la treintena.

«Estoy orgullosa de que un tercio de nuestro Ejército esté formado por fuertes y valientes mujeres», subrayaba este lunes durante una conferencia en la capital ucraniana la vicepresidenta del Parlamento, Olena Kondratyuk. «Esto significa que las mujeres pueden construir, desarrollar, enseñar, tener una carrera exitosa, criar hijos y, si es necesario, proteger a sus familias y a su Estado». Se trata de una «nueva realidad» que «no debe ser subestimada» sino «reconocida».

En ese camino parece encontrarse el Estado Mayor: cuando la guerra empezó el pasado febrero, a muchas reclutas les proporcionaron uniformes masculinos y resulta «muy difícil combatir así», ironiza Emerald Evgeniya, francotiradora conocida en el campo de batalla como Juana de Arco. «A mí me dieron uno que era tres tallas más grande que la mía», cuenta esta tiradora, aficionada a relatar su experiencia diaria en Tik Tok.

Evgeniya pasó a la retaguardia a mediados de septiembre tras quedarse embarazada. Su pareja es un militar al que conoció en las trincheras. Se casaron en un bosque de Járkov. Los invitados, todos colegas de batallón bien armados, vigilaron el cielo para prevenir posibles ataques con drones durante la ceremonia. «No le dije nada ni a mi esposo ni a los comandantes durante los primeros dos meses y estuve en la guerra, defendiendo la tierra, hasta que me atormentaron las náuseas matutinas», señala la francotiradora sobre su próxima maternidad. Desconoce el sexo del bebé, pero será «un futuro defensor masculino o femenino de Ucrania».

Una compañera de Evgeniya observa que la situación de las mujeres ha mejorado de forma ostensible desde el comienzo de la invasión. Deja claro que «nadie nos trata con condescendencia, somos uno más de la unidad», y reconoce que ahora en los envíos de suministros les llegan productos de higiene femenina, botas del diseño y tallaje adecuados y chalecos antibalas adaptados. «El masculino es inútil», enfatiza. Deja demasiados huecos abiertos a las balas. «Las mujeres tenemos caderas más anchas, cinturas más estrechas y las placas de los chalecos deben ser más ligeras para la espalda», ilustra esta soldado, «orgullosa de cargar» sin ayuda con todo el peso de su protección antibalas, el casco, una enorme mochila y un fusil.

La revolución del 2013

Para localizar a las primeras combatientes de Ucrania es preciso remontarse a las revueltas del 2013 en el Maidán que desalojaron del poder al presidente Viktor Yanukovych, Cientos de mujeres que tomaron parte en aquellas manifestaciones se alistaron más tarde en la defensa civil para luchar en la guerra de Crimea, pero su rol quedó invisibilizado. Se enfrentaban a las balas enemigas, pero también a un buen número de atavismos y menosprecios propios que derribar. Un ejemplo lo ilustra con claridad: en Crimea, el Ejército contrataba a las mujeres que trabajaban como cocineras, empleadas de logística o enfermeras. Sin embargo, las francotiradoras y soldados no constaban en los registros.

Su momento clave llegó en el 2016, cuando el Estado Mayor reconoció oficialmente a las tropas femeninas, y en el 2018, con la aprobación de leyes de igualdad que las equipararon plenamente con sus compañeros masculinos. Hoy, cualquier mujer entre los 18 y los 60 años puede registrarse en el Ejército, formarse como profesional y ser movilizada. Eso sí, el servicio militar solo es obligatorio para los hombres.

Aun así, el Ministerio de Defensa ha continuado mostrando enormes señales de misoginia, como cuando el año pasado cursó una orden para que las soldados desfilaran con tacones -y no con botas, como sus compañeros- durante el aniversario de la independencia ucraniana de Rusia. También hay quejas por los estereotipos que vinculan el valor y la belleza de las militares ucranianas, todo un tópico de videoclub barato. «Las mujeres han tenido que desafiar y enfrentarse a muchos condicionantes de una sociedad machista», sostiene la oposición política que en el 2021 calificó de idea «medieval» el desfile propuesto por Defensa, desestimado finalmente cuando las fotografías de los ensayos, con las soldados marcando el paso con zapatos de tacón, escandalizaron a medios y colectivos sociales.

