La UE acuerda cerrar su espacio aéreo a Bielorrusia, tras el secuestro del avión

S. Arroyo / R. M. Mañueco BRUSELAS, MOSCÚ / COLPISA

INTERNACIONAL

Merkel y Macron, al inicio de la cumbre en Bruselas
Merkel y Macron, al inicio de la cumbre en Bruselas YVES HERMAN | EFE

Bruselas pide a las compañías europeas que eviten sobrevolar el país

25 may 2021 . Actualizado a las 10:15 h.

 Los líderes de la Unión Europea aprobaron la noche del lunes nuevas sanciones a Bielorrusia, después del aterrizaje forzoso del vuelo de Ryanair al aeropuerto de Minsk en el que viajaba el periodista Román Protasevich, y pidieron su «liberación inmediata», tras su arresto el domingo. En concreto, acordaron prohibir el uso del espacio aéreo comunitario a las compañías de Bielorrusia, así como impedirles aterrizar en aeropuertos de la UE y pidieron a las compañías europeas que eviten sobrevolar ese país.

También se comprometieron a ampliar la lista de sanciones a Bielorrusia, que actualmente contiene a 88 personas y 77 entidades, entre ellas el presidente Alexánder Lukashenko. Esta nueva lista se deberá acordar «tan pronto como sea posible», aseguraron los jefes de Estado y de Gobierno en sus conclusiones sobre Bielorrusia, aprobadas en el primer día de la cumbre de dos jornadas que se celebra en Bruselas de forma presencial.

El resultado de la discusión se anunció tras apenas dos horas de reunión a puerta cerrada, que los líderes tuvieron a solas y sin dispositivos móviles, para asegurar la confidencialidad del debate. «El Consejo Europeo condena enérgicamente el aterrizaje forzoso de un vuelo de Ryanair a Minsk, Bielorrusia, el 23 de mayo de 2021, poniendo en riesgo la seguridad aérea, y la detención por parte de las autoridades bielorrusas del periodista Román Protasevich y [su pareja] Sofía Sapega», señalaron los líderes europeos, que demandaron también a la Organización Internacional de la Aviación Civil que «investigue urgentemente este incidente sin precedentes e inaceptable».

«Piratería aérea», «terrorismo de Estado», «comportamiento ilegal», «inadmisible», «escándalo internacional», «amenaza para la seguridad internacional y la aviación civil», «cruce inaceptable de una nueva línea roja». Todo un polvorín dialéctico estalló el lunes en una Unión Europea, indignada, que se enfrentaba al reto de convertir las palabras en hechos, contra reloj y por unanimidad. Algo que nunca es fácil cuando hay que aglutinar 27 puntos de vista diferentes y que últimamente se hacía más cuesta arriba por la inercia dinamitadora de Hungría.

Primera cumbre presencial del 2021

La cuestión es que la primera jornada de la que, a su vez, era la primera cumbre presencial del año (exceptuando la cita informal de Oporto de hace tres semanas) se vio alterada por un hecho que exigía «respuesta firme», reclamó Charles Michel, presidente del Consejo Europeo. Sobre la mesa, nuevas sanciones a añadir a las ya existentes contra el régimen de Minsk, que hasta la fecha han tenido un efecto más bien escaso, y «nuevas listas» en las que figurarían personas involucradas en el «secuestro» de la aeronave de la compañía irlandesa y empresas que financian al régimen. Lo había avanzado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, al tiempo que recordaba que la UE dispone de un paquete de 3.000 millones de euros de ayudas e inversiones para Bielorrusia. Pero solo fluirán «cuando se convierta en un país democrático».

Además, los líderes de los Veintisiete mostraron su solidaridad con Letonia por la expulsión «injustificada» de todos sus diplomáticos en Bielorrusia, en represalia por la retirada de la bandera oficial bielorrusa durante el campeonato mundial de hockey sobre hielo.

Lo evidente es que la UE, como el Reino Unido o EE.UU., no se cree la versión de Minsk sobre el incidente: dijo haber recibido una amenaza de Hamás de que una bomba iba a explotar en el vuelo. El jefe de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell, llamaba ayer a consultas al embajador bielorruso para la Unión Euorpea.

El «terrorista» de Lukashenko, un periodista organizador de las protestas

Rafael M. Mañueco

El periodista bielorruso, Román Protasévich, para cuya detención el dictador Aléxander Lukashenko urdió la patraña de que el avión en el que viajaba estaba lleno de explosivos y hasta empleó un avión de combate para obligarle a aterrizar en el aeropuerto de Minsk, jugó un papel crucial, no solo en la cobertura de las protestas contra Lukashenko, sino también en la organización de las movilizaciones.

Sin embargo, no es el único opositor bielorruso exiliado que ha estado causando dolores de cabeza a las autoridades de Minsk. Como él, exiliado también en Polonia, está Pável Latushko, la líder del movimiento Svetlana Tijanóvskaya, refugiada en Lituania, o Valerí Tsepkalo, que vive actualmente en Letonia y desde ahí lleva a cabo su actividad opositora.

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