Borrell defiende la necesidad de su viaje a Moscú entre peticiones de dimisión

Advierte de «los intentos de Rusia» por dividir a los Veintisiete y anuncia sanciones


bruselas / colpisa

Lo evidente. La relación con Rusia ha tocado fondo tras el polémico viaje a Moscú de Josep Borrell. Lo previsible. La UE se prepara para activar un nuevo paquete de sanciones como respuesta a la humillación -congelar los bienes de algunos de los oligarcas del país en suelo europeo se planteó como una herramienta efectiva-. Y el reto. Reconstruir toda una estrategia diplomática priorizando a la sociedad civil sin cerrar otros canales de diálogo por esa «estrecha interdependencia» económica o por esos proyectos controvertidos como el gasoducto Nord Stream 2 alemán. Y en medio de eso la petición de dimisión de más de setenta eurodiputados, principalmente del Este y el centro de Europa, que reclamaron en una demoledora carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

El alto representante de la UE para Política Exterior tuvo que rendir cuentas de su fallida misión a la capital rusa en el Parlamento Europeo y lo hizo con un torrente de términos que dibujaban su frustración (desconfianza, decepción o parálisis), pero también con un vehemente llamamiento a la unidad para frustrar la estrategia de Moscú: «Los intentos de Rusia, una y otra vez, de dividirnos. No lo han conseguido. No podemos caer en la trampa».

Borrell era consciente de que asumía «riesgos» en vísperas del viaje, pero defendió la necesidad de la visita. «No me hice muchas ilusiones. Esta visita acarreaba riesgos manifiestos que yo asumí porque nosotros hemos gestionado el asunto Navalni. Pero quería tomar el pulso allí. Y estoy más preocupado después de este viaje (...) Rusia esta degenerando por una ruta autoritaria. No tiene miramientos para oprimir a la oposición». Una conclusión que necesitaba confirmar sobre el terreno, entre otras razones de cara a la reunión de ministros de Exteriores del día 22, en la que propondrá acciones contra Moscú.

El Kremlin criminalizará los llamamientos de la oposición a imponer sanciones al país

Los llamamientos del Fondo de Lucha contra la Corrupción (FBK) del líder opositor ruso, Alexéi Navalni, para imponer sanciones internacionales a Rusia no son todavía una contravención desde el punto de vista legal, pero pronto serán reconocidos como delitos, según anunció este martes el Kremlin. «De iure esto todavía no es una contravención, pero ya sabemos que en nuestro Parlamento fue anunciada una iniciativa que contemplaría estas acciones como un delito», aseveró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, según recoge Efe.

Se refería a las solicitudes de los seguidores del opositor preso formuladas a Estados Unidos y la Unión Europea (UE) en los últimos días para que impongan nuevas sanciones a altos funcionarios rusos y el círculo cercano del presidente Vladimir Putin, al que Navalni acusa de haber ordenado su envenenamiento en agosto pasado.

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