Una UE dividida reabre el diálogo con Rusia en plena tensión por el caso Navalni

Borrell exige la liberación del opositor ruso mientras Bruselas cuestiona la oportunidad de una misión con muchos frentes abiertos


bruselas / colpisa

¿Salvará Josep Borrell su viaje a Moscú? Esa es la gran incógnita que planea sobre la misión diplomática de dos días que el Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad desarrolla en la capital rusa. En su agenda, restablecer el diálogo con el régimen de Vladimir Putin, pero hay asuntos especialmente controvertidos como las acciones expansionistas de Rusia ueen Ucrania, el acuerdo nuclear de Irán, o el respeto de las libertades y derechos humanos, como el caso de Alexéi Navalni.

Esta es la cuestión que ensombrece todo: el encarcelamiento del opositor y la fuerte represión policial contra sus seguidores en las protestas que tienen lugar por todo el país. La oportunidad es discutible. Incluso el propio Borrell admitía el lunes el carácter «polémico» de la cita.

Que Borrell pueda ir más allá de insistir en la liberación de Navalni a las autoridades rusas, manteniendo incluso una entrevista personal con el opositor, ni se descartaba ni se confirmaba ayer en la capital comunitaria. Lo desechado expresamente por el propio Borrell era la excarcelación: «No creo que consiga la liberación de Alexéi Navalni».

El jefe de la diplomacia tiene previsto mantener reuniones con representantes de la sociedad civil rusa, al margen del encuentro institucional clave con el responsable de Exteriores de la Federación, Serguéi Lavrov.

En Bruselas han arreciado las críticas por lo inoportuno de la cita, los objetivos poco concretos y una agenda que se ha llegado a tildar en la Eurocámara de poco transparente.

A ello se añade una declaración de condena de los Veintisiete que se gestó en la división y que no pulsa el botón de sanciones contra el régimen. No, de momento. La UE opta por esperar. Guarda esa bala en la recámara para no malograr una misión de Borrell, de la que, en todo caso, se esperan escasos resultados. Llegar a la redacción definitiva del texto de condena fue complejo porque entre los Veintisiete existen dos sensibilidades muy marcadas. De un lado, la de los países del Este y las repúblicas bálticas, que exigen una respuesta internacional más contundente. De otro, una posición más fría y cauta del eje franco-alemán.

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