Los israelíes, cansados de volver a las urnas por quinta vez desde el 2019

Joan Mas Autonell JERUSALÉN / EFE

INTERNACIONAL

AMMAR AWAD | REUTERS

Votan hoy con resignación y temor de que el resultado no arroje una mayoría clara ni lleve a la formación de un Gobierno estable

01 nov 2022 . Actualizado a las 16:27 h.

El hartazgo ante el panorama de bloqueo político impera hoy entre muchos israelíes, que vuelven a votar en sus quintos comicios desde el 2019 con resignación y temor de que el resultado no arroje una mayoría clara ni lleve a la formación de un Gobierno estable.

«La gente está cansada de ir a elecciones, no quiere escuchar más sobre el tema tras todos estos años», dice a Efe Merav Tzach, dueño de un negocio de cambio de divisa de Jerusalén. Antes de abrir su establecimiento, casi como si fuera un día normal, votó a primera hora por Benjamín Netanyahu, con la esperanza de que esta vez el ex primer ministro sí logre una mayoría con su bloque derechista, populista y religioso.

La jornada electoral es siempre festiva en Israel, pero en lugares como el centro de Jerusalén se percibe un ambiente similar al de un fin de semana. Familias, ancianos o jóvenes aprovechan para pasear, ir de compras o tomar algo con los amigos en las terrazas de los bares.

Cansancio electoral

Los comicios parecen quedar en un segundo plano, como si muchos ya lo hubieran incorporado como parte de su rutina tras acudir a las urnas cinco veces en menos de cuatro años. En comparación con las cuatro anteriores citas, la publicidad electoral o los activistas que a última hora instan a votar por su partido, brillan más bien por su ausencia.

«En los últimos años había una atmósfera más electoral», comenta a Efe Maoz Gonen, que se encamina a votar al actual primer ministro Yair Lapid, referente del bloque anti-Netanyahu, que este israelí de 39 años apoyará por sus posturas progresistas y a su vez moderadas, frente a la crispación del bando contrario.

Con todo, aunque sea con pocas ganas o por inercia, se prevé que gran parte de los casi 6,8 millones de israelíes convocados a las urnas ejerzan su derecho a voto y no se queden en casa. Las encuestas tampoco indican que la participación vaya a ser más baja que el 67,4 % registrado en las elecciones de marzo del 2021, sino que se espera que se mantenga en una cifra similar. De hecho, al mediodía, el 28,4 % del electorado ya votó, el porcentaje más alto en un mediodía desde 1999, según el Comité Electoral Central.

Una de las que fue temprano a su colegio electoral es Noam Shavit, estudiante de 25 años, que pese a su «frustración» por haber votado cinco veces en tan pocos años, asegura que no quiere desperdiciar la oportunidad de hacerlo para intentar defender sus propios intereses.

Según explica, votó en base a dos de los elementos que han marcado la campaña electoral, la ya clásica cuestión de seguridad y la situación económica, un asunto que esta vez ha ganado peso por el alto coste de la vida en Israel, agravado por la inflación. Sin embargo, Shavit se muestra escéptica ante la posibilidad de que estas elecciones acaben con la larga parálisis política israelí.

«Creo que (los políticos) se pelean entre ellos y no lo hacen por la ciudadanía, por lo que me temo que en medio año tendremos otros comicios», lamenta la joven, que expresa una preocupación compartida por muchos otros israelíes que no ven salida a la rueda electoral.

Polarización del arco político

Hasta ahora, la polarización entre partidos pro y anti-Netanyahu que divide a Israel podría seguirse imponiendo, y los sondeos no señalan que ninguno de los dos bloques alcance la mayoría mínima de 61 escaños en una Knéset (Parlamento israelí) de 120. La perspectiva de otros comicios en primavera del 2023 no parece un escenario improbable.

De acuerdo con Yosef Cohen, miembro del Partido Laborista que reparte propaganda electoral en la calle, el hecho de que el Estado judío celebre sus quintas elecciones «es un problema para el sistema político, la estabilidad económica y la sociedad», ya que la dinámica de estos años en las urnas «genera gran división social».

Sin embargo, pese al hartazgo general, insiste en que «a los ciudadanos les importa mucho el futuro de Israel», que «está preparado para nuevas alianzas» que desatasquen el bloqueo y lleven a un Gobierno estable que mantenga a Netanyahu fuera del poder.

Hay quién tiene la misma esperanza pero al otro extremo del arco ideológico, como la joven Naomi Boukris, de 22 años, apostada en un puesto electoral repleto de fotos de Itamar Ben Gvir, figura pujante de la ultraderecha israelí y número dos de Sionismo Religioso, partido racista y antiárabe. Esta lista podría erigirse como la tercera fuerza más votada y ser clave para que Netanyahu tenga apoyos suficientes para formar Ejecutivo.

«Espero que los ciudadanos cansados de la situación política vayan a votar y lo hagan por el bloque de Netanyahu», remarca Boukris a Efe, esperanzada porque el conjunto de partidos socios del ex primer ministro «están muy cerca» de la mayoría y solo falta un último esprín final.