¿Por qué la capital de Europa está sucia?

Jesús Carballo BRUSELAS

INTERNACIONAL

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08 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Montañas de bolsas de basura tiradas por las aceras durante días a la espera de que alguien pase a recogerlas o patinetes y bicis eléctricas de uso público amontonados en el medio y medio de la calle principal que lleva hasta el barrio europeo son algunos de los ejemplos que evidencian que Bruselas está sucia.

Y no es algo que se pueda ver en un distrito alejado o pobre de la capital de Europa, sino a unos pocos metros de donde los líderes de los Veintisiete se reúnen para tomar decisiones comunitarias dentro del edificio del Consejo Europeo o donde la presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, intenta que los embajadores de los estados miembros aprueben sus propuestas legislativas. Todo a un alto nivel y bajo una seguridad inmensa que parece increíble pensar que a 500 metros a la redonda de ambos edificios que se encuentran uno enfrente del otro tengamos que hablar de otra ciudad completamente diferente y no del punto neurálgico de la Unión Europea. Por lo que Bruselas se merece algo mejor.

La limpieza de la capital de Bélgica está gestionada por una organización llamada ARP (Agencia Regional para la Limpieza, en español), que se encarga de toda la recolección de basura: desde la limpieza de las calles hasta las carreteras principales de la comuna de Bruselas. Una palabra muy utilizada en esta ciudad, ya que cuenta con hasta 19 distritos diferentes que rodean el centro histórico de la ciudad, donde se encuentran la Grand Place o el Manneken Pis, el famoso niño meón que no pasa desapercibido para los turistas.

Pues bien, este método de limpieza tiene sus ventajas, ya que se realiza en un lugar centralizado y no demasiado extenso donde se puede coordinar e implementar esta política. Pero también tiene sus desventajas, pues incluso después de un aumento del 244 % de su presupuesto en 15 años —186 millones de euros solo en el 2020— y otro del 20 % de la plantilla en cinco años, el Tribunal de Cuentas sigue criticando la gestión de la agencia y la gente se queda con una ciudad que ya de por sí es gris y que si se le añade el hándicap de que está sucia se convierte en el hazmerreír de visitantes y residentes por igual.

Y es que estamos hablando de un servicio que es costoso, no funciona correctamente y además tan solo atiende a las 182.000 personas que viven en esa comuna donde se encuentra el casco histórico y que recibe el nombre de Bruxelles-Ville. Entonces, en una ciudad que cuenta con una población de dos millones de personas en su conjunto, ¿qué pasa con el resto de distritos? Pues en la mayoría de los casos, las otras comunas no tienen más remedio que asignar sus propios recursos y personal municipal para hacer sus trabajos de limpieza.

Por lo tanto, hay pasos concretos que Bruselas puede dar y que le permitirían saltar directamente al siglo XXI y, al mismo tiempo, reducir los costes para el Gobierno regional.

Es por ello que tras varias encuestas realizadas a la ciudadanía se llegaron a las siguientes conclusiones. Lo primero sería introducir contenedores subterráneos inteligentes para calles estrechas y concurridas, y contenedores externos para calles más grandes, como es el caso de ciudades como Róterdam y Cambridge. El segundo paso sería comenzar a compartir la competencia de la gestión de la recolección de basura con las propias comunas. Y un tercero sería lanzar una aplicación en la que los residentes pudiesen denunciar los desperdicios ilegales, lo que permitiría a la ciudad descubrir puntos conflictivos y concentrar los esfuerzos de limpieza en ellos. La idea ya está sobre la mesa, pero todavía queda un largo camino por recorrer para dejar de calificar a Bruselas como una ciudad sucia y comenzar a llamarla una capital de Europa impecable.