Biden se estrena con un bombardeo

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

INTERNACIONAL

Joe Biden, a su llegada el viernes a Houston, Texas.
Joe Biden, a su llegada el viernes a Houston, Texas. JONATHAN ERNST | Reuters

27 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

No es el comienzo más elegante que cabría esperar. La primera acción en política exterior del recién inaugurado presidente Joe Biden ha sido un bombardeo. No es elegante, pero tampoco inesperado. Trump hizo del «aislacionismo» una de sus señas de identidad; por tanto, Biden considera que Estados Unidos tiene que reafirmarse de nuevo en el mundo con fuerza. Cierto que el bombardeo de ayer contra las milicias iraquíes se presenta como una respuesta a los ataques que ha venido sufriendo el contingente norteamericano en Irak, pero la justificación no resulta muy convincente. No parece que las milicias golpeadas sean las mismas que llevaron a cabo esos ataques. Más bien da la impresión que han sido elegidas porque son aliadas de Irán. El bombardeo, por tanto, habría que interpretarlo como una medida para marcar terreno frente a Teherán e indicar que Biden no va a ser más «blando» que Trump. Y quizás también tenga algo que ver la renegociación del acuerdo nuclear del 2015, que Donald Trump abandonó por su cuenta (la política exterior de Trump era contraria a las guerras, pero también a los acuerdos) y al que Biden quiere volver.

El problema que tiene Biden es que volver a un acuerdo roto puede acabar siendo más difícil de lo que fue negociarlo. En Irán las cosas han cambiado. El Gobierno relativamente moderado de Rohaní está ahora debilitado frente a un Parlamento radical al que nunca le gustó el tratado del 2015 y al que la ruptura unilateral de Trump ha dado argumentos. Biden, además, quiere corregir esa decisión de Trump, pero usando las sanciones de Trump como palanca para renegociar. Como requisito para retirarlas, exige que Teherán se adhiera incluso a las condiciones de las que le exime el tratado en caso de incumplimiento de la otra parte. Para esto, Biden ha conseguido que otros firmantes del acuerdo del 2015 (Alemania, Francia y Gran Bretaña), que cuando gobernaba Trump se pusieron prácticamente de parte de Teherán, ahora le presionen. Pero Irán se siente más fuerte, toda vez que China y Rusia, garantes también del acuerdo del 2015, se han puesto de su parte sin reservas después de la ruptura de Trump. Si el asunto acaba en el Consejo de Seguridad de la ONU, Irán está convencido de que esos dos países vetarán cualquier iniciativa contra ellos.

Biden no tiene mucho tiempo para decidir, porque Irán ha encontrado una forma ingeniosa de meterle prisa. Después de un tira y afloja con la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), encargada de supervisar el programa nuclear iraní, ha conseguido una modificación en las condiciones de esa vigilancia. Los inspectores de la AIEA ya no van a poder visitar en persona las instalaciones iraníes, tan sólo quedarán las cámaras de vídeo que mantienen una vigilancia permanente. Pero las grabaciones de esas cámaras se borrarán dentro de tres meses, con lo que, si Washington no vuelve para entonces al acuerdo nuclear, perderá el hilo de lo que está haciendo Irán en sus instalaciones nucleares y volveremos a la crisis y las amenazas de conflicto armado, hasta ahora por fortuna vacías.