Aparte de un signo de progresismo, las normas de género han sido el resultado de una caída por el peso de la realidad, debido en parte a la creciente necesidad de efectivos ante la amenaza militar rusa en el Dombás como a la perentoria urgencia por acabar con las denuncias de acoso sexual y discriminación. Evgeniya tuvo que enfrentarse a un compañero que intentó agredirla. «Sigue así, te dispararé en la pierna y luego diré que han sido los rusos», le espetó esta antigua empresaria, a quien su padre enseñó a usar un rifle desde niña.

Mujeres pertenecientes al Ejército ucraniano, el pasado octubre, tras ser liberadas en un intercambio de prisioneros de guerra entre Moscú y Kiev
Mujeres pertenecientes al Ejército ucraniano, el pasado octubre, tras ser liberadas en un intercambio de prisioneros de guerra entre Moscú y Kiev Andrii Yermak Ukrainian Presiden | EFE

Aunque la vicepresidenta del Parlamento calcula que la presencia femenina se extiende a un tercio de las Fuerzas Armadas, otras fuentes sitúan su cuota real entre el 22 % y el 25 %. No obstante, este porcentaje aumenta indudablemente si se añaden las mujeres que trabajan en los hospitales de campaña y las estructuras logísticas tras haber recibido instrucción militar. Las 56.726 soldados que contabiliza el Ministerio de Defensa en la actualidad suponen un evidente salto cuantitativo respecto a las 16.557 que se alistaron tras las revueltas del Maidán en el 2013. En los siete años posteriores, casi 5.000 ascendieron a oficiales y 14.000 participaron en operaciones antiterroristas o en puestos clave en el Dombás. Hay pocos ejércitos con esa tasa de presencia femenina. Estados Unidos cuenta con un 16 % de mujeres soldado en sus filas y Alemania, con el 12 %. En Rusia el predominio masculino es casi absoluto.

De presentadora a piloto de drones

La presentadora de televisión Solomiya Vitvitska organiza maratones y actos solidarios para recaudar fondos con los que comprar drones y enviárselos al Ejército. Ella misma se entrena para convertirse en piloto de estos aparatos, fundamentales en la contención de las tropas rusas. ¿Por qué una periodista de enorme popularidad en Ucrania ha decidido compartir su labor al frente de los principales informativos del país con la formación militar? «Porque nadie entiende cómo se desarrollarán los acontecimientos, cómo tendremos que sobrevivir este invierno y qué nos sucederá a todos en general. Por eso, es preciso poseer algunas habilidades útiles que pueden ser necesarias incluso en la batalla», explica Solomiya en una entrevista a un periódico kievita.

Su exmarido se enroló en un batallón al comienzo de la invasión. También su hermano y su cuñada luchan actualmente en el frente. «Mantengo el contacto constante con ellos», dice la periodista sin disimular su preocupación, mientras admite que la vida en Kiev se pone cada día más difícil debido a los bombardeos rusos. »No tengo gas en mi casa, y ahora, por supuesto, es complicado recuperarlo, pero espero que todavía tengamos al menos algo de electricidad, aunque solo sea para cocinar». No obstante, advierte que todos esos inconvenientes no son nada en comparación a la situación en Jersón, donde Irina pasa las horas entre las trincheras y los sótanos. Irina es una exestudiante de idiomas reconvertida en recluta, sufre el ruido y la vibración insoportables de las bombas que arroja la artillería rusa y que le aturden constantemente, pero, sobre todo, se ha acostumbrado al pánico eterno. «Todos tenemos miedo», dice. «Los militares también. Sufrimos la angustia de la inseguridad constante, de no saber si mañana seguiremos vivos».