Los duques de Sussex abocan a la Casa Real británica a otro «annus horribilis»

El daño a la imagen de la monarquía será duradero, según los expertos

La familia real  en un balcón del palacio de Buckingham durante la conmemoración del centenario del Royal Air Force, el 10 de julio del 2018
La familia real en un balcón del palacio de Buckingham durante la conmemoración del centenario del Royal Air Force, el 10 de julio del 2018

Londres / E. La Voz

Cuando el 19 de mayo del 2018, Enrique de Inglaterra se casó con la exactriz estadounidense Meghan Markle, muchos en el Reino Unido creyeron ver no solo un cuento de hadas, en el que una plebeya, mestiza, divorciada y extranjera es desposada por un príncipe, sino también la demostración de que la Casa Real estaba lista para comenzar a hacerse tan diversa como su sociedad. Sin embargo, a menos de tres años del enlace la historia se ha convertido en una pesadilla, que no solo daña la imagen de la institución a nivel nacional, sino sobre todo en las excolonias de la Commonwealth.

Las denuncias de racismo, de discriminación y de falta de ayuda para combatir el estrés provocado por la exposición mediática que los duques de Sussex lanzaron contra la familia real, en la entrevista que concedieron a la presentadora estadounidense Oprah Winfrey, han provocado un terremoto. Aunque no han puesto en riesgo la existencia misma de la institución, sí la dejan tocada. Al menos así lo ven expertos consultados por La Voz.

«Para la monarquía esta crisis es muy dañina», afirmó el cronista de la realeza Richard Fitzwilliams. «No me preocupa que mañana o el mes que viene se vaya a declarar una república. Eso es algo menos que improbable, aunque seguramente el apoyo subirá algo, sobre todo entre los jóvenes. Lo que me preocupa es el daño que ha sufrido la institución internacionalmente», agrega.

En similares términos se pronunció el historiador Philip Murphy, quien cree que las declaraciones de los duques de Sussex azuzarán los movimientos republicanos en aquellos países donde, pese a haber obtenido la independencia del Reino Unido hace décadas, Isabel II sigue siendo su jefa de Estado. «En los debates en el Caribe la entrevista de Meghan y Harry va a tener un impacto y es el tipo de tema que podría ser utilizado como arma de apoyo para romper los lazos con la monarquía británica», dijo el director del instituto de estudios de la Commonwealth de la Universidad de Londres.

La gota que colmó el vaso

En septiembre pasado, la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, anunció sus planes para convertir la paradisíaca isla en una república a finales del 2021. Sin embargo, Mottley no ha anunciado si someterá la cuestión a referendo o si simplemente buscará la luz verde del Parlamento, donde se requiere el apoyo de dos tercios. En los últimos años, Australia y Jamaica ya han mostrado su interés en seguir los pasos de Barbados.

Las declaraciones de Meghan sobre que un miembro de la familia real planteó al príncipe su preocupación por el tono de piel que iba a tener su primer hijo, Archie, ciertamente no han sentado bien ni dentro ni fuera del Reino Unido, uno de los países donde el movimiento Black Live Matters (Las vidas negras importan) ha sido más fuerte. No obstante, las palabras, pese a que en el país se difundieron el 9 de marzo, coincidiendo con la celebración del día de la Commonwealth, no serían la razón fundamental para que algunos de los 16 miembros de la organización que tienen a Isabel II como su jefa de Estado decidan revisar esta situación, sino una más.

En el Caribe anglófono el desafecto hacia la antigua metrópolis tuvo como punto culminante el escándalo de la generación Windrush. A partir del 2018 Londres comenzó a detener y deportar a los caribeños que llegaron para reconstruir el Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial, debido a que por un error se destruyó la documentación oficial que acredita su llegada y su permiso para quedarse.

