Nicolas Sarkozy, condenado a tres años por corrupción y tráfico de influencias

Es el primer expresidente francés en ser sentenciado a una pena de cárcel

Nicolas Sarkozy
Nicolas Sarkozy

Colpisa / París

El expresidente francés Nicolas Sarkozy fue condenado este lunes a tres años de cárcel, uno de prisión firme y dos exentos de cumplimiento, por delitos de corrupción y tráfico de influencias en el llamado caso de las escuchas o caso Paul Bismuth. Su abogado, Thierry Herzog y el antiguo magistrado Gilbert Azibert, fueron condenados a las mismas penas que él. Además, Herzog tendrá prohibido ejercer la profesión de abogado durante cinco años.

No obstante, el exmandatario anunció a través de su abogada que recurrirá la sentencia. «Esta condena suscita a la vez nuestra incomprensión e indignación», pues «no aporta ninguna prueba» y se basa solo en «indicios», según Jacqueline Laffont.

La letrada argumentó en ese sentido que hasta que no haya una sentencia firme su cliente sigue teniendo presunción de inocencia. Sarkozy está «tranquilo, pero determinado a continuar la demostración de su inocencia» ante el Tribunal de Apelación, según Laffont, quien no duda de que su cliente será finalmente absuelto.

Sarkozy es el primer expresidente francés en ser condenado a una pena de prisión firme. Su mentor y antecesor en el puesto, Jacques Chirac, fue condenado en el 2011 a dos años de prisión con suspensión de pena por malversación de fondos en un caso de empleos ficticios cuando era alcalde de París. Tras conocerse la sentencia, Sarkozy abandonó rápidamente el Tribunal de París sin hacer declaraciones. La Fiscalía había solicitado cuatro años de prisión, dos de ellos firme, contra quien fuera presidente entre el 2007 y el 2012.

A pesar de la condena a prisión firme, el exmandatario, de 66 años, no entrará en la cárcel. La sentencia señala que podría cumplir su condena bajo el régimen de arresto domiciliario con un brazalete electrónico.

El Tribunal de París consideró probado que Sarkozy, su abogado Thierry Herzog y el antiguo magistrado Gilbert Azibert participaron en «un pacto de corrupción». Los dos juristas anunciaron que también recurrirán el fallo judicial. «Los hechos por los que ha sido declarado culpable el señor Nicolas Sarkozy son de una especial gravedad al haber sido cometidos por un antiguo presidente de la República que ha sido el garante de la independencia de la Justicia», señaló el tribunal en su sentencia.

Los jueces consideraron que Sarkozy «se sirvió de su condición de antiguo presidente de la República, así como de las relaciones políticas y diplomáticas que ha tejido mientras estaba en ejercicio, para recompensar a un magistrado que había servido su interés personal».

Este caso salió a la luz en el 2014 a raíz de unas escuchas telefónicas en el marco de otra investigación sobre la supuesta financiación libia de su campaña presidencial del 2007. Descubrieron que Sarkozy y su abogado y gran amigo, Thierry Herzog, hablaban a través de una línea secreta abierta bajo una identidad falsa a nombre de Paul Bismuth. Sarkozy intentó obtener de Azibert informaciones bajo secreto de sumario del llamado caso Bettencourt a cambio de ayudarle a conseguir un prestigioso puesto en el Consejo de Estado de Mónaco. «Yo le haré subir. le ayudaré», dijo Sarkozy a Herzog, según las transcripciones de las llamadas telefónicas. «Yo me ocupo porque voy a Mónaco y veré al príncipe», añadió.

Al final, Sarkozy no intercedió por él y Azibert no consiguió el cargo deseado en Mónaco. Al respecto, la Fiscalía sostuvo durante el juicio que Sarkozy no lo hizo porque descubrió justo antes que tenían el teléfono pinchado.

