Diez años de la Primavera Árabe: Túnez desencantada por la falta de avances

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El dictador Ben Alí, durante su visita a Bouazizi , el manifestante que se prendió fuego provocó su caida
El dictador Ben Alí, durante su visita a Bouazizi , el manifestante que se prendió fuego provocó su caida TUNISIAN PRESIDENCY | Reuters

La inmolación de un joven vendedor provocó una revoluciób que hizo caer dictadores, pero que también desencadenó guerras y provocó una ola contrarrevolucionaria

17 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La inmolación del joven Mohamed Bouazizi, tras confiscar la policía su puesto de frutas y verduras con el que se ganaba la vida pese a su diplomatura en informática, el 17 de diciembre del 2010 en la ciudad tunecina de Sidi Bouzi fue el catalizador de unas protestas que se extendieron por el norte de África hasta Oriente Medio dando lugar a la Primavera Árabe. Una década más tarde la rebelión popular se ha saldado con la caída de varios regímenes autoritarios, pero también desencadenó varias guerras y una oleada contrarrevolucionaria que ha impedido la materialización de las principales demandas de los manifestantes.

Las protestas aumentaron su intensidad en enero del 2011 tras la muerte de Buazizi y derivaron en la huida del país del presidente, Zine el Abidine Ben Alí, en el poder desde 1987 y quien el 14 de enero puso rumbo a Arabia Saudí, una dimisión que envalentonó a los manifestantes en la región, que exigían una mayor democratización y avances a nivel de derechos.

La salida del poder de Ben Alí rompió la imagen de inmovilidad de los Gobiernos y dio esperanzas de cambio a la población, que salió en masa a las calles para exigir la dimisión de sus líderes o al menos cambios que derivaran en una mejora de su calidad de vida, gracias a la mayor facilidad para organizar las manifestaciones a través de las redes sociales.

Esta sensación se vio reforzada por la dimisión en febrero del presidente de Egipto, Hosni Mubarak, tras una represión que dejó cerca de 800 muertos, si bien puso en alerta a los gobernantes regionales, que recurrieron a una mayor violencia para reprimir las manifestaciones. Esto provocó que países como Siria y Libia se vieran sumidos en sendas guerras que, en el caso del segundo, derivaron en una implicación internacional directa que se saldó con la captura y ejecución de Moamar Gadafi, en octubre del 2011.

El caso de Siria fue aún más complejo debido a los numerosos intereses internacionales, que provocaron que la guerra derivada de la represión de las fuerzas de Bachar al Asad se convirtiera en un conflicto internacionalizado que sigue activo y que ha dejado cientos de miles de muertos y millones de refugiados y desplazados.

Asimismo, decenas de miles de yemeníes salieron a protestar contra el desempleo y exigir la dimisión del presidente, Alí Abdulá Salé, que cedió el poder en el 2012 a su vicepresidente, Abdo Rabbu Mansur Hadi, quien no logró satisfacer las demandas e hizo frente a un refuerzo del poderío de los hutíes, unas tensiones que en el 2014 sumirían al país en una guerra civil con tintes regionales.

Baréin fue otro de los países en los que las protestas tuvieron especial importancia, encabezadas por chiíes que denunciaban discriminación a manos de la gobernante dinastía suní -unas protestas apoyadas por sectores de la comunidad suní-, si bien las autoridades las aplastaron con apoyo de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

La Primavera Árabe tuvo ecos en Marruecos, Argelia, Mauritania, Kuwait, Omán, Irán o Arabia Saudí, pero en estos casos las autoridades pudieron capear con reformas cosméticas y promesas de una mejora de la calidad de vida y una mayor lucha contra la corrupción.