Francia amenaza con vetar «un mal acuerdo» sobre la relación «posbrexit»

Londres advierte que las negociaciones con la UE están en un «punto crítico»

Los negociadores europeos, liderados por Barnier, se dirigen a una nueva reunión en Londres
Los negociadores europeos, liderados por Barnier, se dirigen a una nueva reunión en Londres

Londres / E. La Voz

A medida que pasa el tiempo y se acerca la Nochevieja la tensión en ambas orillas del canal de la Mancha a cuenta del brexit aumenta. Así, tras unas horas de calma y aparente acercamiento, el viernes se desató una nueva tormenta, después de que Francia amenazara con vetar el posible pacto al que lleguen el Reino Unido y la Unión Europea (UE) si lo considera «malo» para sus intereses. El Gobierno británico, por supuesto, no se quedó callado y advirtió que las negociaciones para definir su relación futura con los Veintisiete están «en un punto muy difícil».

«Si el acuerdo no es bueno para nuestros intereses nos opondremos», aseguró el ministro galo de Asuntos Europeos, Clément Beaune, a los medios de su país, a los que recordó que «Francia, como los otros socios [de la UE], tiene poder de vetar» decisiones que el bloque pretenda adoptar.

Beaune también dejó claro que París no cederá en sus posiciones respecto al espinoso tema de la pesca. «Espero que logremos un acuerdo, pero también quiero decirle a nuestros pescadores, productores y ciudadanos que no aceptaremos un mal acuerdo», matizó.

Las declaraciones del ministro francés, muy cercano al presidente Emmanuel Macron, son las segundas que hace en una semana sobre las conversaciones que mantienen el Reino Unido y la Unión Europea. En las primeras, pidió a su compatriota, el jefe negociador comunitario, Michel Barnier, no dejarse «intimidar» por los británicos.

La respuesta de Londres no se hizo esperar. «Las negociaciones están en un punto muy difícil», replicó el portavoz del número 10 de Downing Street, quien agregó: «No podremos llegar a un acuerdo que no represente los principios fundamentales de soberanía y retomar el control. Esto incluye controlar nuestras fronteras, levantar un sólido sistema de subsidios y controlar nuestras aguas».

¿Nuevas peticiones?

En la tarde del miércoles las posturas parecían estarse acercando después de que Londres flexibilizara su postura en relación a la pesca y ya no pidiera a Bruselas el 80 % de lo capturado por la flota comunitaria en sus aguas, sino el 60 %. No obstante, menos de 24 horas después las diferencias se ahondaron por las «nuevas demandas» que, según los británicos, presentó Bruselas. Aunque desde el Gobierno de Boris Johnson no precisaron cuáles eran esas nuevas peticiones, sí aseguraron que fueron impuestas por Francia. Algo que el bando comunitario negó.

Pero más allá de los señalamientos y las especulaciones, lo que parece claro es que la pesca sigue siendo el gran obstáculo a vencer. El sector solo representa el 0,1 % del producto interior bruto (PIB) del Reino Unido, pero fue una de las grandes banderas de los partidarios del brexit. Por su parte, para Francia seguir teniendo acceso a las aguas británicas es clave, porque en ellas sus pescadores obtienen el 80 % del bacalao, según Londres.

El Reino Unido saca pecho por ser el primero en vacunar

Hay asuntos que no deberían mezclarse con la política y uno de ellos es la salud. Así lo está descubriendo el Gobierno británico, el cual está inmerso en una nueva tormenta después de que en los últimos días dos ministros atribuyesen al brexit y a que el Reino Unido «tiene los mejores científicos del mundo» el hecho de que será el primer país en emplear la vacuna contra el covid-19 desarrollada por Pfizer y BioNtech.

«Tenemos los mejores reguladores médicos, mucho mejores que los franceses, mucho mejores que los belgas, mucho mejores que los estadounidenses […] somos un país mucho mejor que todos», afirmó el jueves el ministro de Educación, Gavin Williamson, en una entrevista.

Un día antes, el ministro de Sanidad, Matt Hancock, atribuyó al brexit la velocidad con la que se aprobó la vacuna: «Hasta principios de este año estábamos en la Agencia Europea de Medicamentos, debido al brexit hemos podido tomar la decisión de hacerlo basándonos en el regulador del Reino Unido, un regulador de clase mundial, y no ir a el ritmo de los europeos, que avanzan un poco más lentamente».

Enorme polvareda

Sus palabras levantaron una enorme polvareda. «Estoy decepcionado de ver a algunos tratando de sacar rédito político sobre las noticias de la vacuna», replicó el conservador Michael Forsyth, quien fue ministro para Escocia. Este viernes en la prensa londinense algunos articulistas incluso han tildado de «estupideces» y «cosas de niños» las expresiones de los ministros.

Pero las reacciones no se han limitado al Reino Unido. «Eso no es un partido de fútbol, estamos hablando de la salud de las personas», replicó el portavoz comunitario, Eric Mamer. El embajador alemán en Londres, Andreas Michaelis, rechazó que un país se pueda apropiar el éxito del tratamiento y afirmó que el mismo fue resultado de un esfuerzo «europeo y trasatlántico».

Por su parte, desde Estados Unidos han asegurado que los británicos no siguieron todos los estándares en la materia y por eso pudieron dar luz verde al tratamiento tan rápido.

Hancock y Williamson parecen haber olvidado que Pfizer es una empresa estadounidense, pero que la vacuna fue desarrollada por la germana BioNtech y que se elabora en Bélgica. Sin embargo, la que no entró en el juego nacionalista fue la agencia británica de medicamentos (MHRA, por sus siglas en inglés), que afirmó que al aprobar la vacuna aplicó la normativa comunitaria cabalmente.

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