La inminencia del «brexit» sume en el caos los puertos de Dover y Calais

Los planes de contingencia de las empresas causan enormes colas a ambas orillas


Londres / E. La Voz

Aparcamientos de camiones. En eso se han convertido en los últimos días las autopistas que conducen a los puertos de Dover (Reino Unido) y Calais (Francia). ¿La razón? Los preparativos para el brexit, en especial para uno sin acuerdo. Desde el pasado fin de semana en la carretera A20, que conduce a Dover desde Londres, se han registrado kilométricas filas de vehículos de carga, que intentan llegar al Eurotúnel o a alguno de las decenas de ferris que todos los días cruzan el canal de La Mancha hacia la Unión Europea y viceversa.

La situación forzó a las autoridades británicas a poner en marcha parte de los dispositivos de la Operación Brock, un plan con el que esperan enfrentar los esperados atascos que producirán los nuevos controles aduaneros que se implementarán desde el 1 de enero, cuando el Reino Unido deje definitivamente el mercado único y la unión aduanera. En los últimos días Highways England (Autopistas de Inglaterra) ha probado las barreras móviles que fueron instaladas en la M20, otra autopista que lleva al puerto, y que permitirán transformarla en una vía de un solo sentido durante la noche.

Solo por Dover transitan diariamente unos 10.000 camiones. Meses atrás se filtró un informe del Gobierno, en el que admitía que unos 7.000 de ellos quedarán atrapados durante días en las autopistas que llevan a Dover, debido al fin de la libre circulación de mercancías, una situación que tardará seis meses en normalizarse.

Las retenciones tienen varios motivos: las compras navideñas, que este año se han visto trastocadas por la pandemia; las vacunas contra el covid-19; los pedidos extraordinarios que las empresas británicas están haciendo para aumentar sus inventarios y evitar que sus operaciones se vean interrumpidas por los nuevos controles; y, por último, que las navieras tienen menos frecuencias por la caída del turismo.

En Francia la situación no es mucho mejor. En el puerto de Calais en los últimos días se han registrado atascos kilométricos de entre cinco y seis horas, según recoge la agencia Efe.

Impacto en la industria

Los retrasos ya están teniendo repercusiones en el Reino Unido. Así la japonesa Honda y la británica Jaguar anunciaron recientemente que paralizarían las operaciones de sus plantas de coches en el país debido a la escasez de componentes y el viernes pasado la sueca Ikea admitió que estaba «afrontando desafíos operativos», ya que muchos de sus productos permanecían bloqueados en los puertos.

Pese a que las autoridades británicas aseguran que han tomado las medidas para minimizar el impacto del brexit, en el Parlamento no comparten esa visión. La semana pasada un comité de la Cámara de los Lores envió una carta al ministro de Gabinete, Michael Gove, responsable de los preparativos para el divorcio, en la que le aseguraban que no creen que «todos los arreglos tecnológicos y físicos estarán listos a tiempo para evitar o mitigar las interrupciones».

Barnier ve ahora posible el pacto al ceder Londres en competencia

Tras los malos augurios de los últimos días y pese a seguir con los preparativos para un brexit abrupto, la UE ahora cree que hay «una pequeña» posibilidad de llegar a un acuerdo con el Reino Unido y así evitar este temido escenario de consecuencias imprevisibles. Así se lo hizo saber el jefe negociador comunitario, Michel Barnier, a los embajadores de los Veintisiete y a miembros del Parlamento Europeo, ante los que rindió cuentas ayer.

¿Qué ha pasado en las últimas horas para que resurja el optimismo?: la decisión de Londres de aceptar que se tomen medidas para asegurar la competencia leal entre las empresas británicas y las del bloque. «Por primera vez», dijo el diplomático galo, Londres ha «aceptado un mecanismo de medidas unilaterales» en caso de que diferencias legales en materia medioambiental, sanitaria o laboral produzcan «distorsiones en el comercio y la inversión». Aranceles y cuotas serían algunas de esas «medidas unilaterales» que se aplicarían.

No obstante, en la pesca, el otro gran escollo para el pacto, parece haberse retrocedido. Barnier informó de que además de mantener su postura de revisar las cuotas de capturas anualmente, Londres había propuesto que solo barcos en los que ondeara la Union Jack podrían faenar en sus aguas y luego agregó que además la propiedad de estos debería ser mayoritariamente británica.

Las conversaciones seguirán con tres escenarios posibles: que se logre un acuerdo esta semana y que pueda ser ratificado por los Parlamentos de Westminster y Estrasburgo antes de Nochevieja; que las negociaciones se extiendan hasta final de año y que un eventual pacto no se pueda aprobar, por lo que entraría en vigor sin el visto bueno legislativo; y, el último, que no se llegue finalmente a un acuerdo.

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