El futuro político de Trump se tambalea mientras Biden apela a la unidad del país

El «impeachment» amenaza las aspiraciones del republicano para el 2024


redacción / la voz

Estados Unidos vive sumido en una profunda crisis institucional, pero también permanece atrapado «en las garras de un virus mortal y una economía tambaleante». Lo dice Joe Biden, cuya toma de posesión el próximo día 20 mantiene activadas todas las alarmas ante la amenaza de que la violencia vuelva a estallar en el corazón de Washington. Por eso ha instado al Senado a afrontar el proceso de destitución de Donald Trump, aprobado esta semana por la Cámara de Representantes y que puede acabar con su futuro político, sin dejar de trabajar en los «otros asuntos urgentes» que atenazan al país.

«Espero que el liderazgo del Senado encuentre una manera de lidiar con sus responsabilidades constitucionales en el juicio político mientras también trabaja en otros asuntos urgentes de esta nación», declaró el presidente electo tras la votación en el Congreso, en la que la imputación del mandatario republicano por «incitar a la insurrección» que llevó al asalto al Capitolio salió adelante con 232 votos, una decena de ellos republicanos.

El demócrata se ha puesto como objetivo reforzar las maltrechas costuras de la cada vez más polarizada sociedad estadounidense y, consciente también de la ira que ha generado entre sus correligionarios el atropello de Trump a las reglas democráticas, se ha comprometido a garantizar que los estadounidenses «permanezcan unidos como nación» cuando se convierta el miércoles en presidente.

Con la lucha contra la pandemia y la recuperación económica como metas inmediatas, Biden tiene entre manos un plan de estímulo fiscal, cuyo coste rondaría los 1,5 billones de dólares, con más ayudas directas a los ciudadanos y empresas, y un mayor gasto para la vacunación contra el covid-19, según adelantaron ayer los medios estadounidenses.

Pero el impeachment seguirá sobre la mesa después del día 20, porque el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, descartó tras la votación en el Congreso que el procedimiento en la Cámara Alta vaya a iniciarse antes de la toma de posesión del nuevo presidente.

Pese a ello, el Senado, que pronto controlarán los demócratas, tiene en su mano bloquear las ambiciones políticas de Trump para el 2024 y privarle de la pensión vitalicia y los otros beneficios a los que tienen derecho los expresidentes. McConnell no ha mostrado su oposición a que el magnate neoyorquino sea declarado culpable de la acusación preparada por los demócratas, incluso después de abandonar su puesto, algo que permite la Constitución en caso de expresidentes, según recoge Efe.

Si el juicio político obtiene el apoyo de dos tercios del Senado, incluso con Biden instalado en la Casa Blanca, el mandatario republicano sería acusado formalmente de «altos crímenes» y se abriría la puerta a privarle posteriormente de casi todos los beneficios de ser expresidente y asegurarse que no vuelve a optar a un puesto político de por vida.

Mientras se dirime el futuro político de Trump, continúa la cascada de dimisiones de altos funcionarios de su Administración. Ayer se conoció la del director interino del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE), Jonathan Fahey, que renunció solo dos semanas después de asumir el cargo tras la renuncia, a su vez, de Tony Pham.

Los diez primeros republicanos en dar la espalda a Trump

M. gallego

Donald Trump es ya el primer presidente de la historia de Estados Unidos en enfrentar dos impeachments. Si en el primero, por la trama rusa que la Cámara de Representantes votó en diciembre del 2019, ningún legislador republicano se unió a los demócratas, después de sentir el peligro en carne propia la semana pasada, diez de sus correligionarios votaron a favor de pasarle factura junto a todos los demócratas e independientes, hasta dejar el resultado en 232 a 197 a favor de su proceso de destitución.

«El presidente de EE.UU. convocó a la masa, la organizó y encendió la llama de este ataque. Todo lo que siguió fue producto suyo», le acusó la diputada conservadora Liz Cheney, que por haberle apoyado durante su mandato y ser hija del siniestro vicepresidente de George W. Bush tuvo un enorme peso moral al liderar el cisma. «Nunca ha habido una traición mayor a su cargo de un presidente de EE.UU. y al juramento que ha hecho de defender la Constitución».

Aún así, cerca de 200 prefirieron dejar correr su papel en la insurrección del Día de Reyes, un acto que la portavoz del Congreso calificó de «terrorismo doméstico». Trump había logrado su propósito: aterrorizar a los posibles políticos desleales con una demostración de fuerza que le hace aún más poderoso.

