El hartazgo de los ucranianos con la larga guerra en casa

Rafael M. Mañueco MOSCÚ / COLPISA

INTERNACIONAL

Una militar ucraniana camina por una de las trincheras en la línea de frente en Zaitseve, en la región de Donetsk
Una militar ucraniana camina por una de las trincheras en la línea de frente en Zaitseve, en la región de Donetsk GLEB GARANICH

El conflicto en la región fronteriza de Donbás entre fuerzas ucranianas y separatistas prorrusos ha causado desde el 2014 más de 13.000 muertos

23 ene 2022 . Actualizado a las 20:38 h.

La resplandeciente, entonces, nueva terminal del aeropuerto de Donetsk, que se construyó con motivo de la Eurocopa del 2012, es el ejemplo más patente de lo que ocurrió en Donbás a partir de la primavera del 2014. Después de casi ocho años, la imponente infraestructura continúa en ruinas. La línea de frente pasó precisamente por allí y fue escenario de algunos de los combates más encarnecidos que se libraron entre las tropas ucranianas y los rebeldes separatistas de Donbás durante la segunda mitad del 2014.

«La gente está cansada de la actual situación de confrontación. No se fían de Kiev, pero empiezan a darse cuenta de que Moscú no aporta una solución real de futuro para Donbás», opina Vladimir Ribachuk, dueño de un pequeño negocio de electrónica en un centro comercial de Moscú. Nació en Lugansk hace 50 años, está casado y tiene una hija de 11 años y un hijo de 22. Gracias a que tiene parientes en la capital rusa, él y su familia salieron de Lugansk nada más comenzar la guerra, aunque viaja allí de vez en cuando.

«El 40% de la población de Donbás huyó cuando estallaron las hostilidades. Si no hubiera tenido mujer e hijos, tal vez me hubiese quedado para luchar», asegura. Según su relato, «los más jóvenes se fueron a Rusia, a Ucrania y a países de la Unión Europea, a Alemania sobre todo». «Yo tengo allí a mi anciana madre y a dos hermanos. Están bien. Les ayudo en la medida de mis posibilidades. Los que viven ahora en Donetsk y Lugansk son mayoritariamente jubilados, personas de media edad y, durante las vacaciones escolares, niños, los nietos de esos pensionistas», cuenta Ribachuk. Cree que no habrá ninguna guerra porque «Kiev no se va a atrever».