Un nuevo concepto estratégico para la OTAN

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

INTERNACIONAL

El presidente Joe Biden, a su llegada a la cumbre de la OTAN
El presidente Joe Biden, a su llegada a la cumbre de la OTAN FRANCOIS MORIPOOL | Efe

14 jun 2021 . Actualizado a las 17:23 h.

Donald Trump le creó un problema de inseguridad a la OTAN. Estaba claro que el anterior presidente de Estados Unidos, un aislacionista, detestaba a esta organización, que le parecía superflua y cara. Sin embargo, le hizo dos favores sin pretenderlo: por una parte, el temor a que la OTAN pudiese llegar a desaparecer obligó a los europeos a tomarse más en serio su defensa (aunque lejos del objetivo del 2 por ciento del PIB, los Estados miembros están aumentando su gasto militar); por otra parte, creó la impresión de que cuando hubiese un nuevo inquilino en la Casa Blanca la OTAN renacería.

Por eso había ayer tanta expectación por la presencia de Joe Biden en su primera cumbre de la organización. Pero si hay un renacimiento, será lento. El hecho es que los principales problemas de la OTAN no son de autoestima o de financiación, sino existenciales. Nació en un mundo y para un mundo distinto del actual, y, aunque ha llegado a ser una herramienta muy bien engrasada en el aspecto militar, todos coinciden en que le falta una clara dirección política, un consenso de objetivos. Y es poco probable que la llegada de Joe Biden resuelva esto sin más. En política exterior, Biden es un Trump más educado. No es un aislacionista, pero tiene su propia versión del «Hagamos a América grande de nuevo», que es su «América primero», y no sería razonable esperar otra cosa. Aunque Biden considera la Rusia de Putin una amenaza, no disimula que, lo mismo que para la Administración Trump, la principal preocupación del Pentágono es ahora China. Esto crea situaciones incómodas en el bloque de países europeos, entre los que hay algunos que quieren evitar tensiones con Pekín, principalmente por razones comerciales.

Con la salida de Gran Bretaña de la UE Washington ha perdido a su mejor aliado dentro del proyecto europeo, mientras que, por su parte, Francia ahonda en su tradición de autonomía estratégica. Con otros países europeos ha formado una Iniciativa Europea de Intervención (EI2) para contener al yihadismo en el Sahel. Es un proyecto que, ostensiblemente, busca «puentear» a la OTAN, a la que París considera demasiado lenta e indecisa.

No ha surgido la alianza militar europea que compita con la OTAN, como temían los norteamericanos hace años, pero sí ha surgido una política exterior europea que, paradójicamente, pesa mucho no porque sea poderosa sino porque, con sus constantes faltas de consenso, paraliza la toma de decisiones en el seno de la OTAN.

No es por casualidad que el actual «concepto estratégico» que maneja la OTAN (es decir, las líneas maestras de su geopolítica) tenga ya más de una década de antigüedad. No es que el mundo no haya cambiado en ese tiempo, sino que ha cambiado tanto que no es fácil ponerse de acuerdo en cómo encararlo. Por eso, unas de las tareas que se había marcado la OTAN para la cumbre de ayer era renovar ese «concepto estratégico». Sin duda, es la más urgente.