«¿A qué tenéis miedo?», preguntó a sus colegas la congresista republicana por Washington Jaime Herrera Beutler. «Nuestro enemigo aquí no es el presidente ni sus seguidores, sino el miedo, que no solo incita a la violencia y al fuego, sino que nos lleva al silencio y la inacción». No era solo el miedo a que el poder del trumpismo les cueste el cargo en las próximas elecciones. Bajo la cobertura del off the record, muchos legisladores habían confesado estar aterrorizados ante la posibilidad de que las huestes de Trump se vuelvan contra ellos y amenacen su vida o la de sus familiares. Les vieron cargar contra el Capitolio sin temer a la Policía o a las medidas de seguridad. Les oyeron insultar y amenazar al senador Lindsey Graham en el aeropuerto por condenar las acciones del presidente. Y todos podían imaginarse estremecidos lo que les pasaría si votaban a favor de un segundo impeachment, un riesgo que consideraban innecesario al quedarle solo una semana en el cargo.

«A mí me da miedo lo que digan de mí, pero me da más miedo que mis hijos crezcan en un país que no sea libre», insistió Herrera. «Por eso no voy a basar mi voto en el miedo, sino en la verdad». La verdad, aseguraron uno tras otro los que creen necesario ponerle freno, es que si bien Trump se cuidó de medir sus palabras a la masa que incitó a «descender sobre el Capitolio» para «defender la Constitución y la democracia», pudo haber hecho un llamamiento a la calma si de verdad hubiera querido frenar la violencia, pero no lo hizo. En lugar de eso, contó la congresista demócrata por Florida Maxine Waters, se quedó viendo por televisión los disturbios que han traumatizado a EE.UU., «y dicen que lo disfrutó».

Trump no perderá el cargo antes de tiempo porque el Senado no está ahora en sesión y su líder, Mitch McConnell, ya ha anunciado que no lo convocará antes del 20, pero también ha dado señales de que podría votar a favor de condenarle cuando llegue el momento. Solo así se asegurará de que no vuelve a ocupar un cargo público en el futuro.

El FBI urge a la policía a reforzar su dispositivo para la toma de posesión

Directivos del FBI han advertido a los jefes de policía de grandes ciudades de Estados Unidos que sus fuerzas deben estar en «alerta roja» y que deben comunicar toda la información de inteligencia de la que dispongan de cara a posibles ataques violentos con motivo de la investidura del demócrata Joe Biden como presidente de EE.UU., que tendrá lugar el próximo 20 de enero.

Según el New York Times, el director del FBI, Christopher Wray, y el director interino del Servicio de Ciudadanía y de Inmigración de EE.UU., Kenneth Cuccinelli, se mostraron en una llamada telefónica de 45 minutos profundamente preocupados por la posibilidad de que se desate violencia extremista, contaron al medio algunos de los participantes en la conversación.

Wray apuntó en la llamada que «hay que seguir compartiendo demasiada información de inteligencia», dijo el jefe del Departamento de Policía de Miami, Jorge Colina. «No quieren que asumamos que ellos ya saben algo en concreto, así que cualquier cosa con la que nos crucemos, que por favor se la enviemos», apuntó Colina.

Los altos cargos señalaron además que lanzarán una advertencia de amenaza nacional en la que se urgirá a todos los estadounidenses a ser cautos en los próximos días, según un policía que también escuchó la llamada pero que pidió permanecer en el anonimato dado el carácter confidencial de la información.

Un «mortífero» ataque

Por su parte, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, pidió ayer que «rindan cuentas» los responsables del «mortífero» ataque al Capitolio y aseguró que ese asalto es «inaceptable». «En cuanto al mortífero asalto del Capitolio en Washington, creo que es importante que todos aquellos responsables rindan cuentas. La democracia siempre debe prevalecer sobre la violencia y confío en que las instituciones democráticas de Estados Unidos manejarán este desafío que han visto, especialmente, durante la semana pasada», declaró.

Stoltenberg insistió en su rechazo a la acción de los seguidores de Trump. «Eso es absolutamente inaceptable y dije con mucha claridad muy pronto que eso era espeluznante y que el resultado de la elección debe respetarse y que tenemos que asegurarnos de que nuestros valores democráticos se respetan en su totalidad», subrayó.

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