Cuando la extrema derecha penetra en el Ejército y las fuerzas del orden

El supremacismo es visto en Alemania como la mayor amenaza para la seguridad


Foreign Affairs

La última década ha sido testigo de un aumento notable de los incidentes de violencia terrorista de extrema derecha en todo el mundo, desde el ataque del 2011 en Noruega, que dejó 77 muertos, a los tiroteos en dos mezquitas de Christchurch, en Nueva Zelanda, en el 2019, en los que fallecieron 51 personas. Los estadounidenses han llorado las matanzas en un Walmart de El Paso en el 2019, en una sinagoga de Pittsburgh en el 2018, y en una iglesia predominantemente negra en Charleston en el 2015, entre otros asaltos de supremacistas blancos, antisemitas y antiinmigrantes. El mundo se ha dado cuenta de la amenaza de la extrema derecha, pero otro acontecimiento preocupante no ha ganado la atención correspondiente: la penetración de estos extremistas en las filas de las fuerzas del orden y de las fuerzas armadas, las instituciones encargadas de mantener al público seguro.

Investigaciones de los medios y del Gobierno realizadas en Alemania en el 2020 destaparon redes organizadas de simpatizantes de la extrema derecha en las bases de los servicios de seguridad del país. El mes pasado, funcionarios de la inteligencia militar interrogaron a ocho personas, incluidos soldados alemanes, sospechosas de estar involucrados en un movimiento antigubernamental de «soberanía ciudadana». Los legisladores dieron entonces la alarma: «No hay lugar en el Ejército para los enemigos de la Constitución», afirmó el ministro de Defensa alemán.

A diferencia de Alemania, Estados Unidos no ha mostrado un reconocimiento del problema. En un informe publicado en agosto por el Centro Brennan, el exagente del FBI Michael German describió la respuesta del Gobierno de EE.UU. como «sorprendentemente insuficiente». Casi 15 años antes, el FBI advertía sobre la creciente «amenaza de los nacionalistas blancos» que podrían infiltrarse en la Policía, interrumpir las investigaciones y tratar de reclutar a otros oficiales. La advertencia no fue atendida. De acuerdo con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, la violencia de la derecha ha crecido en EE.UU. en los últimos seis años hasta representar la mayoría de los atentados conocidos en el país.

Las revelaciones oficiales

Durante décadas, las autoridades alemanas vieron el extremismo de extrema derecha y la supremacía blanca dentro de los servicios militares y de seguridad como unas pocas manzanas podridas. Pero ahora hay una conciencia de que esta presencia está generalizada y se ha fusionado en redes organizadas. A finales de noviembre, las autoridades alemanas realizaron dos investigaciones que identificaron a 26 soldados y nueve policías que participaron en grupos de chat que compartían contenido de extrema derecha y antisemita.

Las investigaciones se produjeron inmediatamente después de un informe de la agencia de inteligencia nacional que documentó más de 1.400 casos de extremismo de ultraderecha en la policía y en los servicios de inteligencia en los últimos cuatro años. A principios del 2020, el Ministerio de Defensa alemán identificó a 20 extremistas dentro de un pelotón de élite del Comando de Fuerzas Especiales dedicado al rescate y el antiterrorismo. Las autoridades disolvieron el pelotón, pero no antes de que 48.000 cartuchos de munición y más de 61 kilogramos de explosivos desaparecieran del arsenal de la unidad.

En el 2017, un soldado alemán se hizo pasar por un refugiado sirio y planeó un ataque terrorista de «falsa bandera» con el fin de atribuirlo a los extremistas islamistas. Grupos de extrema derecha y partidos políticos aprovecharon la crisis de refugiados del 2015, donde hubo casi un millón de solicitantes de asilo, en su mayoría musulmanes, que huían de los conflictos en Siria y de otros lugares buscando refugio en Alemania para promover políticas xenófobas. El informe anual de inteligencia nacional de Alemania, publicado en julio, documentó un aumento de más del 50 % en el número de extremistas de la derecha en el país desde el 2014. Según el ministro del Interior alemán, este extremismo representa la «mayor amenaza de seguridad para la nación».

Esa amenaza se ha manifestado cada vez más en las comunidades militares y policiales. Durante los últimos dos años, los medios de comunicación alemanes han documentado numerosos casos de radicalismo de extrema derecha en el Ejército, la policía y los servicios de seguridad, incluida la revelación de un grupo de soldados y agentes de policía que reunían armas en preparación para el colapso apocalíptico del orden estatal, para lo cual habían pedido cientos de bolsas para cadáveres y cal viva y habían utilizado bases de datos policiales para crear listas de objetivos de 25.000 políticos a favor de los refugiados.

