Todo ha cambiado. La semana pasada la crisis política italiana parecía camino de resolverse. Una semana después también parece encaminada a una resolución, pero a otra completamente distinta: ahora todo apunta a un Gobierno presidido por un independiente, Mario Draghi. La idea es que Draghi encabece un gabinete entre tecnocrático y político. Cuánto vaya a tener de una cosa y de otra es la cuestión clave. De momento, Draghi ha comenzado sus consultas con los partidos con muy buen pie. De hecho, este viernes tenía votos más que suficientes para formar una mayoría en el Parlamento. Hasta se podría decir, paradójicamente, que tenía demasiados. Demasiados, porque los partidos que le ofrecen apoyo, y que van desde el Partido Democrático (izquierda) a la Forza Italia de Berlusconi (derecha) son difícilmente conciliables en un Gobierno que se abra a ministros políticos. Pero incluso la Liga de Matteo Salvini (derecha radical) está valorando echarse en brazos de Draghi, lo que complicaría mucho más las cosas para el posible nuevo primer ministro.

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Los dos escollos de la «operación Draghi»