Jonathan Pollard, héroe para Israel, villano en EE.UU.

mikel ayestaran JERUSALÉN / COLPISA

INTERNACIONAL

BRENDAN MCDERMID | reuters

El espía más prolífico de la historia israelí, nacido en Texas y condenado a cadena perpetua hace 35 años, queda libre para volver a Oriente Medio

25 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Treinta y cinco años después de su detención en EE.UU., el espía Jonathan Pollard es libre para volar a Israel. Si el reconocimiento de Jerusalén como su capital, el de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán o la salida del acuerdo nuclear con Irán no fueran suficiente muestra del compromiso de Donald Trump con el Estado judío, el presidente se despide con el levantamiento de las restricciones de movimientos a Pollard.

«El primer ministro espera ver pronto a Jonathan Pollard en Israel y, junto con todos los israelíes, les extiende sus mejores deseos a él y a su esposa Esther», dijo en un comunicado la oficina de Benjamín Netanyahu al conocer la noticia. Su abogado, Eliot Lauer, dijo que su cliente está «extasiado» y decidido a volar a Oriente Medio.

El tratamiento de cáncer que recibe Esther es el motivo que frena la llegada del que está considerado como el espía más prolífico de la historia de Israel, que compartió miles de documentos clasificados estadounidenses con el Estado judío en la década de los ochenta hasta que fue detenido y juzgado. Será recordado como «el único estadounidense condenado a cadena perpetua por espiar en nombre de un aliado», precisó The New York Times.

Pollard, de 66 años, nació en el seno de una familia judía sionista en Texas. Desde muy joven viajó a Israel para participar en campos de verano y siempre mostró interés en enrolarse en el Mosad, según desveló el periodista Yossi Melman en el extenso perfil que le dedicó en el diario Haaretz tras su puesta en libertad, el pasado fin de semana. Al finalizar sus estudios intentó entrar en la CIA, pero no superó la prueba del polígrafo. «De forma sorprendente, debido a la falta de coordinación entre agencias, le contrataron como analista de la Armada y allí empezó a vender secretos a Israel a cambio de miles dólares», apunta Melman. Durante ocho años, Jonathan y su primera esposa, Anne, trabajaron como un equipo y pasaron información a Israel sobre el programa de armas químicas de Siria, el programa nuclear iraquí, el envío de armas de la antigua URSS a Oriente Medio o los movimientos de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Túnez. Sacaban documentos originales que luego devolvían a los ficheros hasta que en 1985 comenzaron las sospechas de sus superiores. Le instalaron una cámara de vigilancia en su escritorio y descubrieron lo que sucedía. Según se desveló más tarde, además de a Israel, también vendieron información a Sudáfrica o Pakistán.

«Una puñalada por la espalda»

El matrimonio intentó refugiarse en la Embajada de Israel en Washington, pero no les permitieron la entrada y fueron detenidos poco después por el FBI. Su arresto marcó uno de los momentos más bajos de la relación entre Israel y Estados Unidos. El entonces presidente Ronald Reagan, que siempre demostró su lealtad al Estado judío, lo calificó de «puñalada por la espalda». Pollard pasó 30 años en una prisión federal en Carolina del Norte y desde el 2015 estaba en libertad condicional bajo severas restricciones de movimiento que no le permitían salir de Nueva York.

Hasta la llegada de la Administración Trump, su traslado a Israel era una línea roja debido a la gravedad del delito cometido. Su primera esposa fue condenada a cinco años, pero, tras cumplir la mitad de la pena, fue liberada y se trasladó a Israel. Poco después se divorciaron. Estando en prisión conoció a Esther, con quien contrajo matrimonio y que ha pasado los últimos años liderando la campaña a favor de su liberación.

El matrimonio se encuentra en EE.UU. y en cuanto Esther termine el tratamiento de su enfermedad esperan volar juntos a Tel Aviv. Así se pondrá punto y final a uno de los desencuentros más graves entre estos dos países aliados.