Los alemanes están más sensibilizados que muchos otros con la amenaza de estas ideas debido al Holocausto y a las restricciones en el discurso y los símbolos afiliados al partido nazi. La policía está capacitada para evaluar delitos por motivos de extrema derecha, lo que hace que sea más probable que reconozcan las ideologías extremistas dentro de sus propias filas. Las agencias de inteligencia nacionales alemanas rastrean no solo los actos criminales de los radicales, sino también la cantidad precisa de extremistas que se cree que están presentes en el país, y emiten un informe público anual que desglosa las cifras por ideología y por cuántas personas se consideran de alto riesgo. En el 2017, el país implementó la legislación más estricta del mundo parar regula el discurso de odio en las redes sociales. Y a finales de noviembre, el gobierno federal alemán aprobó el conjunto de medidas más amplias contra el racismo y el extremismo de derecha en la historia moderna de Alemania, destinando más de mil millones de euros durante los próximos tres años para financiar 89 programas específicos.

Algunos críticos aún cuestionan la efectividad de la respuesta de Alemania a la participación de los extremistas en las fuerzas armadas y en la policía, y piden a los líderes que reconozcan que el problema se ha trasladado más allá de los casos individuales a redes de extremistas que, como mínimo, exigen investigaciones adicionales por parte de autoridades federales. Las autoridades alemanas han insistido, por ejemplo, en que menos del uno por ciento de los miembros de los servicios militares y de seguridad están involucrados en actividades de extrema derecha. Pero, dado el poder que estos oficiales tienen sobre las comunidades, junto con su amplia capacitación y acceso a las armas, cualquier extremismo en estas filas es motivo de preocupación. El informe de la agencia de inteligencia nacional advirtió que «el estado y la sociedad corren un peligro considerable si un funcionario armado se convierte en extremista». El ministro del Interior, Horst Seehofer, pidió que esas personas rindan cuentas. «Cada caso es un escándalo», aseguró.

EE.UU. debe calibrar la presencia de radicales en la policía

El rigor y la determinación de la respuesta alemana supera con creces los intentos de EE.UU. por controlar el radicalismo de extrema derecha en el Ejército y en las fuerzas del orden. La escala del problema en el país quedó clara este verano. El asesinato a manos de la policía de George Floyd en mayo inició unas protestas del movimiento Black Lives Matter que generaron la reacción violenta significativa de la franja extremista, incluso de militantes de extrema derecha con antecedentes en el Ejército. Un reservista y dos veteranos fueron arrestados en Las Vegas por planear acciones violentas contra una protesta del grupo Black Lives Matter, mientras que un sargento de la Fuerza Aérea en servicio activo se enfrascó en una serie de tiroteos y ataques durante ocho días en que fue asesinado un guardia de seguridad federal. En todo el país, los agentes fueron captados en vídeos o escáneres policiales durante las protestas de Black Lives Matter actuando para favorecer a las milicias blancas, a los justicieros y a las personas armadas en contra de los manifestantes.

Los problemas son más profundos que la existencia de actores individuales en departamentos y unidades locales. En el 2019, ProPublica reveló que en casi 10.000 patrullas fronterizas de EE. UU. los agentes, incluido el director de la agencia, eran miembros de un grupo de Facebook que compartía contenido y memes racistas, antimigrantes y misóginos. Otro informe encontró en grupos de Facebook racistas y extremistas cientos de policías en servicio activo y retirados, revelaciones que llevaron a más de 50 departamentos de policía locales a iniciar investigaciones, lo que resultó en al menos un caso en el que un oficial fue despedido por «violar las políticas del departamento».

Estos hallazgos destacan el racismo dentro de la aplicación de la ley, en un momento en que el público está considerando su prevalencia en las relaciones policiales con los estadounidenses negros. Las prácticas policiales reflejan un entorno en el que pueden florecer esas preocupantes actitudes. Sin embargo, sigue siendo difícil evaluar cuán sistémico es el problema, en gran parte porque el Gobierno estadounidense se ha negado a comprometerse con el tipo de investigaciones exhaustivas que se están llevando a cabo. La falta de datos disponibles para evaluar el alcance de la actividad de la extrema derecha en la aplicación de la ley y en las fuerzas armadas alimenta la percepción de que el problema se limita a unos pocos malos actores que deben ser erradicados, y esa noción perjudica tanto a los miembros de la policía y del Ejército que sí respetan la ley como a los grupos de ciudadanos que buscan una reforma real.

