Los donantes se olvidan de Yemen en plena hambruna

Los más de cien gobiernos asistentes a la conferencia aportan 1.415 millones de euros, menos que en el 2020

Dos niños desplazados, en un campo en las afueras de Saná, la capital de Yemen
Dos niños desplazados, en un campo en las afueras de Saná, la capital de Yemen

Jerusalén / Colpisa

Los donantes se olvidan de Yemen y el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, se muestra «decepcionado» por el resultado de la conferencia organizada para recaudar fondos para este país devastado por la guerra. «Millones de niños, mujeres y hombres yemeníes necesitan en forma desesperada ayuda para vivir. Recortar la ayuda equivale a una sentencia de muerte», advirtió Guterres, pero su mensaje desesperado, como las alertas de hambruna lanzadas en los días previos no han servido ni para llegar a la mitad de los 3.205 millones de euros solicitados por el organismo internacional.

La cantidad final aportada por los más de cien gobiernos asistentes a la conferencia es de 1.415 millones de euros, inferior a la conseguida en el 2020. Países como Estados Unidos o Arabia Saudí, directamente implicados en la guerra por su apoyo al Gobierno reconocido por la comunidad internacional, han reducido sus aportaciones. En el caso del Reino Unido el recorte es de un 60 % y los medios británicos destacaron el contraste entre los cien millones que se aportarán en ayuda frente a los más de 6.000 recaudados por la venta de armas desde el estallido del conflicto.

Jan Egeland, secretario general del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC, por sus siglas en inglés), se desplazó al terreno tres años después de su última visita y se mostró «profundamente consternado al ver de primera mano cuánto ha avanzado la hambruna». A Egeland, un diplomático de dilatada trayectoria también con diferentes misiones de la ONU, le parece «indignante que las organizaciones de ayuda tengan que mendigar para obtener la mínima comida necesaria para ayudar a mantener con vida a los yemeníes, cuando los países que hacen la guerra todavía están dispuestos a gastar mucho más en los combates».

Las cifras que ofrece la ONU dibujan un panorama desolador. Más de 16 millones de yemeníes, aproximadamente la mitad de la población, pasarán hambre este año, cerca de 50.000 personas ya están «muriendo de hambre en condiciones cercanas a la hambruna» y 400.000 niños menores de cinco años podrían morir de desnutrición aguda «sin tratamiento de emergencia».

Giro de Estados Unidos

La guerra en Yemen vive su sexto año y los esfuerzos por lograr un alto el fuego no han tenido éxito hasta el momento. Los rebeldes hutíes controlan la capital, Sanaa, y el norte del país y desde el 2015 se enfrentan a la coalición internacional liderada por Arabia Saudí. Una de las últimas decisiones de Donald Trump fue designar a los hutíes como «organización terrorista internacional», pero Joe Biden dio marcha atrás. Una de las primeras medidas del presidente en materia internacional fue retirar el apoyo militar a la ofensiva saudí porque «ha generado una catástrofe humanitaria y estratégica».

Los hutíes son en realidad zaidíes, una confesión derivada del chiismo que literalmente se traduce como 'partidarios de Dios', aunque se les conoce como hutíes por el clan que lidera al grupo desde el 2004. Son un grupo guerrero, que durante la dictadura de Ali Abdula Saleh libró numerosas guerras contra el poder central y al que se le vincula con Irán. Tras la Primavera Árabe del 2011 dieron un golpe militar y los saudíes no tardaron en mover ficha, lo que convirtió a Yemen en un nuevo tablero sectario en el que iraníes y saudíes dirimen sus diferencias. Aunque los chiíes son apenas un tercio de los yemeníes, donde la mayoría es suní, los hutíes se inspiran en el modelo del Hizbolá libanés y tienen una experiencia en combate que les hace superiores al resto de grupos armados que operan en el país.

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