Las encuestas parecen darle la razón a Fitzwilliams, pues indican que la entrevista parece haber hecho más daño fuera que dentro del país. El último estudio demoscópico publicado esta misma semana por la empresa YouGov reveló que el 63 % de los británicos respaldan que el Reino Unido siga siendo una monarquía parlamentaria; es decir, tres de cada cinco, aunque este porcentaje es cuatro puntos inferior al registrado en octubre.

Por su parte, el porcentaje de quienes desean elegir por votación al jefe de Estado apenas subió del 21 al 25 % y solo entre quienes tienen entre 18 y 24 años ese respaldo es mayoritario (42 % frente a 37 %). Estos primeros datos parecen indicar que tras décadas de infidelidades, dramas amorosos o nexos con delincuentes los británicos están inmunizados ante los escándalos de los Windsor.

La reina Isabel II quiere solucionar la crisis fuera de la escena pública

En familia, lejos de las cámaras y los micrófonos. Así quiere resolver Isabel II la crisis abierta por las revelaciones de los duques de Sussex contra la Casa Real, en lo que parece un intento por evitar que la pareja opte por seguir los pasos de Diana de Gales y se convierta en una potencial amenaza para la institución.

Así lo asegura el periodista e historiador británico Andrew Roberts, quien en un artículo en la revista Político dice que el escueto comunicado que la soberana emitió para responder a las denuncias de la pareja revela que en el palacio de Buckingham prefieren que Enrique y Meghan sigan los pasos de Eduardo VIII y su esposa, Wallis Simpson, quienes «fijaron su residencia en el extranjero y vivieron cómodamente, sin pretender crear una corte paralela ni cuestionar públicamente a los monarcas de turno».

Sin embargo, la tarea se complicada. La investigación que Buckingham inició días antes de que la entrevista con Oprah Winfrey fuera emitida sobre los supuestos malos tratos que Markle dispensó al personal del palacio de Kensington; y salidas de guion, como la protagonizada por el príncipe Guillermo, hermano de Enrique, quien el jueves declaró a la prensa: «Esta familia no es racista», podrían provocar una guerra abierta entre los royals.

Los escenarios

Una posible agudización del conflicto es un escenario nada prometedor, en especial si se tiene en cuenta que este 2021 cumple 100 años el príncipe Felipe, quien continúa hospitalizado. «De producirse su fallecimiento la atención mediática no se centrará en su papel en la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, sino en la mirada y el lenguaje corporal entre Enrique y Meghan y Guillermo y Kate durante el funeral», vaticinó Murphy.

La soberana quiere evitar más sobresaltos. En los últimos días la prensa británica especulaba sobre la posibilidad de que convocara para las próximas semanas a su díscolo nieto. Pese a que Enrique renunció a sus compromisos con la familia real, está previsto que el 1 de julio acompañe a su hermano mayor a desvelar una estatua en honor a su madre en el londinense palacio de Kensington.

Por su parte, en el ámbito político el primer ministro Boris Johnson ha evitado comentar la crisis, mientras que el líder del opositor Partido Laborista, Keir Starmer, ha pedido investigar los señalamientos de la pareja, una petición que algunos interpretan como hecha para la galería, porque no ha vuelto a insistir en ella.

Dos dimisiones después de negar los ataques difamatorios y racistas

La crisis desatada por las revelaciones de los duques de Sussex se ha cobrado sus primeras dos víctimas, pero no en el palacio de Buckingham, sino en el otro objetivo de la pareja: la prensa, a la que acusan de ataques difamatorios y racistas. El lunes el polémico presentador Piers Morgan dejó su popular programa Good Morning Britain tras negarse a rectificar, pese a las miles de quejas, su afirmación: «No creo ni una sola palabra que salga de la boca de Meghan». El jueves le tocó el turno al director de la Sociedad de Editores de Periódicos, Ian Murray. Presentó la dimisión tras las críticas recibidas por su comunicado de respuesta a Enrique y Meghan negando cualquier atisbo de racismo en la prensa amarilla británica. La prensa sensacionalista ha dedicado ríos de tinta a criticar a los duques, en especial a la exactriz.

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