Venezuela, el país donde el salario mínimo solo da para 5 docenas de huevos

Las elecciones no ayudarán a resolver el problema del hambre, dice Cáritas

Un hombre manipula billetes de 50.000, 20.000 y 10.000 bolívares
Un hombre manipula billetes de 50.000, 20.000 y 10.000 bolívares

Caracas / Correponsal

«¡Por favor, regálenme algo de comida! ¡Puede ser harina, un poquito de arroz, algo que hayan cocinado! ¡Un poquito de comida, por favor!». En las silenciosas calles de San Bernardino, al norte de Caracas, como en todo el país, gritos similares a este retumban varias veces al día. Algunas personas donan alimentos, pero otras no tienen qué dar.

Es Venezuela, el país donde el salario mínimo no alcanza los dos dólares mensuales (1,64 euros), y en el que un tercio de la población está pasando hambre, según cifras de Cáritas. Números que confirma la FAO, que esta misma semana volvió a advertir que la situación en el país sudamericano es la que más agrava los indicadores regionales de inseguridad alimentaria: de los 45 millones de personas en riesgo de pasar hambre en América Latina y el Caribe (7,4 % de la población de la región), 9 millones son venezolanos.

No van a ser, por cierto, las elecciones del domingo las que den un alivio a la crisis de un país donde el precio de un cartón de 30 huevos es cuatro veces el ingreso mensual de un pensionista del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales: 4 millones de bolívares vale el paquete frente a salarios y pensiones de 1 millón de bolívares, es decir, un dólar (0,82 euros). Es decir, cinco docenas valen dos dólares.

La Iglesia católica, que maneja Cáritas, señaló este miércoles que los comicios, «lejos de contribuir a la solución democrática de la situación política que hoy vivimos, tienden a agravarla y no ayudara?n a resolver los verdaderos problemas del pueblo». Estudios realizados por Cáritas en cinco estados de Venezuela muestran que un 14 % de los niños padecen insuficiencia alimentaria crónica y severa, en los límites estadísticos para calificar la situación de un país en hambruna.

«A punto de explotar»

Después de tres años padeciendo una hiperinflación que ha licuado los salarios, no queda duda de que Venezuela «es un país a punto de explotar», según un diplomático europeo que ruega el anonimato. La situación social, opina, no cambiará por las elecciones parlamentarias que se celebran este domingo y que, se estima, tendrán altísimos niveles de abstención, ante la falta de opciones frente al régimen de Maduro, que tiene un 92 % de rechazo y que cada vez distribuye las llamadas «cajas clap», que contienen arroz, granos y algunos enlatados, menos regularmente.

Sin embargo, la reciente dolarización forzada de la economía, como consecuencia de la pérdida de valor del bolívar, ha significado un alivio relativo, cosa que reconoció el propio Maduro este jueves, en el cierre de su campaña electoral, y llamó a promover y permitir el uso de dólares, en especial procedentes de las remesas de los más de 5 millones de venezolanos que han abandonado el país desde el 2015, fecha en la que la oposición ganó las elecciones parlamentarias, lo que terminó por convertir a la «revolución bolivariana» en un régimen autoritario. Aunque Maduro suele dar pequeños «bonos» para complementar el magro salario de los funcionarios, cada uno viene con su correspondiente golpe hiperinflacionario. Esta semana, tras pagar los «aguinaldos» (bonificaciones) al sector público, el bolívar perdió un 60 % de su valor anterior.

En el sector privado, en tanto, se ha establecido una suerte de salario mínimo no oficial de alrededor de 30 dólares (24,6 euros) mensuales; esto es, todavía, la mitad de lo que la ONU fija como ingreso mínimo de subsistencia, de 2 dólares (1,64 euros) diarios.

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