La relación entre la UE y China entra en barrena

Salvador Arroyo BRUSELAS / COLPISA

INTERNACIONAL

Manifestación en Hong Kong, en diciembre del 2019, en apoyo de la minoría musulmana uigur en la región china de Xinjiang
Manifestación en Hong Kong, en diciembre del 2019, en apoyo de la minoría musulmana uigur en la región china de Xinjiang Lucy Nicholson | Reuters

Bruselas y Pekín se enzarzan en una guerra de sanciones que erosiona la cooperación y pone en peligro el pacto de inversiones

23 mar 2021 . Actualizado a las 21:25 h.

La relación entre la Unión Europea y China cae en picado. Una guerra de sanciones, que en el caso de Europa se ha coordinado con Estados Unidos, amenaza con poner en riesgo el aparente espíritu de cooperación (muy condicionado eso sí) que pretendió canalizarse en el último tramo de la presidencia alemana, a finales del 2020.

Cuatro funcionarios de Pekín, incluido un alto director de seguridad, han sido castigados por su implicación en los abusos de derechos humanos sobre la minoría musulmana uigur en la región de Xinjiang. Y el gigante asiático ha respondido. El mismo correctivo contra cinco eurodiputados (de un total de diez ciudadanos) y, al menos, cuatro entidades europeas.

Este martes, los Gobiernos de varios países europeos, entre ellos Alemania y Francia, convocaron a los embajadores de China en las distintas capitales para trasladarles su malestar por las sanciones chinas.

La UE ha vuelto a utilizar un mecanismo, el de las sanciones, al que no recurría contra este país desde 1989 tras la masacre en la plaza de Tiananmen. Y lo hace, además, en base a un criterio nuevo, que estrenó con Rusia en febrero cuando penalizó a cuatro funcionarios del país por su implicación en el encarcelamiento del líder opositor Alexéi Navalni y la represión posterior. Una respuesta a las violaciones graves de derechos humanos.

Agenda cargada

Todo ello, además, en un contexto pandémico, con una agenda muy cargada de asuntos sensibles que la UE y China lastran desde hace años (reducción de emisiones contaminantes, Hong Kong, violación de derechos de minorías en el Tíbet, libertad de prensa, guerra digital) sujeta a una dura y larga negociación. La cuestión ahora es hasta qué punto queda dañada. En todo lo anterior y en variables comerciales que hasta ahora se habían logrado encauzar, como el acuerdo que protege de «usurpación e imitación» un centenar de denominaciones geográficas europeas, entre las que se encuentran vinos, cava, aceite de oliva y queso españoles. Y que debería ampliarse. Así que compás de espera.

Y es que, aunque los Veintisiete han defendido que las sanciones van contra individuos concretos y no contra países, lo cierto es que se ha disparado la tensión a un nivel inédito desde hace décadas. Se pretende «abrir un diálogo honesto» con el régimen de Xi Jinping, declaraba la ministra de Exteriores española, Arancha González-Laya, en las últimas horas.

«Diálogo abierto»

La misma idea que se defendía hace seis meses («diálogo bueno, abierto y honesto que debe continuar») durante una videocumbre UE-China (entre Angela Merkel, Ursula von der Leyen, Charles Michel y Jinping) que pretendía sustituir a la programada en Leipzig (Alemania) y que no pudo celebrarse por la pandemia.

A aquella cita siguió la firma de un acuerdo de inversiones el 30 de diciembre (en el que se llevaba trabajando la friolera de siete años) que abría la economía del coloso asiático a las empresas europeas y que tiene que ser ratificado. Por la propia China y por un Parlamento Europeo que ha sido directamente atacado por las represalias. Varios eurodiputados han defendido ya que solo el levantamiento de las sanciones contra los eurodiputados permitirá «entablar conversaciones con el Gobierno chino sobre el acuerdo de inversión».

El eurodiputado alemán Reinhard Butikofer, que preside la delegación de la Eurocámara en China, es una de las figuras sancionadas más destacadas. China también ha impuesto su veto al comité político y de seguridad del Consejo de la UE, la fundación sin ánimo de lucro Alianza de Democracias -fundada por el que fuera secretario general de la OTAN Anders Fogh Rasmussen-, el Instituto Mercator de Estudios de China en Alemania y la subcomisión de derechos humanos del Parlamento Europeo.

La UE ha coordinado su castigo no solo con Estados Unidos. También con otros países como Canadá o el Reino Unido; una sintonía «perfecta», como la ha calificado el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, que calificaba de «inaceptable» la respuesta inmediata del Gobierno de Xi Jinping. Un ojo por ojo que precedía a la reunión del ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, y su homólogo chino, Wang Yi, en la que mostraban su unidas frente a «las injerencias» occidentales. «Los dos países deben unirse para oponerse a todas las formas de sanciones unilaterales», lanzaba Wang Yi.