La crisis por la falta de diésel amenaza el abastecimiento de alimentos en Venezuela

La escasez de combustible afecta de forma muy preocupante al sector agrícola

Un miembro de la Guardia Nacional Bolivariana vigila el abastecimiento de combustible en una estación de servicio de Caracas
Un miembro de la Guardia Nacional Bolivariana vigila el abastecimiento de combustible en una estación de servicio de Caracas

caracas / corresponsal

A sus preocupaciones cotidianas, los venezolanos están a punto de sumarle una que no conocían desde hace tres años: el desabastecimiento de alimentos. En esta ocasión, no son los controles de precios los que la causarán, sino la escasez de diésel, componente indispensable en la producción agrícola, que ya sufre una aguda escasez que se puede volver absoluta a partir de abril.

Este mes es además crucial para los agricultores del país tropical, pues es cuando recogen su primera cosecha del año y preparan la segunda siembra, la de invierno, época de lluvia, la más productiva para el sector.

El presidente de la Federación de Agricultores de Venezuela (Fedeagro), Aquiles Hopkins, señaló que al menos el 60 % de la actividad agrícola estaba ya paraba la semana pasada, y llamó al régimen de Nicolás Maduro a racionar el diésel en inventario para los productores y transportistas de alimentos. Las consecuencias de no hacerlo, indicó el portavoz sectorial, agravarían la ya crítica inseguridad alimentaria del país, donde 9 millones de personas están en riesgo de hambruna por los altos costos de la comida y los bajos salarios.

Uno de cada tres venezolanos «come dos veces al día y cuando se levanta no tiene garantizada la comida de la jornada», señaló la experta en nutrición Susana Raffalli. Esta nutrióloga, que trabaja con la Fundación Cáritas, precisó además que la ingesta principal de este grupo es de carbohidratos, con muy pocas proteínas, lo provoca, según ha constatado Cáritas, que el 14 % de los niños menores de 5 años presenten desnutrición crónica o severa.

Aunque agobiados por una brutal inflación de 8,1 millones por ciento en los últimos dos años y medio, los venezolanos han pasado ese tiempo sin una preocupación que en el período anterior de la «revolución bolivariana» era cotidiana: la del desabastecimiento, porque el régimen de Maduro relajó los controles que han hecho de Venezuela uno de los países menos libres económicamente del mundo, por debajo incluso de Cuba. Ahora ese fantasma está de vuelta.

La situación del abastecimiento de diésel comenzó a ser crítica en octubre, cuando el Gobierno de Donald Trump en EE.UU. eliminó la providencia a sus sanciones al Estado venezolano que le permitía intercambiar petróleo crudo por este combustible.

El devastado sistema venezolano solo permite refinar unos 25.000 barriles de diésel diarios, muy por debajo de la demanda de 100.000 barriles; las carreteras son peligrosas y están llenas de alcabalas en las que los productores agrícolas tienen que dejar parte de sus cargas. Todo esto conspira para que los precios de los alimentos sean mucho más altos que en países más ricos.

Portavoces del régimen y parte de la oposición están pidiendo al Gobierno de Joe Biden que elimine esa sanción al diésel, pero la nueva Administración ha dicho de forma genérica que no tiene prisa por revisar las sanciones.

Hopkins advierte que la profundidad del impacto en los próximos meses, dependerá de cuánto avance la escasez del combustible, pero que en todo caso, solo se pueden esperar mayores complicaciones para un país del que, se estima, este año podrían huir otros dos millones de personas, para un total de 7 millones desde el 2017.

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