La abstención laborista salva a Boris Johnson de una rebelión «tory»

La negativa de 56 diputados conservadores a aprobar las restricciones muestra la pérdida de control en el Gobierno sobre el discurso de la pandemia

Unos 56 diputados conservadores se rebelaron contra el Ejecutivo el martes en los Comunes
Unos 56 diputados conservadores se rebelaron contra el Ejecutivo el martes en los Comunes

Londres / Colpisa

¿Son los scotch eggs un aperitivo o una comida sustancial, como la que deben servir, según dicen las nuevas regulaciones sobre la apertura o cierre de los pubs, quienes quieran ofrecer a sus clientes una cerveza? Esos huevos rebozados con masa de picadillo de carne, miga y especias pueden ser, dependiendo de la cocina, delicados o sustanciales como el cemento, pero los ministros del Gobierno británico divergen.

No hay quizás prueba más clara de la pérdida de control del discurso público sobre la pandemia por el Gabinete de Boris Johnson que sus ministros tengan que responder a preguntas sobre cómo encajan esos huevos en las nuevas restricciones y que, inevitablemente, se contradigan entre ellos o cambien de opinión mientras argumentan cualquiera de las opciones.

En la revista digital The Conservative Woman (La mujer conservadora), tradicionalista y religiosa, el artículo de portada reza: «Este Gobierno demente y destructivo ha de ser despedido». En la entrevista de la semana, una de sus editoras cuestiona al periodista Peter Hitchens, que se opuso al confinamiento de primavera y desde entonces critica la respuesta «desproporcionada» del Ejecutivo de Londres al problema.

La obra de su fallecido hermano, Christopher, es más conocida, pero ambos fueron en un tiempo juvenil militantes en la extrema izquierda. Hitchens se pregunta en la entrevista con las mujeres conservadoras, cuyo credo ahora comparte, si «tienes que ser realmente un exbolchevique como yo, formado en la duda sobre la versión oficial, para resistir el conformismo del pánico».

Laborismo ausente

Uno tras otro, los diputados conservadores que intervenían en el debate parlamentario sobre las nuevas regulaciones -que sustituyen el confinamiento general en Inglaterra por un sistema con niveles regionales de restricciones según porcentajes de infección- se declaraban libertarios, horrorizados por tener que apoyar o debatir una y otra vez normas tan extraordinarias, impuestas por un Gobierno tory.

El exministro David Davies argumentó que Johnson recurre a instrumentos bastos porque el sistema de test no se ha afinado para la identificación rápida de brotes locales. Otros diputados exponían cifras para demostrar que su región no merece estar en el nivel asignado. Uno de Cornualles se felicitaba por los pocos casos en su región y sugería restricciones a los viajes desde otras. El Gobierno reconoce que no puede medir el impacto específico de cada restricción. Se le critica al Gobierno en el Parlamento y desde equipos de investigación por la falta de calidad de los datos, que en su estado elemental dicen que descienden los contagios en todo el país, salvo en Londres y el sudeste, también las hospitalizaciones y muertes. Johnson ha perdido la autoridad, pero la victoria (291-78) estaba asegurada, porque los laboristas optaron por abstenerse. Y se ausentaron en masa del Parlamento, porque su posición era quizás insostenible.

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