Calma chicha en Dover

La preparación de Gobiernos y transportistas permite un tráfico fluido en el estreno de las fronteras del «brexit»


Dover (Reino Unido) /Colpisa

Un camionero portugués con experiencia en el transporte de frutas españolas a Reino Unido decía que todos los años es igual. En el día de Año Nuevo no hay apenas tráfico cruzando el canal de la Mancha, porque muchos clientes cierran. La gran mayoría de los que hacen la travesía regresan a la Unión Europea sin carga.

Un funcionario de aduanas puntualizaba que este año parece haber menos tráfico que en los anteriores. Por eso, el paso de camiones por la aduana francesa en el puerto de Dover duraba menos de medio minuto en la noche del jueves y en la mañana del nuevo año. Muchos pasaban sin ser sometidos a controles, por declararse sin carga.

Entraban en vigor las nuevas reglas de importación y exportación entre la Unión Europea y Reino Unido. Unos militantes británicos de la causa comunitaria se habían colocado en un puente de la autopista que lleva a las terminales y saludaban a los transportistas, mientras sostenían dos pancartas optimistas: «Parad el golpe», «Parad el brexit». El sistema de registro electrónico de los documentos parecía, sin embargo, rodar con perfección en la aduana francesa y el Gobierno británico ya había adelantado que sus controles fronterizos tanto en Calais como en Dover serán livianos en las próximas semanas. El resultado era un flujo continuo de camiones y vehículos.

El número de fletes era notablemente más alto en las últimas horas de la frontera comunitaria. Las compañías de ferri y del Eurotúnel han reducido drásticamente el número de servicios, ajustándose a la demanda, que crecerá a partir del lunes. Y en la tarde del domingo se cancelaron algunos servicios por escasez de clientes.

El año nuevo en Dover era menos frío que la víspera, que tuvo temperaturas bajo cero. Había rayos de sol y la mar estaba en calma. La región costera está sometida al nivel 4 de restricciones como consecuencia de la rápida expansión de la nueva variante. Había muy poca gente en las calles y los medios locales no se ocupaban del brexit sino de la congestión en los hospitales.

La operación del Gobierno británico en las carreteras que desembocan en Dover o en la estación del Eurotúnel, en Folkestone, es meticulosa aunque aún incompleta. Se comprueban los nuevos documentos lejos de la región de Kent. Hay puntos diversos de asesoramiento o para el test requerido por las autoridades francesas.

La mayor preocupación es que los transportistas de empresas pequeñas no sepan que deben obtener electrónicamente un permiso para conducir en Kent. En la autopista hay controles y quien no lo tenga ha de regresar hasta el punto de asistencia aduanera más próximo para hacer el trámite por Internet y puede ser multado hasta 330 euros.

En el arcén de la autopista quedan bolsas de basura, dejadas por camioneros en el brutal atasco causado la pasada semana por la decisión del Gobierno francés de cerrar sus fronteras con el Reino Unido, tras el anuncio de una nueva variante de covid-19. Queda también el rencor de camioneros multados por mal aparcamiento.

Ira del jamón Pablo Fano, director de la oficina en Londres de SPRI, ente vasco de promoción del comercio y la inversión, cree que las empresas están bien preparadas para cumplir los requisitos aduaneros, en especial las que exportan a países que no están en la UE. Le han llegado pocas consultas y sobre cuestiones técnicas específicas, como la gestión del IVA.

Begoña Llamazares, de Sernauto, asociación de fabricantes de componentes de automóviles, también descarta grandes problemas fronterizos, porque el sector se apoya en empresas de logística acostumbradas a la gestión de diferentes trámites aduaneros.

Su preocupación es evitar, tras la buena noticia del acuerdo, la divergencia en normas y reglamentaciones técnicas y mantener la protección de las reglas de origen de los componentes. Reino Unido fue en 2019 el cuarto país europeo por destino de las exportaciones, 1.494 millones de euros.

Industrias como la de componentes de automóviles han abastecido a sus clientes en las semanas anteriores al cambio aduanero, pero la de productos frescos de la huerta levantina y andaluza mantendrán su actividad en el canal, que se estimaba este domingo menor de un 10 % de lo habitual.

El camionero portugués que trabaja para una gran empresa española esperaba en un aparcamiento a cruzar a Calais para recoger un remolque cargado de fresas y dejar allí el suyo, vacío. Se quejaba de que tienen que pagar 30 euros o más por aparcar en estos recintos en Inglaterra cuando en Francia son gratuitos.

Decía que en Calais hay más baños que en Dover, pero los controles son más largos para detectar emigrantes. La semana pasada cortaron un agujero en el techo de su remolque, aunque no pudieron entrar. Lamentaba que en el Eurotúnel les trasladen al compartimento de conductores, tras cargar el camión, en unos minibuses donde no pueden mantener distancia física.

En Facebook los camioneros están compartiendo una ira que quizás estalle. La reglamentación comunitaria y el texto de las nuevas reglas prohíben introducir en la UE alimentos de contenido animal. ¿Se refieren solo a los adquiridos en el Reino Unido o también al queso y al jamón con el que salen de casa y llevan en el frigorífico de la cabina? 

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