Irak se asoma a la guerra civil entre las milicias chiíes

Mikel Ayestaran ESTAMBUL / COLPISA

INTERNACIONAL

MURTAJA LATEEF | EFE

La salida de Al Sadr ha provocado fuertes enfrentamientos

31 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Los partidarios del influyente clérigo chií Moqtada al Sadr se han retirado ayer de la Zona Verde —que se había convertido en un campo de batalla durante la noche— después de que el líder pidiera el fin de los enfrentamientos con las fuerzas armadas, que han dejado al menos 30 muertos y cientos de heridos. Minutos después, el ejército ha levantado el toque de queda que había decretado en todo el país.

Al Sadr, en un discurso televisado, dio a sus seguidores «60 minutos» para retirarse, después de lo cual amenazaba con «desautorizar» a los que quedaran. «Pido disculpas al pueblo iraquí, los únicos afectados por los acontecimientos», declaró a la prensa desde su base, en la ciudad iraquí de Najaf.

Los iraquíes están de nuevo al borde del abismo y, tras superar el conflicto con Estados Unidos, el choque sectario entre suníes y chiíes, la guerra contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI), ahora se enfrentan a un duelo directo entre las facciones armadas chiíes, una auténtica guerra civil.

La violencia se desató cuando Al Sadr hizo pública su decisión de abandonar la política. No es la primera vez que el influyente religioso hace este mismo anuncio, pero el efecto que ha tenido entre los suyos ha sido sísmico. A los pocos minutos cientos de seguidores armados se dirigieron a la Zona Verde y comenzaron a asaltar edificios públicos.

No hay que olvidar que Al Sadr contaba con el Ejército del Mahdi durante la ocupación de Estados Unidos y que ahora tiene a las Brigadas de la Paz, una de las principales milicias del país.

Bloqueo político

El anuncio de Al Sadr llega casi un año después de las elecciones que ganó el bloque que dirige. Los iraquíes acudieron a las urnas en octubre, pero desde entonces las formaciones políticas han sido incapaces de alcanzar acuerdos para formar Gobierno.

El partido de Al Sadr, una figura que combina su liderazgo político con el espiritual, obtuvo 73 escaños, pero no sumó apoyos suficientes para hacerse con la mayoría necesaria en un Parlamento con 329 representantes. Ante la imposibilidad de gobernar, decidió retirar sus diputados de la Cámara antes del verano, un movimiento que dejó a la coalición denominada Marco de Coordinación como principal fuerza parlamentaria.

El chiismo político está dividido. Al Sadr se erige en el abanderado del nacionalismo iraquí, mientras que el resto de los partidos políticos tienen una conexión directa con Irán y cuentan también con sus respectivos brazos armados, lo que amenaza con un choque entre milicias en el actual escenario. A finales del mes de julio los seguidores de Al Sadr ocuparon el Parlamento, pero en esos días no hubo choques con las fuerzas de seguridad.

Irán ha cerrado sus fronteras con Irak y las conexiones aéreas con Bagdad se han cortado. El portavoz de Al Sadr ha acusado a los detractores del clérigo de «falta de patriotismo» por su vínculo directo con Teherán.