La evidencia anecdótica sugiere que el público estadounidense tiene motivos para alarmarse. Algunos agentes del orden son miembros activos de grupos de odio, como el Ku Klux Klan en Florida y la neo-Liga Confederada del Sur, en Alabama. The Oath Keepers, un grupo de milicias privado fundado en el 2009, afirma tener decenas de miles de miembros que son oficiales y exagentes de la ley y militares veteranos, que comprenden alrededor de dos tercios de sus miembros.

Vigilantes, extremistas y posibles terroristas se sienten atraídos por unirse a la policía y a las fuerzas armadas porque se ven a sí mismos como guerreros que pueden actuar heroicamente en defensa de sus comunidades. El joven cadete de policía de 17 años que presuntamente disparó y mató a dos personas en Kenosha (Wisconsin) en agosto, había viajado allí para apoyar a los agentes de la policía local durante las protestas del grupo Black Lives Matter. Un grupo de milicias locales en Kenosha había pedido que los «patriotas» vinieran a «tomar las armas y defender nuestra ciudad esta noche de los malvados matones».

La experiencia de ser soldado puede hacer que algunos veteranos sean susceptibles al reclutamiento de la extrema derecha. Los soldados están entrenados para deshumanizar a los enemigos y ver los conflictos en términos binarios, de «nosotros contra ellos», que tienen sentido en el campo de batalla pero dejan a los veteranos vulnerables a la propaganda extremista en el mundo civil. El exsoldado y supremacista blanco Timothy McVeigh fue responsable del peor ataque terrorista interno en la historia de EE.UU., que se cobró la vida de 168 personas en el atentado de Oklahoma City en 1995.

Por supuesto, la gran mayoría de los agentes del orden y los miembros de las Fuerzas Armadas no son extremistas. De hecho, la diligencia de la aplicación de la ley ha sido esencial para prevenir ataques violentos, como el reciente plan de secuestro contra el gobernador de Míchigan, Gretchen Whitmer. Pero aún debería preocupar que algunos oficiales de policía y algunos soldados, encargados de salvaguardar a la población, participen activamente en grupos radicales.

La presión por una respuesta más integral está creciendo. Dos audiencias del Congreso investigaron en el 2020 incidentes de supremacía blanca en el Ejército y la infiltración de supremacistas blancos en los departamentos de policía locales. Además, algunos miembros del Congreso están pidiendo más transparencia por parte de los líderes militares y policiales respecto a la política sobre la participación del personal en servicio activo en la «ideología y actividad extremista y supremacista blanca», o que se informe cada año de los incidentes supremacistas en los servicios uniformados y las agencias federales.

Estados Unidos tiene mucho que aprender del enfoque alemán para combatir el extremismo supremacista blanco. Las autoridades alemanas entienden el trabajo de seguridad como parte integral de la protección de la democracia y la defensa de la Constitución, cuyo primer artículo hace un llamamiento a «toda autoridad estatal» a respetar y proteger la dignidad humana. Desde 1956, el Ejército alemán ha tenido una unidad especializada encargada de contrarrestar el extremismo, realizar investigaciones y retirar a los soldados del servicio activo si se confirma que albergan opiniones extremistas. Su sitio web público muestra de forma destacada el número de casos sospechosos investigados cada año. Las agencias de policía locales tienen comisionados dedicados al extremismo y al antisemitismo.

Los esfuerzos similares en Estados Unidos son incipientes, incluida una nueva unidad en el Departamento de Policía de Nueva York para monitorear y prevenir la violencia extremista. Pero Estados Unidos carece de la recopilación de datos sobre el extremismo de extrema derecha a nivel nacional y dentro del Ejército y las fuerzas del orden que tiene Alemania.

El escrutinio del extremismo de derecha en el Ejército y en las fuerzas de aplicación de la ley tiene sus riesgos. Las investigaciones pueden llevar a los extremistas a la clandestinidad, donde operan de formas que son más difíciles de controlar. Pero no se puede dejar que las ideas y los grupos extremistas funcionen sin control dentro de las mismas organizaciones encargadas de proteger a la población, incluidos sus ciudadanos más vulnerables. Para el futuro de la democracia multicultural, el extremismo en el Ejército y la aplicación de la ley debe ser tratado como la amenaza a la seguridad nacional que es.

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