Ramón Pereira, un compostelano en Washington: «El experimento del populismo ha salido mal»

Lleva 25 años como mánager de la Taberna del Alabardero, uno de los pocos restaurantes que continúan abiertos en la capital tomada por 25.000 soldados de la Guardia Nacional

Ramón Pereira lleva 25 años como mánager de la Taberna del Alabardero, situada a dos manzanas de la Casa Blanca
Ramón Pereira lleva 25 años como mánager de la Taberna del Alabardero, situada a dos manzanas de la Casa Blanca

Washington / E. La Voz

«Las tomas de posesión siempre son una fiesta, viene gente de todos lados, hay seguridad, pero nunca había visto nada igual», cuenta preocupado Ramón Pereira, nacido en Santiago de Compostela y mánager de la Taberna del Alabardero de Washington desde hace 25 años. El restaurante, situado a dos manzanas de la Casa Blanca, es uno de los pocos que continúan abiertos en la capital tomada por 25.000 soldados de la Guardia Nacional, tres veces el despliegue de Irak, Afganistán y Siria. El cerco militarizado alrededor del Capitolio y el National Mall es un despliegue nunca visto de vallas, alambre, bloqueos de cemento y el control de los servicios secretos que impiden el paso a los viandantes cada pocos metros.

«Lo que no hicieron el otro día, ahora lo exageran por dos», se queja Pereira. El 6 de enero, estaba en el restaurante cuando los teléfonos de los 700.000 habitantes de la capital de EE.UU. vibraron con el aviso del asalto al Capitolio de los seguidores de Donald Trump. Los clientes apuraron los platos y se marcharon a toda prisa. El local echó el cierre a las cinco de la tarde. Desde ese momento, cualquier atisbo de normalidad de cara a la toma de posesión de Joe Biden quedó anulado. Washington vive las horas previas a la celebración desierta, tomada por los militares y por una horda de periodistas desorientados sin apenas gente a la que preguntar.

«Esto no es una democracia», lamenta el gallego. La amenaza de la violencia extremista queda como el legado de Trump: «El experimento del populismo ha salido mal».

A pesar del cansancio, Pereira mantiene la esperanza de que el demócrata instale la sensatez y la ciudad recupere algo de normalidad, tras meses tomada, primero por los activistas de Black Lives Matter y después por los fieles al republicano. Nadie podrá asomarse a ver las 200.000 banderas instaladas frente al Capitolio para simbolizar al público ausente.

Aún así, hay algunos que no desisten de la tradición. Farah, un iraní de 60 años llegado de adolescente, ha viajado desde Virginia antes del cierre de carreteras previsto, para no perderse su quinta toma de posesión. «Me gusta ser parte de la historia», dice resignado frente a la valla que protege La Casa Blanca. Washington, más que miedo, respira tristeza.

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