La regata Oxford-Cambridge se traslada

El covid y grietas en un puente del Támesis obligan a cambiar de sitio la prueba


Londres

El covid-19 sigue alterando costumbres, tradiciones y rituales en el Reino Unido. Así, por segundo año consecutivo, los londinenses no podrán disfrutar de la célebre regata Oxford-Cambridge, en la cual, estudiantes de ambas ciudades universitarias se vienen batiendo cada año desde 1829 para ver cuál es la mejor. Ante las restricciones impuestas por las autoridades para evitar la propagación del coronavirus, sus organizadores han decidido que la misma no se desarrolle en el río Támesis.

La carrera, prevista para el próximo 3 de abril, tendrá como escenario el río Great Ouse, a unos 130 kilómetros al norte de la capital británica. Esta es la primera vez desde 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, que la célebre competición se desarrollará en este río, el cual está a pocos kilómetros de la localidad de Cambridge.

El evento que, año tras año, hace que 250.000 londinenses se congreguen en las riberas del Támesis fue cancelado el año pasado, debido a la irrupción de la pandemia. Y aunque las autoridades británicas esperan levantar el actual confinamiento que rige sobre el país, desde el pasado 20 de diciembre, en las próximas semanas se prevé que algunas medidas de distanciamiento social se mantendrán en vigor para la fecha en la que está prevista la celebración de la carrera. Por ello, The Boat Race Company (BCRL), la empresa que organiza la competición, ha optado por cambiar la locación.

«Si bien nos entristece no poder dar la bienvenida a los cientos de miles de espectadores habituales a lo largo del curso, invitaremos a nuestras comunidades y al público en general a participar a través de nuestras redes sociales y disfrutar del evento histórico en la BBC», afirmó Gilbert Chair, presidente de la BCRL, quien agregó: «Organizar la carrera de forma segura y responsable es nuestra máxima prioridad».

Otras razones

Pero el covid-19 no es la única razón por la cual los londinenses se perderán otra vez uno de sus grandes acontecimientos deportivos. Las fallas detectadas hace casi tres años en las bases y la estructura del puente de Hammersmith es otro motivo. A principios del 2019, inspectores de caminos detectaron grietas en el puente colgante, de 210 metros de longitud, el cual data de 1887. Los hallazgos hicieron que las autoridades cortaran el tráfico rodado durante más de dos años, pero la situación, lejos de mejorar, ha empeorado y, por ello, desde agosto pasado también lo cerraron a los ciclistas y peatones.

Tradicionalmente, la regata discurre justo debajo del puente de acero, donde cientos de personas se apiñaban para ver a los remeros. Los expertos creen que la vía no aguantará el peso de la multitud.

El diario londinense The Guardian, en un reportaje publicado el pasado fin de semana, denunciaba que el caso del puente de Hammersmith no era único en la capital británica ni en el país, pero sí era emblemático, porque, más de dos años después, las autoridades locales y nacionales no han podido diseñar un plan que permita recuperarlo, lo cual podría hacer que la factura de casi 200 millones de euros, en la que se han cifrado los trabajos, se eleve.

La investigación periodística, además, revela que unos 4.000 puentes, carreteras y autovías en todo el Reino Unido requieren intervención.

Municipales, en mayo

El caso del puente y sus repercusiones en la emblemática competición seguramente aderezarán la campaña para las elecciones locales de mayo próximo, donde los laboristas esperan retener el ayuntamiento de Londres y los tories recuperarla.

Sea como fuere, restan semanas para ver si Cambridge mantiene su liderato en el número de victorias o si las chicas y chicos de Oxford pueden reducir la brecha que los separa de sus eternos rivales en los remos.

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