El Gobierno francés le tiende una mano abierta al electorado de ultraderecha

M. G. PARÍS / EFE

INTERNACIONAL

La líder del ultraderechista Agrupación Nacional, Marine Le Pen, se apresuró a aprovechar para pedir el apoyo de los militares que firmaron el manifiesto para su candidatura a las elecciones presidenciales del año próximo
La líder del ultraderechista Agrupación Nacional, Marine Le Pen, se apresuró a aprovechar para pedir el apoyo de los militares que firmaron el manifiesto para su candidatura a las elecciones presidenciales del año próximo PASCAL ROSSIGNOL | Reuters

El ministro del Interior lidera la campaña para captar votos entre los simpatizantes de Le Pen

27 feb 2021 . Actualizado a las 14:30 h.

A poco más de un año de las próximas elecciones presidenciales, el Gobierno francés ha emprendido una estrategia tan polémica como incierta: tenderle la mano abiertamente al electorado de extrema derecha, feudo natural de Marine Le Pen.

El llamamiento lanzado por el ministro del Interior, Gérald Darmanin, no dejaba lugar a dudas. «Quiero que nos voten. Deseo que entiendan que podemos responder a su rabia y mostrar que la señora Le Pen vive de los problemas, que no quiere resolverlos. Porque cuando no hay problemas, no existe», dijo.

Este proceso ha ido ganando fuerza desde el debate televisado que enfrentó cada a cara al ministro y a la líder de la Agrupación Nacional, el 11 de este mes, donde por momentos parecieron invertirse los roles políticos y fue él quien defendió con mayor firmeza políticas contra el islamismo.

«El islam es una religión como cualquier otra. Yo estoy profundamente comprometida con nuestros valores. Quiero conservar su libertad total de organización y la libertad total de culto», dijo Le Pen frente a un Darmanin que había criticado que su estrategia de desdemonización de la derecha la estaba llevan a ser demasiado «blanda».

En ese encuentro en el que costó distinguir la palabra de uno y de otro, la ultraderechista vio cómo los reproches a su moderación en temas tan sensibles como el laicismo la ayudaron de forma inesperada a alejar su imagen de los excesos de su padre, Jean-Marie Le Pen.

Que Darmanin dijera días después en la emisora RTL que ella es «una enemiga de la República» no borró la sorpresa de quienes escucharon su duelo dialéctico, que avergonzó a ciertos representantes de la mayoría presidencial.

Para el politólogo Jean-Yves Camus, director del Observatorio de Radicalizaciones Políticas, intentar seducir a la población ultraderechista es una estrategia abocada al fracaso, tal y como han demostrado otras tentativas en el pasado. «Es un electorado no recuperable por los partidos tradicionales, porque hace tiempo que no encaja en la división entre derecha e izquierda. No creen ni en una ni en otra. Buscan un cambio completo de orientación política», explica a Efe.

Y el presidente francés, Emmanuel Macron, según su análisis, representa todo lo que ellos detestan: es un enarca, como se denomina a los formados en la prestigiosa Escuela Nacional de la Administración (ENA), hizo carrera en la banca privada y abandera el europeísmo.

Le Pen buscaba en ese debate borrar su fallida intervención en el que la opuso al ahora jefe de Estado entre las dos rondas de las presidenciales del 2017, donde sus titubeos en materia económica frenaron su avance.

Ahora, las intenciones de voto vuelven a colocarla en buena posición de cara a los siguientes comicios, adelantando a Macron en la primera ronda y, según un sondeo de Harris Interactive de finales de enero, a solo tres décimas de distancia en la última y segunda, con el 48 %.

Sus esfuerzos por limpiar la imagen de su partido, cumplidos diez años desde que llegara a su presidencia, están funcionando, aunque el dique republicano que tradicionalmente aglutina al resto de formaciones en su contra para evitar su eventual victoria siga jugando en su contra.

Las elecciones regionales de junio serán una nueva oportunidad para medir las respectivas fortalezas. Según un sondeo de OpinionWay difundido este viernes por el diario económico Les Échos, si la primera vuelta tuviera lugar este domingo un 23 % de franceses daría su voto al partido conservador Los Republicanos, un 20 % a la Agrupación Nacional y un 17 % al macronista La República en Marcha y a su socio centrista, el Modem.

Supone un avance de un punto desde enero para los conservadores, una caída de dos para Le Pen y de uno para Macron. Solo menos de la mitad (47 %) de quienes votaron por el actual presidente en la primera vuelta de las presidenciales del 2017 prevén apostar por él en las siguientes regionales.

Lo ajustado de los porcentajes no hace prever un traspaso de votos de un partido a otro, por mucho que el Ejecutivo contemple ampliar el diálogo, sostiene Camus, que acaba de publicar en español Las extremas derechas en Europa.

«Ya no se puede decir que el voto ultraderechista sea de protesta. Tiene detrás una ideología constante», concluye el politólogo, que atribuye a la convicción de Darmanin de poder encarnar una derecha popular y a una cierta «inocencia» los avances por ese camino incierto.