Tensión en la primera conversación entre Joe Biden y Xi Jinping a causa de Taiwán, Xinjiang y Hong Kong

María Puerto PEKÍN / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

Biden y Xi, en el 2013, cuando el primero era vicepresidente de EE.UU.
Biden y Xi, en el 2013, cuando el primero era vicepresidente de EE.UU.

Los derechos humanos y las reglas del comercio separan a las dos potencias

11 feb 2021 . Actualizado a las 16:41 h.

Xi advirtió que el enfrentamiento entre China y Estados Unidos sería un «desastre», mientras que Biden presionó con los abusos en materia de derechos humanos y las malas prácticas comerciales de Pekín. El resumen de la conversación telefónica entre los dos presidentes refleja la amplia distancia y el campo de minas que separan a los dos países. 

En vísperas del Año Nuevo chino y con el diplomático pretexto de felicitar las fiestas, el presidente de EE.UU., Joe Biden, llamó el jueves a su homólogo chino, Xi Jinping, para mantener la primera conversación directa entre los líderes de las dos primeras economías mundiales. 

Desde China y horas antes de que la población se congregara ante el televisor para ver la patriótica y larguísima gala de Año Nuevo, con la que se inicia el periodo vacacional, los medios se esforzaron en transmitir el mensaje de Xi Jinping. Según la emisora estatal CCTV, Xi defendió la cooperación como la única opción correcta y recalcó «que la confrontación es definitivamente un desastre». También mostró las líneas rojas sobre las que no será posible ninguna aproximación y son los asuntos que China defiende como internos y que afectan a su soberanía nacional e integridad territorial: es decir, Taiwán, Hong Kong y Xinjiang.

Por su parte, la Casa Blanca aseguró que Joe Biden planteó al presidente chino su inquietud por las prácticas económicas «coercitivas e injustas» de Pekín y la preocupación por la represión de Hong Kong, la violación de los derechos humanos en el Xinjiang y el aumento de la presión sobre Taiwán, con la amenaza de reunificación por la fuerza. 

Biden llamó a Xi con los deberes hechos y marcando su territorio. En las horas previas había anunciado la creación de un grupo de trabajo para revisar la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos con China. Y durante las semanas que lleva al frente de la Casa Blanca ha mantenido contactos con los vecinos asiáticos de Pekín. Al primer ministro japonés, Yoshihide Suga, le ha prometido apoyo para proteger las islas Senkaku, en disputa con China. En su llamada al primer ministro australiano, Biden subrayó que la alianza entre los dos países era esencial para estabilizar el Asia-Pacífico. Al otro gigante asiático, la India, con el que China rivaliza e incluso mantiene un contencioso fronterizo, Biden no dudó en ofrecer estrechar la cooperación para promover un «Indo-Pacífico libre y abierto».

Desde China, el cambio de Administración en Washington se mira con recelo y expectación. Comparado con Trump, Biden es un moderado que puede reconducir las relaciones lejos de las salidas de tono y amenazas de los últimos años. Biden tiene experiencia en las relaciones con China y ya conoce a Xi Jinping del período en el que fue vicepresidente de Obama y realizó viajes por el gigante asiático. 

Pero es precisamente la habilidad del nuevo presidente norteamericano para recomponer relaciones y tejer alianzas lo que preocupa a Pekín. Biden puede estar más interesado en la geoestrategia que en las simples reclamaciones comerciales que exigía Trump.

Al margen de la guerra comercial y la escalada de aranceles, la China de Xi Jinping se sentía cómoda con un presidente como Trump, que huía del multilateralismo, recurría a los insultos y no le preocupaban los derechos humanos. Podía ejercer de defensor de la globalización y de país responsable. 

En su primer discurso sobre política exterior, pronunciado la semana pasada, Biden calificó a China como el «más serio competidor» de Estados Unidos. Un aviso de que Washington no bajará la guardia y los vetos a las tecnológicas chinas seguramente se mantendrán.

Pero hay otros campos como la lucha contra el cambio climático y la colaboración para acabar con la pandemia de covid-19 en que los dos países pueden colaborar sin fricciones.