Donald Trump no claudica y continúa la presión para revertir los resultados en Georgia

Su polémica llamada de una hora: «Quiero que me encuentres 11.780 votos»

Marjorie Taylor Greene, seguidora del conspiranoico QAnon, con la mascarilla «Trump ganó», ayer en el Congreso de EE.UU.
Marjorie Taylor Greene, seguidora del conspiranoico QAnon, con la mascarilla «Trump ganó», ayer en el Congreso de EE.UU.

Nueva York / E. La Voz

Un desesperado Donald Trump cogió el teléfono el pasado sábado para presionar a los líderes republicanos en Georgia para que cambiaran los resultados de las elecciones presidenciales en el Estado en su favor. La llamada, de una hora de duración, revelada el domingo por la noche por la CNN y The Washington Post, se ha convertido en la evidencia definitiva de los intentos del presidente por robar los comicios al ganador Joe Biden.

El escándalo va camino de superar a la repercusión histórica de las cintas de Richard Nixon, que provocaron la dimisión del republicano en agosto de 1974 por el caso Watergate. Si a Nixon le pillaron intentado usar a la CIA para bloquear la investigación del FBI sobre su plan de pinchar los teléfonos del Comité Nacional Demócrata, a Trump le han cazado tratando de hacer cómplices a los republicanos en su ataque al sistema democrático. «Es mucho peor que lo de Nixon», declaró a la CNN el legendario periodista Carl Berstein, quien destapó el caso junto a Bob Woodward.

A dos semanas del traspaso de poderes, el magnate neoyorquino no tiene previsto dimitir como hizo su antecesor ante unos intentos de abuso de poder que podrían constituir delitos federales y estatales. Trump pidió al secretario de Estado de Georgia, el republicano Brad Raffensperger, que anunciara un cambio en el recuento bajo amenazas de acciones legales y desgranando toda clase de teorías conspirativas del presunto fraude electoral. «Solo quiero que me encuentres 11.780 votos», le dijo en una conversación en la que también participó su jefe de gabinete, Mark Meadows, varios asesores legales y el abogado del Estado de Georgia, Ryan Germany.

Una frase para la posteridad que muestra la ansiedad del presidente por rebasar por una papeleta los 11.779 votos que le sacó Biden el pasado 3 de noviembre. Raffensperger, que se confirma que es el responsable de la filtración, contestó a las presiones con largos silencios y parcas palabras. «Bueno, señor presidente, el desafío que usted tiene es que sus datos están mal», le espetó en un momento dado. 

Integridad del proceso

Desde las presidenciales, el republicano se ha convertido en el máximo defensor de la integridad del proceso electoral frente a las acusaciones de Trump. Su resistencia se vuelve a poner a prueba este martes ante las cruciales elecciones que se celebran en Georgia, donde republicanos y demócratas se juegan el control del Senado, clave para que Biden pueda sacar adelante su agenda.

La incertidumbre se ceba con los líderes republicanos, cada vez más divididos por el presidente, ante los datos de participación anticipada. Más de tres millones de personas han votado ya, con 112.000 electores nuevos registrados respecto a las pasadas elecciones. Trump y Biden cerraron ayer la campaña con sendos mítines en el tradicional bastión republicano. Por otro lado, el Congreso certificará mañana los votos del Colegio Electoral a favor de Biden con una docena de senadores y congresistas republicanos dispuestos a plantear objeciones. Podrán retrasar, pero no impedir la confirmación.

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