La Unión Europea da un nuevo patinazo en política exterior, esta vez con el presidente de Ucrania

Salvador Arroyo BRUSELAS / COLPISA

INTERNACIONAL

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen

Sin aplacarse el incidente del «sofagate», Von der Leyen protagoniza un error diplomático al rechazar una invitación del presidente Zelenski

15 abr 2021 . Actualizado a las 21:33 h.

La representación política al más alto nivel de la UE en el exterior continúa sumando patinazos. Sin recomponerse aún la imagen europea tras el humillante episodio del «sofagate» en Ankara, ahora la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, declina asistir a los actos de conmemoración del 30.º aniversario de la independencia de Ucrania. Lo hace con descuido, sin responder personalmente al remitente de la carta, el presidente Volodimir Zelenski. Un desliz que estalla justo en el momento en el que Rusia ha redoblado su acoso a ese país del este con un despliegue masivo de soldados y artillería pesada en su frontera, el más importante desde hace seis años, según la OTAN.

El no a la invitación tiene su aquel. En fondo y forma. Da para que se cuestione el compromiso del Ejecutivo comunitario con Ucrania en un momento muy sensible (aunque Bruselas insiste en que es incuestionable). Y también vuelve a agitar la tesis del desencuentro con el Consejo Europeo. La misma que alimentó Turquía hace una semana cuando «aparcó» a Von der Leyen en un sofá atendiendo, explicó, a las indicaciones que recibieron de los servicios de protocolo de Charles Michel.

Casualidad o no, lo cierto es que justo este jueves el belga se asomaba a Twitter para subrayar «la firmeza y unidad de la UE en sus apoyos inequívocos a la soberanía y la integridad territorial de Ucrania». Lo hacía después de hablar con Zelenski y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, sobre «la profunda preocupación por la acumulación militar rusa» en el entorno de la región de Donbás.

Michel también está invitado a las celebraciones de la independencia en Ucrania, que incluyen una cumbre en apoyo a su soberanía sobre Crimea, anexionada por Rusia en el 2014 (junto con la ciudad de Sebastopol). «El presidente Michel reiteró su agradecimiento por la invitación del presidente Zelenski a la Cumbre de la Plataforma de Crimea prevista para el 23 de agosto, que aceptó durante su visita a Ucrania el 2 de marzo. Espera poder asistir», indicaba este jueves por la tarde su departamento de comunicación.

Una «agenda cargada»

Así que, lo dicho, nuevos desajustes Comisión-Consejo. ¿Y las formas? Aquí el entorno de Von der Leyen cometió un error que ha molestado a muchas capitales. La carta del presidente ucraniano la respondió su jefe de gabinete, Björn Seibert, y con su propia firma. Un requiebro al protocolo, desvelado por el diario Liberation, en el que, además, Seibert justificaba esa ausencia de Von der Leyen en una «agenda cargada» (se insiste, los actos están programados para los días 23 y 24 de agosto, en pleno periodo vacacional).

La alemana corregirá el desliz: responderá personalmente a Zelenski.

Y la Comisión Europea se asegurará «de que haya un nivel de representación apropiado» en esos actos, aseguraba su portavoz, Eric Mamer, tras enfrentarse a más de media hora de preguntas de los periodistas sobre este nuevo fallo de protocolo. Eso sí, sin poder garantizar su asistencia «porque su agenda se determina la semana anterior».

Ucrania suma a una cascada de patinazos diplomáticos en este 2021 de media lamentable, uno al mes. El recuento arrancaría con Josep Borrell en Moscú enfrentándose a una rueda de prensa calificada de humillante en la que tuvo que cargar con acusaciones a la UE, reproches sobre el respeto al Estado de derecho en España por el indepentismo catalán o celebrar el éxito de la vacuna Sputnik V, cuando aún era vista con recelo en Europa. Luego llegaría el sonoro tropiezo con el reglamento para bloquear las exportaciones que, al incluir a Irlanda del Norte, ponía en peligro años de negociaciones del brexit.

Y, por supuesto, el «sofagate», que obligó a Michel a pedir disculpas por esa imagen machista que ha quitado relevancia a los asuntos que se trataron con Recep Tayyip Erdogan. Aquí hubo un fallo claro de protocolo.