Biden agota en dos meses el crédito de dar un vuelco a las políticas de Trump

Esperanza Balaguer NUEVA YORK / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

El presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris (detrás), en una imagen de archivo
El presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris (detrás), en una imagen de archivo CARLOS BARRIA

La crisis migratoria amenaza con convertirse en un desastre humanitario

22 mar 2021 . Actualizado a las 10:32 h.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, subió el viernes las escaleras del Air Force One cuando tropezó por primera vez. Se incorporó y se volvió a trastabillar. Recuperó el equilibrio y al tercer traspié acabó cayendo con la rodilla izquierda sobre la moqueta roja. La secuencia del percance dio de inmediato la vuelta al mundo, pero su equipo se apresuró a restarle importancia. A pesar de que el mandatario, de 78 años, no sufrió daño físico alguno, la imagen sirvió como metáfora de las turbulencias que han comenzado a aparecer cuando se cumplen dos meses de su llegada a la Casa Blanca.

El demócrata se estrenó en el cargo el pasado 20 de enero con un récord de decretos para eliminar las políticas de su predecesor, Donald Trump. Devolvió la calma a Washington, consiguió que el Congreso aprobara el nuevo rescate económico e impulsó la vacunación contra el coronavirus más allá de sus propias previsiones. Un arranque impecable que se ha visto ahora ensombrecido por la crisis migratoria que azota la frontera sur, unas relaciones con México que no acaban de cuajar y el aumento de las tensiones con sus rivales mundiales, China y Rusia.

La estrategia inicial de Biden de mantenerse alejado de las peleas políticas para centrarse en sacar adelante su agenda parece haber llegado a su final. Le esperan unos meses complicados, incluso mientras millones de estadounidenses reciben la vacuna y la economía se recupera.

Asalto al Capitolio

En el mes de febrero, Biden consiguió seguir a lo suyo mientras el Senado sometía al impeachment a Donald Trump por el asalto de sus fieles al Capitolio el pasado 6 de enero. E ignoró los ataques del republicano a sus políticas durante su reaparición en la Conferencia de Acción Política Conservadora de Orlando, donde dejó claro que aún mantiene el control el Partido Republicano.

Pero la conocida faceta deslenguada del nuevo inquilino de la Casa Blanca ha acabado por aparecer para buscarse problemas con su homólogo ruso, Vladimir Putin, al que llamó «asesino», y con el presidente chino, Xi Jinping, de quien dijo que «no tiene un solo hueso democrático en su cuerpo» en dos entrevistas televisivas.

Cuando abandona el teleprompter, Biden se da de bruces con sus propios pensamientos. Su equipo le ha mantenido hasta ahora encorsetado en declaraciones oficiales. La situación ya no da más de sí y el jueves ofrecerá la primera rueda de prensa con preguntas. No podrá evitar tener que dar explicaciones sobre la ola de inmigrantes procedentes de Centroamérica que está a punto de convertir la frontera sur en un desastre humanitario. Una situación que la Casa Blanca evita calificar de «crisis». El presidente se ha limitado a pedir a los inmigrantes que no viajen a Estados Unidos, sin entrar a valorar el efecto llamada que ha provocado el desmantelamiento de las políticas de «tolerancia cero» de Trump.

En lugar de viajar a la frontera con México y enfrentarse al problema migratorio, como le piden los demócratas de Texas, Biden se encuentra enfrascado en una gira nacional para promocionar la ayuda económica de 1,9 billones de dólares que destinará a regar de dinero a la clase media.

La frágil mayoría demócrata en el Senado pone en peligro su agenda legislativa

Lo que no podrá ignorar a partir de ahora es la frágil mayoría demócrata que existe en el Senado para sacar adelante el resto de su agenda legislativa. Las profundas divisiones harán difícil que salga adelante el proyecto de ley aprobado el jueves en la Cámara de Representantes que abrió la vía a dar la ciudadanía a millones de indocumentados. Lo mismo puede suceder con asuntos como el aumento de impuestos, el alivio de la deuda universitaria o las restricciones a la industria energética.

¿Apoyo republicano?

La Administración Biden asegura que las medidas que planean impulsar en los próximos meses tienen atractivo para los votantes bipartidistas y que incluso algunos republicanos se verían obligados a apoyarla. Dadas las circunstancias, el planteamiento parece una ensoñación. Los conservadores han convertido la confirmación del gabinete de Biden en un duelo y solo uno de los 50 senadores republicanos votó a favor del plan económico del que tanto presume el presidente. La luna de miel ha terminado.