Referente de la derecha

La condena a Sarkozy fue muy criticada por los políticos de la derecha francesa. «Una condena extremadamente dura en un dosier particularmente débil», consideró el senador de Los Republicanos, Bruno Retailleau. «Qué ensañamiento sin sentido, mi amor», escribió en Instagram su mujer, la cantante Carla Bruni, junto a una fotografía de los dos en actitud cariñosa. «El combate continuará, la verdad saldrá a la luz», confió la ex primera dama. Casi nueve años después de abandonar el Palacio del Elíseo, Sarkozy sigue siendo un referente de la derecha francesa. Los fans de Sarkozy soñaban con un eventual regreso del político conservador a la arena política para las presidenciales del 2022. El propio Sarkozy ha coqueteado con esa idea, a pesar de sus innumerables problemas con la justicia.

El próximo 17 de marzo, el exmandatario será juzgado en otro caso por presunta financiación ilegal de su campaña presidencial del 2012, un asunto conocido en Francia como el caso Bygmalion. El socialista François Hollande le derrotó aquel año en las urnas. Sarkozy también ha sido imputado en otro procedimiento. En concreto, por delitos de corrupción pasiva, malversación de fondos públicos, financiación ilegal de una campaña electoral y por asociación de malhechores en el caso de la presunta financiación libia de su campaña electoral con la que ganó las elecciones presidenciales del 2007.

La brújula de la derecha gala desnortada por la Justicia

Quien en mayo del 2007 se convirtió en el primer presidente de la República Francesa de origen extranjero (su padre era un aristócrata húngaro y su madre procedía de una familia griega), sumó este lunes a su historial de pionero el haberse convertido en el primer jefe de Estado galo condenado a pena de cárcel firme, una larga sombra que planeaba sobre él desde que fue imputado en el 2014, pero que no ha impedido que Nicolas Sarkozy (París, 1955) haya seguido siendo, casi una década después de su salida del Elíseo, la brújula de la derecha francesa.

Con una capacidad de influencia mermada por sus cuentas pendientes con la Justicia, el último conservador en el Elíseo (2007-2012) sigue marcando el rumbo en su partido, los Republicanos, a falta de otro líder capaz de encarnar el proyecto conservador en Francia. Sarkozy, que siempre ha defendido su inocencia, se jugaba con este fallo recuperar el liderazgo moral de la derecha, apoyado en su capacidad para aprovechar en su interés incluso los golpes desfavorables, pero al menos en este asalto ha quedado derribado sobre la lona.

Adolescente acomplejado y estudiante mediocre, pero también hiperactivo, ambicioso y trabajador inagotable, según sus biógrafos, Sarkozy se ha pasado la vida luchando por el poder a pesar de las circunstancias. Gaullista desde siempre, por influencia de su abuelo materno, en el primer año de universidad se afilió al partido conservador y a los 22 años se convirtió en concejal, iniciando así una carrera política en la que se formó a las faldas de Jacques Chirac, protector durante dos décadas y traicionado en 1995; y que culminó con su llegada al máximo escalón del poder en Francia, el Elíseo.

Frente a Royal y Hollande

Lo conquistó en el 2007 frente a la socialista Ségolène Royal, tras haberse confeccionado un traje de derechista sin complejos, el de la ruptura frente a la moderación chiraquiana, que le permitió encontrar un caladero de votos en la ultraderecha. Propulsó una política conservadora, pero la crisis económica que estalló en el mundo en el 2008 restó lustre a sus reformas, incluso para el electorado más derechista, y atenazó sus proyectos.

Católico practicante, pese a casarse tres veces, asiduo al papel cuché, cercano a los ricos, su imagen empezó a desentonar con su discurso de defensor del trabajo, el esfuerzo y la responsabilidad, de la Francia que madruga. Todo ello desembocó en una dolorosa derrota frente al socialista François Hollande tras una campaña en la que Sarkozy se acercó a los postulados ultraderechistas.

La estigmatización de la inmigración, el afianzamiento de la identidad francesa, cristiana y europea, el repliegue interior y el refuerzo de las fronteras, han marcado desde entonces la carrera de un político que ha ido abandonando progresivamente su tradicional pragmatismo.

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