La violencia extremista amenaza la toma de posesión de Joe Biden

El FBI y el Pentágono alertan de protestas «armadas» en los próximos días


nueva york / e. la voz

Miles de extremistas armados pro Donald Trump se preparan para rodear el Capitolio antes de la toma de posesión del presidente electo Joe Biden el próximo miércoles. «Están hablando de 4.000 ‘patriotas’ armados para rodear el Capitolio y evitar que entre cualquier demócrata», explicó a la CNN el congresista demócrata Conor Lamb, presente en una reunión celebrada el lunes sobre las amenazas tras la insurrección del 6 de enero.

Los fieles a Trump planean nuevas acciones en los próximos días con la intención de culminar en la llamada Marcha del Millón de Milicias el 20 de enero en Washington. El FBI y el Pentágono han lanzado esta advertencia, mientras la alcaldesa de la capital, Muriel Bowser, pide a los estadounidenses que no acudan al evento.

El FBI envió el lunes un informe interno a las fuerzas policiales para avisar de posibles «protestas armadas» en las sedes de los gobiernos de los 50 estados a partir del sábado. Un grupo armado «identificado» pretende viajar ese día a Washington para manifestarse ante el Capitolio, según el documento publicano por la cadena ABC. La tensión puede aumentar después de que los demócratas de la Cámara de Representantes aprueben este miércoles la apertura del segundo juicio político contra Trump. La víspera de la insurrección contra el Congreso, una oficina del FBI en Virginia emitió una advertencia sobre el posible ataque de los extremistas, que compartían mapas de los túneles del complejo y fijaban los puntos de reunión antes de dirigirse a Washington, según publicó ayer The Washington Post.

El Pentágono también está al tanto de las amenazas por parte de «potenciales terroristas». Así lo expresó el secretario del Ejército, Ryan McCarthy, en una conversación telefónica con el congresista Jason Crow, que hizo pública la transcripción. Las fuerzas de seguridad, confirmó McCarthy, se incautaron en las inmediaciones del Capitolio de armas de fuego, cócteles molotov, artefactos explosivos y bridas, lo que indica que se evitó por poco un desastre mayor.

Los fieles a Trump están usando canales encriptados para llamar a la violencia contra los funcionarios del Gobierno, después de la censura aplicada por la mayoría de las redes sociales, según explicó a la NBC Chris Sampson, jefe del Proyecto de Métricas de Estrategia, que analiza este tipo de interacciones en la red.

«Esta violencia puede suceder otra vez», advirtió el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, en una rueda de prensa en Nueva York. Schumer pidió al FBI que incluya a los insurgentes que aún no han sido detenidos en la Lista de Prohibición de Vuelo, creada para controlar el movimiento de terroristas, para evitar que vuelvan a Washington. El lunes por la noche, Trump cedió a las peticiones de la alcaldesa de la capital, declaró el estado de emergencia y aprobó los fondos para asegurar la seguridad de la toma de posesión. Cerca de 15.000 soldados de la Guardia Nacional llegarán esta semana a la ciudad. «La amenaza de Trump no se acaba el día 20», advirtió Bowser.

Trump cree que el «impeachment» solo producirá «más ira y peligro para el país»

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reapareció ayer por primera vez en persona, sin un atisbo de arrepentimiento, transcurridos seis días del asalto al Capitolio. Antes de embarcar al Air Force One rumbo a la frontera con México, Trump se acercó a la prensa para calificar de «totalmente apropiada» la arenga a sus fieles para que marcharan hacia la sede del Gobierno antes de que se desatara la insurrección, que se saldó con cinco fallecidos. «No queremos violencia», se limitó a decir el presidente, a ocho días de abandonar el cargo y en medio de la convulsa situación que atraviesa el país.

Mientras Trump se homenajeaba a sí mismo por la construcción del muro entre México y Estados Unidos, la Cámara de Representantes votaba dar 24 horas al vicepresidente Mike Pence para invocar la 25.ª enmienda de la Constitución para destituirle por incapacidad. «No supone un riesgo para mí», declaró el presidente en el acto celebrado en la localidad de Alamo (Texas). La noche anterior había tenido una conversación «cordial» con Pence en la Casa Blanca por primera vez desde el asalto, según declaró a Reuters una fuente del entorno del presidente.

De nuevo la caza de brujas

Diferente fue su posición sobre la apertura de un segundo juicio político —impeachment— contra él por «incitar una insurrección», que los demócratas tiene previsto aprobar este miércoles en el Congreso, si Pence no cede ante el ultimátum. «Solo producirá más ira y peligro para el país», advirtió el mandatario saliente, quien volvió a recurrir a su denuncia de la existencia de una caza de brujas contra él. La amenaza del presidente llegó al mismo tiempo que el FBI advertía sobre el peligro de violencia que se cierne sobre el país durante sus últimas semanas en el cargo. Y especialmente sobre la ceremonia de toma de posesión de Biden, que varios grupos de ultraderecha planean boicotear.

El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, acusó al presidente republicano de echar mano de la «patética técnica» de culpar a otros utilizada por «los peores dictadores» de la historia. «No puede seguir un día más en el cargo», añadió Schumer, en una rueda de prensa celebrada en Nueva York.

Pocos se creen ya sus tibias llamadas a la paz y al respeto de la ley. «Somos una nación de ley y de orden», insistió. Los líderes republicanos de la Cámara de Representantes han decidido no presionar a los miembros del partido para que voten contra la acusación a Trump. Lo que supone una ruptura tácita con el presidente, mientras se apresuran a evaluar el apoyo entre sus filas de cara a la votación. Los republicanos temen que el rechazo que el mundo empresarial ha comenzado a dispensar contra Trump, sus asesores y los legisladores que votaron en contra de certificar el triunfo de Biden les llegue a ellos.

Dimite el secretario de seguridad nacional mientras se investiga a varios agentes del Capitolio

El secretario interino de Seguridad Nacional de EE.UU., Chad Wolf, se convirtió este lunes en el tercer miembro del gabinete de Donald Trump en renunciar tras el asalto al Capitolio, aunque no aclaró si su decisión de dimitir está relacionada con ese incidente. «Me entristece dar este paso, ya que mi intención era servir al Departamento hasta el final de esta Administración», señaló en Wolf al anunciar su dimisión en una carta.

El alto cargo anticipó que el administrador de la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias, Peter Gaynor, le sucederá de forma interina. Wolf dijo que su decisión «está justificada por acontecimientos recientes, incluidos los fallos judiciales en curso y sin pruebas sobre la validez» de su autoridad como secretario en funciones.

Policías suspendidos

En paralelo, varios policías encargados de resguardar el Capitolio han sido suspendidos mientras se investiga el asalto a ese complejo por parte de seguidores de Donald Trump, según anunció la nueva jefa en funciones de esa fuerza, Yogananda Pittman.

El demócrata Tim Ryan había indicado que dos policías fueron suspendidos y que están en curso de 10 a 15 investigaciones contra agentes de esa fuerza. Uno de ellos posó al parecer junto a uno de los asaltantes y otro se colocó un sombrero alusivo a Trump, según medios locales.

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