Donald Trump no claudica y continúa la presión para revertir los resultados en Georgia

Esperanza Balaguer NUEVA YORK / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

Marjorie Taylor Greene, seguidora del conspiranoico QAnon, con la mascarilla «Trump ganó», ayer en el Congreso de EE.UU.
Marjorie Taylor Greene, seguidora del conspiranoico QAnon, con la mascarilla «Trump ganó», ayer en el Congreso de EE.UU. Bill O'Leary | Reuters

Su polémica llamada de una hora: «Quiero que me encuentres 11.780 votos»

05 ene 2021 . Actualizado a las 08:49 h.

Un desesperado Donald Trump cogió el teléfono el pasado sábado para presionar a los líderes republicanos en Georgia para que cambiaran los resultados de las elecciones presidenciales en el Estado en su favor. La llamada, de una hora de duración, revelada el domingo por la noche por la CNN y The Washington Post, se ha convertido en la evidencia definitiva de los intentos del presidente por robar los comicios al ganador Joe Biden.

El escándalo va camino de superar a la repercusión histórica de las cintas de Richard Nixon, que provocaron la dimisión del republicano en agosto de 1974 por el caso Watergate. Si a Nixon le pillaron intentado usar a la CIA para bloquear la investigación del FBI sobre su plan de pinchar los teléfonos del Comité Nacional Demócrata, a Trump le han cazado tratando de hacer cómplices a los republicanos en su ataque al sistema democrático. «Es mucho peor que lo de Nixon», declaró a la CNN el legendario periodista Carl Berstein, quien destapó el caso junto a Bob Woodward.

A dos semanas del traspaso de poderes, el magnate neoyorquino no tiene previsto dimitir como hizo su antecesor ante unos intentos de abuso de poder que podrían constituir delitos federales y estatales. Trump pidió al secretario de Estado de Georgia, el republicano Brad Raffensperger, que anunciara un cambio en el recuento bajo amenazas de acciones legales y desgranando toda clase de teorías conspirativas del presunto fraude electoral. «Solo quiero que me encuentres 11.780 votos», le dijo en una conversación en la que también participó su jefe de gabinete, Mark Meadows, varios asesores legales y el abogado del Estado de Georgia, Ryan Germany.