Un día con Nicolasito, el hijo de Maduro que quiere ser diputado

Ron González LA GUAIRA (VENEZUELA) / EFE

INTERNACIONAL

Miguel Gutiérrez | EFE

Aspira a un escaño en las elecciones parlamentarias que se celebrarán el domingo en Venezuela y que no reconocen ni la OEA ni la ONU

30 nov 2020 . Actualizado a las 19:41 h.

Cientos de personas desafían la cuarentena y se agolpan en una angosta calle del centro de La Guaira, un estado costero cercano a Caracas por el que Nicolasito, el hijo del presidente venezolano, Nicolás Maduro, quiere ser elegido diputado en los comicios del 6 de diciembre.

Al final de la calle, entre empujones y el sofocante calor de la tarde del domingo, estos simpatizantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), una agrupación que fundó el fallecido presidente Hugo Chávez (1999-2013) en el 2007 para aglutinar a las fuerzas de izquierda, y en el que milita Nicolasito, escuchan al joven lanzar encendidas promesas.

Promesas de impulsar, desde el Parlamento, una ley para convertir a esta región, que alberga a uno de los puertos más importantes del país y a varios de los balnearios favoritos de los caraqueños, en un polo de desarrollo económico.

Pero también le escuchan poner freno al aparente éxtasis de los presentes, que lo ven como el mejor intermediario entre ellos y las obras públicas que podría aprobar el Gobierno de su padre para esta región que no escapa al rigor de la crisis venezolana.

«Yo no les voy a decir que el 7 de diciembre -solo 24 horas después de la elección- vamos a sacar una varita mágica y vamos a resolver los problemas de Venezuela», señala, antes de matizar que el chavismo tiene «un plan» para sacar al país del atolladero económico en el que entró hace más de un lustro.

«En el nombre del Gobierno»

En la atípica campaña para renovar el Parlamento de Venezuela, el único órgano que controla la oposición -aunque el Supremo lo declaró en desacato en el 2016 y sus decisiones no son atendidas por el Ejecutivo-, las caminatas y concentraciones no son frecuentes.

Pero el domingo, Nicolasito, o Nicolás Maduro Guerra, como casi nadie le llama, no solo ofrece discursos frente a seguidores, sino que también visita barrios pobres y asiste a misa.

En Ciudad Chávez, una comunidad en la que casi 4.000 familias luchan para llegar a fin de mes en medio de la acuciante crisis económica que atraviesa la nación caribeña, incluso pone, «en el nombre del Gobierno» -pese a que no es funcionario público- la primera piedra de un monumento en honor a José Gregorio Hernández, próximo beato de la Iglesia católica.