Ramón Pereira, un compostelano en Washington: «El experimento del populismo ha salido mal»

Esperanza Balaguer WASHINGTON / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

Ramón Pereira lleva 25 años como mánager de la Taberna del Alabardero, situada a dos manzanas de la Casa Blanca
Ramón Pereira lleva 25 años como mánager de la Taberna del Alabardero, situada a dos manzanas de la Casa Blanca ESPERANZA BALAGUER

Lleva 25 años como mánager de la Taberna del Alabardero, uno de los pocos restaurantes que continúan abiertos en la capital tomada por 25.000 soldados de la Guardia Nacional

20 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«Las tomas de posesión siempre son una fiesta, viene gente de todos lados, hay seguridad, pero nunca había visto nada igual», cuenta preocupado Ramón Pereira, nacido en Santiago de Compostela y mánager de la Taberna del Alabardero de Washington desde hace 25 años. El restaurante, situado a dos manzanas de la Casa Blanca, es uno de los pocos que continúan abiertos en la capital tomada por 25.000 soldados de la Guardia Nacional, tres veces el despliegue de Irak, Afganistán y Siria. El cerco militarizado alrededor del Capitolio y el National Mall es un despliegue nunca visto de vallas, alambre, bloqueos de cemento y el control de los servicios secretos que impiden el paso a los viandantes cada pocos metros.

«Lo que no hicieron el otro día, ahora lo exageran por dos», se queja Pereira. El 6 de enero, estaba en el restaurante cuando los teléfonos de los 700.000 habitantes de la capital de EE.UU. vibraron con el aviso del asalto al Capitolio de los seguidores de Donald Trump. Los clientes apuraron los platos y se marcharon a toda prisa. El local echó el cierre a las cinco de la tarde. Desde ese momento, cualquier atisbo de normalidad de cara a la toma de posesión de Joe Biden quedó anulado. Washington vive las horas previas a la celebración desierta, tomada por los militares y por una horda de periodistas desorientados sin apenas gente a la que preguntar.

«Esto no es una democracia», lamenta el gallego. La amenaza de la violencia extremista queda como el legado de Trump: «El experimento del populismo ha salido mal».