El papa sella en una reunión histórica con el ayatolá chií Al Sistani el diálogo interreligioso

El primer ministro iraquí proclama el 6 de marzo Día Nacional de la Tolerancia y la Coexistencia en honor al pontífice

El papa Francisco se reunió a puerta cerrada con el ayatolá Al Sistani, en un gesto histórico para acercar el islam y el Vaticano.
El papa Francisco se reunió a puerta cerrada con el ayatolá Al Sistani, en un gesto histórico para acercar el islam y el Vaticano.

Roma / Colpisa

Tras firmar hace dos años en Abu Dabi con el imán de Al Azhar, máxima autoridad del islam suní, el Documento sobre la Fraternidad, un texto que marcó un hito en el rechazo del uso de la religión para justificar la violencia, el papa Francisco dio este sábado otros dos importantes pasos en ese sentido durante su visita a Irak. Primero lo hizo con la entrevista que mantuvo en Nayaf con el gran ayatolá Al Sistani, líder espiritual de los chiíes iraquíes, y luego con el encuentro interreligioso que presidió en la antigua ciudad sumeria de Ur, donde, según la tradición, nació el patriarca bíblico Abraham y, por tanto, un lugar de gran valor simbólico para cristianos, musulmanes y judíos.

El papa disoció «la hostilidad, el extremismo y la violencia» de la fe al considerarlas una «traición a la religión». Ante los representantes de otros credos y junto a los restos del milenario zigurat de Ur, insistió en que cuando el terrorismo «abusa» de una fe, los creyentes «no podemos callar». Jorge Mario Bergoglio tuvo muy en cuenta en su intervención la historia reciente de Irak, sacudido por cuatro décadas de guerra y, en los últimos años, desangrado por la violencia religiosa. El ápice del yihadismo se vivió con la eclosión del Estado Islámico, que entre el 2014 y el 2017 controló buena parte del país y de la vecina Siria. El primer ministro iraquí, Mustafá al Kazemi, declaró el 6 de marzo como el Día Nacional de la Tolerancia y la Coexistencia en ocasión del histórico encuentro con el papa.

«Sobre este país se cernieron las nubes oscuras del terrorismo, de la guerra y de la violencia. Todas las comunidades étnicas y religiosas sufrieron», recordó Francisco, citando a la minoría yazidí, «que ha llorado la muerte de muchos hombres y ha visto a miles de mujeres, jóvenes y niños raptados, vendidos como esclavos y sometidos a violencias físicas y a conversiones forzadas». El papa invitó a rezar por todas las víctimas y por el respeto de la libertad de conciencia y la libertad religiosa.

Consciente de que sus palabras iban a tener repercusión en toda la región, Bergoglio aprovechó su discurso en la ceremonia interreligiosa de Ur para mandar un mensaje a la «vecina y martirizada Siria» y a todo Oriente Medio. «La paz no exige vencedores ni vencidos, sino hermanos y hermanas que, a pesar de las incomprensiones y las heridas del pasado, se encaminan del conflicto a la unidad», dijo. En su segundo día en Irak, el pontífice completó su agenda presidiendo una misa en la catedral caldea de Bagdad. Nunca antes un obispo de Roma había oficiado siguiendo el rito de esta comunidad a la que pertenecen el 80 % de los alrededor de 300.000 católicos de Irak.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

El papa sella en una reunión histórica con el ayatolá chií Al Sistani el diálogo interreligioso