La victoria de Biden plantea un dilema para los líderes que apostaron por Trump

Los populistas de todo el mundo tendrán que reorganizar su relación con Biden


Los Angeles Times

Algunos líderes mundiales que celebraron a viva voz cuando Donald Trump ganó las elecciones hace cuatro años permanecen ahora en silencio o piensan aparentemente en voz alta sobre cómo manejar una relación con el presidente electo, Joe Biden.

Los aliados más tradicionales de EE.UU., en su mayoría democracias avanzadas, felicitaron rápidamente a Biden cuando las proyecciones posteriores a las elecciones lo colocaron a la cabeza para obtener la victoria, tal como lo habían hecho en el 2016, cuando se pronosticaba que Trump sería el ganador.

Pero algunos líderes -el presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un; el de Rusia, Vladimir Putin, o el de Brasil, Jair Bolsonaro, por nombrar algunos- se quedaron rezagados, sin reconocer la victoria de Biden. Otros, como el filipino Rodrigo Duterte, quien alguna vez lanzó insultos contra el exjefe de Biden, Barack Obama, se abstuvieron de emitir cualquier mensaje personal, pero permitieron a sus gobiernos realizar declaraciones formales refiriéndose a la importancia de los lazos bilaterales históricos.

Muchos de los que ahora se niegan a felicitar a Biden, o se han demorado en hacerlo, son autócratas, o al menos de tendencia nacionalista-populista. Tienden además a compartir rasgos comunes: desconfianza en la ciencia, una inclinación por demonizar a los inmigrantes, la costumbre de usar el aparato del Estado para castigar a enemigos políticos y consolidar su propio poder.

Mientras Trump y sus aliados domésticos continúan presentando denuncias infundadas de fraude electoral, hay evidencias de que esta muestra de intransigencia podría envalentonar a las fuerzas antidemocráticas en otras partes del mundo, como alertó el senador republicano por Utah, Mitt Romney, uno de los pocos miembros de alto rango de su partido que felicitó a Biden. 

El caso ruso

Uno de los ejemplos más curiosos es el de Rusia. Vladimir Putin aún guarda silencio. Cuando Trump ganó las elecciones en el 2016, fue uno de los primeros en felicitarlo. Tratado con deferencia por Trump durante su mandato, Putin no respaldó abiertamente al titular de EE.UU., pero sí ha criticado abiertamente a Biden. Rusia niega rotundamente haber interferido en los comicios de este año o en los del 2016, a pesar de que las pruebas de la inteligencia estadounidense. En tanto, una prominente figura rusa que sí se ha manifestado es el disidente Alexei Navalni, quien permanece en Alemania recuperándose de su envenenamiento con un agente nervioso en agosto. En Twitter, Navalni felicitó a Biden y a Kamala Harris, por ganar unas elecciones libres y justas, «un privilegio que no está disponible para todos los países». 

Desde Turquía

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan felicitó a Biden el pasado martes, un día después de que un alto funcionario turco comunicara que Turquía, aliado de la OTAN, esperaría hasta que los desafíos legales se resolvieran.

Durante los últimos cuatro años, Erdogan y Trump se enfrentaron por cuestiones que incluyen la política siria y la compra de misiles rusos avanzados por parte de Turquía. Pero Trump también expresó su reiterada admiración por el estilo autocrático del turco y lo calificó de «gran líder».

Biden, quien ha considerado a Erdogan como un autócrata, ha señalado que las preocupaciones sobre los abusos de los derechos humanos y las prácticas antidemocráticas de Turquía volverán a pasar a primer plano en su mandato. Pero algunos analistas predicen una relación diplomática más convencional, probablemente poco marcada por movimientos impulsivos, como el abrupto abandono de Trump, a instancias de Erdogan, de las fuerzas kurdas que eran aliados clave de EE.UU. en Siria.

Arabia Saudí, Israel y Hungría, a la expectativa 

Durante casi dos años, Trump se ha negado a aceptar la conclusión de la inteligencia estadounidense de que el príncipe heredero, Mohammed bin Salman, el líder de facto del reino rico en petróleo, probablemente sea culpable del asesinato del periodista estadounidense Jamal Khashoggi, en el 2018. El reino saudí fue el primer destino extranjero de Trump, que ha respaldado la guerra liderada por Arabia Saudí en Yemen y mantuvo silencio sobre las informaciones de abusos, , a disidentes encarcelados.

El reino puede esperar relaciones probablemente más frías con Biden, quien ha prometido frenar las lucrativas ventas de armas. 

Israel pierde un sólido apoyo

En sus recientes elecciones, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, tenía imágenes gigantes de él y del amigo al que llamaba Donald en vallas publicitarias en Jerusalén y Tel Aviv. Trump colmó a Netanyahu de favores políticos, incluido el movimiento de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén, el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán y un plan de paz fuertemente sesgado contra los palestinos. Netanyahu se distanció de Trump en las últimas semanas. En una llamada telefónica a la Casa Blanca el mes pasado, ante la cámara, Trump trató de implicar a Netanyahu en una broma sobre Sleepy Joe, su mote despectivo para Biden. Tras una incómoda pausa, Netanyahu reiteró su gratitud a «cualquiera en Estados Unidos» que ofreciera apoyo a Israel. Aunque el israelí ha promocionado lo que él llama décadas de cordial amistad con Biden, hizo todo lo posible por denigrar a Obama por el acuerdo nuclear de Irán y es poco probable que Biden lo olvide. 

Orbán

El primer ministro, Víktor Orbán, no fue recibido nunca en la Casa Blanca de Obama, pero fue celebrado en la de Trump.

El líder húngaro, que fue el único jefe de Gobierno de la Unión Europea en respaldar la campaña de Trump en el 2016, declaró este año que la reelección del presidente de EE.UU. era su plan A. Mientras que Hungría está bajo fuertes críticas por la represión de Orbán contra la prensa y un poder judicial nada independiente, Trump lo describió como un líder «respetado» y elogió su trabajo.

© 2020 Los Angeles Times. Distribuido por Tribune Content. Traducción, Lorena Maya

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